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Full text of "Apuntes para la historia del Golpe de Estado del 14 de Marzo de 1892 en Venezuela"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIET1ES 



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J. L 



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* L.CÍ 





APUNTES PARA LA HISTORIA 



ZDSSXji 



GOLPE DE ESTADO DEL 14 DE MARZO 
«4DE 1892 EN VENEZUELA^ 




MARACAIBO 



Imprenta Guttemberg, de vapor. -Alvarado y Ca. 

1893 



í±*.**.m.*.*.m*.m + *.*.m±±*.A.m*.m±±*.mm.*-*-±t-*-4, 



p FúBiíige 

Vr ÜBLICO estos ''Apuntes," orde- 
--w/ nados y completos, porque la par- 
te de ellos publicada hasta ahora en las 
columnas de "El Sociologista," ha des- 
pertado cierto interés; y, además, porque 
lo creo útil. Comprenden desde el 1 2 de 
Marzo de 1892, ante— víspera de la Usur- 
pación, hasta el 1 7 de Junio, del mismo año, 
día en que el Usurpador abandonó el 
país. 

Son páginas sueltas de la historia de 
un gran crimen. 

También lo son de una gran revolución. 
Iniciada en la Cámara de Diputados, 
durante las sesiones ordinarias del Con- 
greso de 1891, por un pequeño grupo de 
jóvenes, entre los cuales tengo el honor de 
figurar, se extiende luego al Senado, á la 



IV 



prensa, y á todo el país, para ser hoy el 
acontecimiento político-social mas impor- 
tante que registra la historia de Vene- 
zuela después de la Independencia. 

Si hubiera triunfado el crimen habría 
muerto la República. 

Aquél fué vencido en su oportunidad. 

¡ Quiera Dios que ahora viva ésta! 

El historiador que los reúna, los am- 
plifique y corrija, habrá enseñado mucho 
al pueblo de Venezuela; más aún á sus 
futuros Magistrados. 

También tienen estos "Apuntes" su his- 
toria propia. 

Arrojados al mar una noche en que 
perseguido se desencadenó contra mí el 
furor combinado de los hombres y de los 
elementos, fueron recojidos á la mañana 
siguiente flotantes sobre las olas, por el 
mismo que decretara mi muerte sin po- 
derlo lograr, enviados al Usurpador, y 
leídos por él cuando yo me encontraba 
ya en su poder, olvidado en el fondo de 
una prisión. 

En nada empeoró esta circunstancia 
jni condición de preso 

Los tiranos suelen ser generosos. 



Triunfante ya la revolución, y yo li- 
bre, volvieron á mis manos. 

Mi gratitud, hacia quien me los de- 
volvió. 

Ni una sola hoja les faltaba. 

Les agregué algunas más, relativas 
á la noche de Tucacas, al Castillo Li- 
bertador y á la Rotunda. 

En este estado los doi al público. 




vVvVvWV. 



Iifeiíipcra del Golpe líe Estado 



i 

1 2 de Marzo. 

P/L 12 de Marzo de 1892, á eso de las 
once de la noche, dormía yo tranquilamen- 
te en el cuarto que á la sazón ocupaba en 
uno de los principales hoteles de Caracas, 
cuando fui súbitamente despertado por 
el ruido que hacía -alguien llamando con 
precipitación á mi puerta. 

Me levanté y abrí en seguida. 

— Quién és? 

— ¿Qué ocurre,? pregunté al nocturno 
visitante. 

— Soy yo, respondió una voz en la 
oscuridad del pasadizo, que daba acceso á 
la puerta, voz que al pronto conocí por ser 
la del General ***, persona muy agrada- 
ble, por cierto, y caballerosa, como va á 
verse, con quien yo hablaba con frecuencia 
en aquellos días, acerca de la política de 



Vil 



la actualidad; amigo del Gobierno, pero 
mío también, y que expontáneamente me 
había ofrecido comunicarme con exactitud, 
la fecha en la cual vería la luz pública un 
Manifiesto que se decía estaba elaboran- 
do el doctor Raimundo Andueza Palacio, 
Presidente de la República, con el objeto 
de justificar ante el país la usurpación 
del Poder, que premeditaba hacía ya 
tiempo. 

— Ocurre agregó el General ***, con- 
testando asía mi segunda pregunta, que 
en este momento pone, quizás, el doctor 
Andueza Palacio su firma al pie de un 
Manifiesto, cuyo contexto ignoro, aunque 
si puedo asegurarle que circulará maña- 
na, y que tan pronto como sea conocido, 
serán reducidos á prisión muchos senado- 
res y diputados. Usted debe esconderse 
desde esta misma noche, porque su actitud 
en la Cámara, francamente oposicionista, 
le tiene señalado de antemano á la animo- 
sidad del Gobierno. 

No pude disimularla indignación que 
se apoderó de mí al oir aquello, y con 
voz que no me fué dado bajar á su diapa- 
són normal exclamé: 



VIII 



— ¿Con qué, por fin, General, lleva á 
cabo el doctor Ándueza Palacio, el gran 
crimen de disolver por la fuerza la Re- 
presentación Nacional, y adueñarse del 
Poder? 

¡Pero eso, además, es una locura! 

¿Y usted le acompañará, General, á 
consumar esa obra, lo mismo que el Ge- 
neral Julio Saría, que dispone del Ejérci- 
to, y que si se opusiera salvaría con se- 
guridad la situación? 

— Por lo que á mí respecta, contestó el 
General, tendré que acompañarle, más por 
adhesión á su persona, que por fé en la 
justicia de la causa que defiende; usted 
sabe esto porque más de una vez hemos 
hablado acerca del particular. Por lo que 
hace al General Saría nada puedo asegu- 
rarle. Ustedes en mi concepto, y perdone 
que se lo diga, han cometido un error con 
la publicación del folleto titulado La Ley 
militar, distribuido hasta en los Cuerpos 
de Guardia, que recuerda al Ejército sus 
deberes en la presente emergencia, y que 
por lo mismo ha dado motivo á que el 
Gobierno lo comprometa á seguirle como 
ya lo ha hecho, con la manifestación sus- 



IX 



crita por los Jefes y Oficiales de la guarni- 
ción de Caracas, que corre por ahí impre- 
sa en hoja suelta. 

Ciertamente que el Ejército con este 
paso, que, sea dicho en su abono, no ha 
dado expontáneamente, sino que le ha sido 
impuesto, como le será también impuesto 

•á la Armada, y á todos los funcionarios 
dependientes del Ejecutivo, ha violado 
la fé jurada por él á las instituciones, y 
se hace cómplice con el doctor Andueza 
Palacio en la comisión de lo que usted 
llama un gran crimen, y que tal vez no 
sea sino un funesto error político, incu- 
rriendo por tanto en las mismas graves 
responsabilidades del Presidente; pero,— 
jqué* quiere usted !-el Ejército, cuya or- 
ganización es de todos conocida, no puede 
apreciar su situación con bastante cla- 
ridad; y lo que es en sí una falta, tal como 
le han planteado la cuestión, aparece á sus 
ojos como un medio de salvar la causa 
liberal. Y así las cosas con relación al 

« Ejército, así habrán de continuar proba- 
blemente. 

— Y álos ojos de usted-¿cómo aparece, 



General ?-¿Crée usted en ese papel de oli- 
garcas, que se nos hace jugar para desa- 
creditarnos?.... Si tal cosa cree, no se 
engañe-¡ por Dios ¡-Somos liberales; yes 
crimen y muy grande el que el doctor 
Andueza Palacio comete al alzarse con el 
Poder, apoyado en las armas nacionales. 

El país se deshonra además y se pier- 
de por muchos años con la Usurpación; y 
patrióticamente han obrado los que vieron 
con la publicación del referido folleto un 
medio de contrariarla, pues sería la peor de 
las calamidades que pueden caer sobre un 
pueblo que ha conquistado mil veces con 
su sangre, el derecho á ser libre y regirse 
por instituciones democráticas. 

Yo no he tenido parte alguna en esa 
publicación, agregué, pero la apruebo, no 
obstante; pues á no haber producido el 
resultado á que estaba encaminada, servirá 
en todo tiempo á demostrar al país que 
el doctor Andueza Palacio en su nefando 
propósito de adueñarse del Poder, no se 
ha parado en medios por criminales que 
ellos fuesen ; y ése de haber hecho que el 
Ejército olvidase sus deberes, es de los 
mayores.... Créalo usted así, General. 



XI 



Pero-¡por D¡os!-amigo mío, que yo lo 
molesto demasiado, y acaso hasta le ha- 
bré ofendido en su amistad al doctor 
Andueza; sírvase, pues, excusarme; y dé- 
jeme darle las gracias por el oportuno 
aviso que usted me dá, terminé dicién- 
dole. 

Tras estas palabras el General me 
dejó solo, después de haberme manifesta- 
ndo, que muy lejos de haberle contrariado 
en nada aquella conversación, había ser- 
vido á ratificar en su espíritu el buen con- 
cepto en que me tenía— y le había, además, 
impresionado hondamente 

Volví con lentitud hasta mi cama, me 
dejé caer en ella, y después de una lar- 
ga hora de mortal congoja, durante la 
cual pasó y repasó cien veces ante mí, 
el horrible fantasma de la guerra civil, un 
sueño cargado de pesadillas cerró mis 
ojos, y me quedé profundamente dormido. 



I^A. VÍSPERA 



II 

13 de Marzo. 

Cuando me desperté el día entraba ya 
radioso en mi habitación, haciendo gor- 
jear los pájaros, y brillar las hojas que la 
adornaban 

Con relación al estado de ánimo en 
que 'me encontraba aún, asemejábase el 
astro rey á un visitante vestido de gala, 
-que hubiese entrado inadvertidamente en 
•el cuarto de un moribundo. 

Lo contemplé, así, casi con enojo. 

¿Por qué tan alegre, si yo estaba tan 
triste? 

¿Por qué tan lleno de luz, si la Usur- 
pación iba á ser pronto un hecho consu- 
mado, y ella era el eclipse de la libertad, 
la muerte de la República ? 

Salté de mi cama como un autómata, 
me vestí rápidamente y salí. 



XIII 

Tropezé en la puerta con el portero. 

— ¿Sabe usted lo que va a pasar?— le 
pregunté. 

Me miró asombrado 

No sabía nada el pobre hombre. 

Ni tampoco mis colegas del Congreso 
que vivían en el mismo hotel. 

En la calle ya, interrogué igualmente 
á varios hombres del pueblo. 

Igual ignorancia encontré en ellos, lo 
mismo que en varios empleados oficiales. 

El crimen que iba á verificarse en ese 
día, como me había asegurado el Ge- 
neral ***, habría sido tramado en la oscu- 
ridad de la noche anterior entre muy pocas 
personas, cuando nadie lo conocía aún. 

Respiré con libertad. 

Volví á ser hombre. 

Si llega á realizarse, pensé entonces, 
será sin el concurso del pueblo y como 
obra exclusiva de un pequeño número de 
amigos del Presidente. - - - y con nacer, 
morirá. 

jQué sea, pues, conocido cuánto an- 
tes; para que cuánto antes muera! 

¿Quién le prestaría su apoyo? 



XIV 



¿El Ejército? 

Pero el Ejército sale del seno del pue- 
blo, y el pueblo está hoy con la causa de 
la razón y del derecho, representada por 
la mayoría del Congreso. 

Volverá en sí, me dije, y se reconocerá 
á sí mismo, reconociendo al Congreso. 

Y entregado á estas reflexiones, pasé 
el día 13. 




^J^^J^^^^J^^-^M^^^^í^M 



EL GOLPE DE ESTADO 



III 

14 de Marzo. 

¡14 de Marzo de 1892, quién tuviera 
poder bastante para borrar tu huella de 
las tablas del tiempo! 

¡ Cómo una abstracción, cómo una boca 
sin habla, cómo una órbita hueca, cómo un 
paréntesis en blanco, pasaras así á la 
historia! 

Pero-¡ay !-que tal cosa no es posible. 
Has existido; fuiste y hay que nombrarte, 
siquiera sea para maldecirte. 

¡Cual otro 24 de Enero, eres día de 
muerte para la República, de cadenas 
para la libertad, de angustias para el pa- 
triotismo! 

Y así, llamado estás á figurar cons- 
tantemente en el curso de este libro, de 
modo vario, y siempre penoso 



XVI 



Salí ese día más temprano que nunca 
del hotel, y fuíme á ver al General **. 

Todavía estaba en el lecho y allí mis- 
mo me recibió la visita. 

Hablamos, como era natural, del pre- 
sunto Golpe de Estado. 

— Vea usted me dijo el General, An- 
dueza no se resuelve á tanto. 

Eso no es cualquier cosa. 

¡ Disolver un Congreso! 

¡ Asumir una Dictadura! 

¿ Se ha paseado usted por todo esto ? 

— José Tadeo Monagas, hizo más, ob- 
jeté. 

— José Tadeo Monagas-¿qué me está 
usted diciendo ?-Ese era todo un hombre, 
con gran prestigio, y todo un pueblo de 
su parte.-jQue diferencia !-¡Un héroe y 
una idea en germinación!-Por eso, si á José 
Tadeo Monagas le incumbe una gran 
responsabilidad por el sangriento acon- 
tecimiento del 24 de Enero de 1848, tam- 
bién tiene en él la suya, 'y muy grande, el 
pueblo de Caracas, y, no obstante, Mona- 
gas, no pudo prescindir del Congreso, y 
tuvo que volverlo á reunir el 26, día en el 
cual, fué que verdaderamente murió la Re- 



XVII 

presentación Nacional, si usted lo piensa 
bien. 

Por lo que hace á Andueza; ése no 
tiene talla de héroe, ni de repúblico, ni de 
nada. Es cobarde, muy cobarde, y suma- 
mente indolente; y además está solo. 
¿Qué objeta usted ahora ? 

— Voy á decirle á usted, General : 
• cuando se ha llegado al punto á que ha 
llegado el doctor Andueza Palacio en el 
desarrollo de su plan de usurpación del 
Poder, retroceder es cobardía, avanzar es 
crimen. Todas las probabilidades de per- 
derse están en contra suya si retrocede; 
algunas tiene de salvarse si avanza ; y 
precisamente porque es indolente y co- 
barde, porque no tiene nombre alguno 
que perder, y acaso uno muy triste que 
ganar, es que avanzará y se hará Dicta- 
dor, pudiendo si triunfa, hacer un buen 
negocio, y si pierde no perder cosa al- 
guna. 

Pero admito que personalmente con- 
sienta él en retroceder ;-¿ cree usted que 
Casañas aceptaría éso?-¿ Casañas que aca- 
ba, por decirlo así, de empujarlo al abismo 

-3- 



XVIII 

con su telegrama á los Presidentes de los 
Estados, fecha 5 de los corrientes ? 

— ¡Casañas!, murmuró en voz baja el 
General, sin contestar directamente á mi 
pregunta. 

— Casañas!, sí, murmuré yo en el mis- 
mo tono : el Danbby, el Cliíiford de una 
nueva restauración autocrática en Vene- 
zuela: el Morny, de otro plagio de Golpe ( 
de Estado. Y para que no abrigue usted 
más dudas, General, agregué, alzando la 
voz, voy á leerle el telegrama de Casañas 
que casualmente tengo en el bolsillo -¿lo 
permite usted? 

— Sí, léalo, amigo. 

Lo leí. 

• ••••• 

Ese telegrama que copio del /Revisor 
de Puerto Cabello, fecha 8 de Marzo dice 
textualmente: 

"Según las terminantes aseveraciones del señor 
doctor Andueza Palacio no hay transacción de ninguna 
especie con los obstruccionistas del Congreso; y si ha 
oído las proposiciones de éstos, y dado su fórmula 
sine qua non, de inmediata vigencia de la carta reforma - 
da, como paso previo del Congreso, es porque quiere 
vestir el expediente, y justificar ante el país y la his- 
toria las medidas enérgicas que tendrá que dictar 



XVIV 

después que la oposición se declare en abierta re- 
beldía. 

Por eso es también que ha retardado el doctor An- 
dueza Palacio la salida de su Manifiesto á la Nación, 
y por eso finalmenta es que en el Congreso no se 
ha resuelto su instalación ó disolución. 

Pero la espectativa no puede pasar del 10 del pre- 
sente mes. 

Todas estas aseveraciones las hace el mismo doc- 
tor Andueza, y en ellas debemos creer. 

En cuanto al apoyo del Guzmancismo al Gobier- 
no, El Pueblo de ayer se expresa en términos muy ca- 
tegóricos; las personalidades que siendo liberales es- 
tuvieren afiliadas en el partido de Guzmán, y que 
vengan como individuos á apoyar al Gobierno tienen 
cabida en él y nada más. 

Las cuentas publicadas en El Diario, de la situa- 
ción del Gobierno y de la oposición en las Cámaras no 
son exactas como lo probará la relación enviada de los 
asistentes á la Asamblea de ayer en la Casa Amarilla, 
y que aprobamos el Acuerdo ya comunicado. 

La verdad es ésta : no hay 25 senadores por falta 
de uno y de Colina que se ausentó ayer; de éstos, n 
son tatos del Gobierno, y en los 14 restantes hay neu- 
trales y de la oposición. En la Cámara de Diputados 
la totalidad es de 52 y de ellos 32 son del Gobierno y 
27 de la oposición, que tiene 7 matices, reinando en 
ella completa anarquía. 

Vestido el expediente y tomada una actitud enér- 
gica por parte del Gobierno la crisis se resolverá en 
horas, y daremos un fin decisivo y decoroso á esta 
penosa espectativa. — S. Casa5;as. 



XX 



Terminada la lectura continuó el diá- 
logo, como sigue. 

— Terminó usted ya? 

— Sí, señor General, terminé ya. 

— Pues bien, el doctor Andueza Pala- 
cio ha puesto en tela de juicio la verdad 
de todo lo que afirma ese telegrama, con 
su carta publicada en " La Opinión Na- 
cional. 

— No hay tal: el doctor Andueza dice 
únicamente en esa carta, que no ha auto- 
rizado á nadie para dudar de su palabra, 
sin desmentir al mismo tiempo lo que acer- 
ca de las intenciones, y procederes del 
Gobierno, con la oposición, asevera el Je- 
fe de su política. 

Aquí llegábamos, cuando fuimos in- 
terrumpidos por la irrupción que hicieron 
en el aposento algunos senadores y dipu- 
tados, que venían como era de costumbre 
en aquellos días, á traer y llevar noticias. 

Dijéronnos que en aquel momento ce- 
lebraba el doctor Andueza Palacio una 
conferencia con el General Ovidio Abreu. 

Abreu era de los nuestros, y, aunque 
unido al doctor Andueza Palacio por la- 
zos de antigua amistad, no había porque 
pensar que la conferencia pudiera redun- 



XXI 



dar en mal de una causa que le debía ya, 
tantos y tan importantes servicios. 

Vaya, nos digimos, tranquilizados á 
ese respecto, será alguna nueva fórmula de 
transacción que surge en las esferas ofi- 
ciales, del género de la que ya conocemos, 
y busca intermediario honorable en ^el 
General Abreu, para llegar hasta la opo- 
sición: modo de ganar tiempo, como otro 
cualquiera, para entre tanto ver si baten, 
ó hacen prisionero al General Crespo, lo 
cual logrado, sin peligro alguno entonces 
visible, nos disolverán; y asunto con- 
cluido : el continuismo será un hecho. 

No hay más; ese debe ser el objeto de 
la conferencia, se agregó, y para conven- 
cernos de ello tengamos un poco de pa- 
ciencia. 

Y, así era, en efecto; pues aunque el 
doctor Andueza Palacio no propusiera una 
nueva fórmula, y el objeto de la conferen- 
cia fuera, al parecer, informarse acerca del 
alzamiento del General Manzano, verifi- 
cado ya en territorio de Zamora, y tratar 
de neutralizar la influencia del General 
Abreu, sobre Manzano y otros Jefes za- 
moranos, para que no se verificasen nuevos 
alzamientos, y Manzano depusiera las ar- 



XXII 

irías, Andueza habló en esa conferencia de 
la fórmula conocida. 

No comprendía, todavía, á aquella ho- 
ra, el doctor Andueza Palacio, por qué era 
que su fórmula había sido rechazada cuan- 
do tan bien concillaba, según él/los intere- 
ses de ambas partes. "Vigencia inmediata 
de las instituciones reformadas, primero ; y 
después, elección del Presidente y Vice- 
presidente de la República, verificada en 
votación pública y nominal de una terna 
que él mismo daría, pero que por entonces 
se reservaba, y que no debía inspirar te- 
mor alguno á la oposición, pues patriótica 
y abnegadamente él había renunciado á se- 
guir siendo motivo de divergencia en el 
asunto." 

Tal era esa fórmula que se llamó de 
transacción. 

"¿Pues qué tenía esa fórmula verdade- 
ramente conciliadora, para que no se le 
aceptase ? 

Por su parte el no podía ceder más. 
Lo que había concedido hasta ahí, á la 
oposición, era el máximun de lo que su 
patriotismo, podía conceder, dados sus 
compromisos con Jos pueblos, y la gran 



XXIII 



misión que tenía que llenar para salvar la 
Patria. 

No había pues que esperar más debi- 
lidades, ni fluctuaciones en la realización 
del plan del Gobierno. 

Se aceptaba, ó nó, su fórmula. 

Si lo primero : todo peligro habría de- 
saparecido. 

Si lo segundo: la impondría, y punto 
concluido. 

Contaba para ello con el apoyo de la 
opinión en los Estados, el voto de las Le- 
gislaturas y de las Municipalidades, dine- 
ro en caja, (?) y un ejército adicto, dis- 
ciplinado y numeroso." 

En las varias conferencias que celebró 
la oposición con el doctor Andueza Pala-, 
ció, á objeto de llegar á un avenimiento 
que evitase la guerra, salvando al mismo 
tiempo la magestad del Congreso y el de- 
coro de las instituciones, nunca tuvo otras 
razones que exponer en apoyo de sus pre- 
tensiones. 

Por eso cuando reflexiono ahora en la 
obsecación conque ese hombre, colocado 
por las circunstancias, todas ellas creadas 
por él mismo, en la alternativa de entre- 



XXIV 

gar ó alzarse con el Poder, prefirió esto 
último, sabiendo que detrás estaba la 
guerra, pienso que su antes buen corazón, 
ha debido pervertirse mucho con el man- 
do, y sus facultades intelectuales, un día 
despejadas, y hasta brillantes, anubarrar- 
se hasta sufrir un eclipse total. 

La oposición no podía aceptar su fór- 
mula porque era completamente inconsti- ■ 
tucional, y al mismo tiempo una claudi- 
cación vergonzosísima, que hubiera des- 
honrado á la Representación Nacional, 
de todos los ideales y principios, que en 
nombre de ésta, y faz á faz de todo el país, 
venía sustentando la oposición, hacía ya 
un año largo en la Prensa y en la Tribuna 
del Parlamento. 

Conciencia plena de lo que la oposi- 
ción buscaba, tenía ya para aquellos días 
la República entera; y esta misma, ofusca- 
da un instante por el incesante clamoreo 
de una prensa asalariada y pérfida, des- 
pertaba de su sueño de reforma, para 
maldecir á los encubiertos usurpadores, 
de sus más legítimos y nobles derechos, 
preparándose ya para castigarlos. 

Agregúese á estas consideraciones que ' 
la oposición abrigaba también la certi- 



XXV 

dumbre de la deslealtad y falta absoluta 
de respeto y consideración con que era tra- 
tada por el Gobierno; que la tal fórmula 
era un simple medio ideado únicamente 
para dividirla y perderla: modo de vestir 
el expediente como había dicho Casañas, 
en el telegrama que dejo trascrito; y que 
la revolución armada, en fin, cuyo progra- 
ma era el mismo de la oposición pacífica 
y estaba consignado en el Manifiesto del 
General Crespo, no retrocedería ya sino 
ante procedimientos extrictamente legales 
del Congreso. Piénsese en todo esto y 
se verá que la oposición, á más de ser ló- 
gica con su conducta anterior y consecuen- 
te consigo misma, trabajaba directamente 
por la paz, que era en suma la aspiración 
suprema de todo el país, rechazando, como 
lo había hecho, la fórmula ilegal y revo- 
lucionaria del doctor Andueza Palacio. 

Y aspiración suprema de todo el país 
era sí, la paz, menos de aquel hombre ob- 
cecado, terco, soberbio y ambicioso, que 
en nada tuvo la magestad del Congreso, 
para alzarse con el Poder, volcando como 
lo hizo, constitución y leyes, que en su 
condición de Presidente de la República, 
-4- 



XXVI 

debió ser el primero en respetar cuidado- 
samente. 

Al doctor Andueza Palacio tocaba 
ceder. 

A nosotros nó. 

Cediendo él, habría cumplido sencilla- 
mente con su deber. 

Cediendo nosotros, habríamos traicio- 
nado nuestro mandato. 
1 Consigno aquí, igualmente, como tér- 
mino de comparación la fórmula de la 
oposición. 

"Primero: elección del Consejo Fede- 
ral, puesto que el Congreso no dis- 
ponía de otra facultad electoral para ele- 
gir el Presidente de la República, sino por 
medio del Consejo Federal. 

Secundo: declaratoria de la inmedia- 
ta vigencia de las instituciones reformadas, 
si al efecto resultaban conformes en la so- 
licitud referente, la mayoría de los votos 
legislativos de los Estados. 

Tercero: acuerdo especial para el me- 
jor y más ordenado cambio de las viejas 
por nuevas instituciones." 

Como se vé, la oposición en su deseo de 
evitar la guerra, lle^ó hasta conceder al 
doctor Andueza Palacio la inmediata vi- 



xxvn 

gencia, admitiendo que las Legislaturas 
tuviesen poder para pedirla. Debilidad que 
explica suficientemente la anormal situa- 
ción, que alcanzaba ya la República. 
- De aquí no debía pasar, y no pasó. 

A haber pasado, hoy estaría, como el 
Gobierno, corriendo el mismo riesgo que 
■éste de ser arrollado por la revolución 
más principista que registran los anales 
públicos de la Nación. 

La historia de estas conferencias me- 
rece ser narrada en lo posible. 

Se iniciaron, en la casa del General 
Raimundo Fonseca, á consecuencia, de la 
declaración hecha por el General Domingo 
Monagas, al señor Doctor Laureano Vi- 
llanueva, de que el Presidente de la Re- 
pública, quería proponer á la oposición, 
las bases de un arreglo. 

Las bases eran las que dejo apuntadas,. 
con el aditamento, de un Manifiesto á la 
Nación, que debíamos suscribir y publicar- 
todos los senadores y diputados de la 
mayoría, antes de reunimos en Cámaras 
Legislativas, pues, sólo así, se nos permiti- 
ría la reunión. 



XXVIII 

Tres conferencias se celebraron, y en 
•ellas, sostuvieron las pretensiones del 
Gobierno: los señores Doctores Vicente 
Amengual, Laureano Villanueva y Feli- 
ciano Acevedo, habiéndolas impugnado 
Jos señores Doctores Marco A. Saluzzo, 
Diógenes Arrieta, Francisco E. Bustaman- 
te, Muñoz Tébar, Montenegro, General 
Ramón Ayala, alguno que otro orador 
unas que no recuerdo, y yo. 

Fui quien primero hablara y sirvió de 
base á mi peroración el Manifiesto del 
Totumo que en mi concepto reasumía, las 
ideas de la oposición, en punto de la in- 
mediata vigencia de las instituciones re- 
formadas, etc., por lo cual era ser conse- 
cuente con el pasado de la oposición, 
y con el compañero señor General Crespo, 
que tan patriota y republicanamente se 
exhibía en aquel documento, no pactar na- 
da qué no estuviese de acuerdo con el 
modo de pensar, de quien además, tenía 
derecho á ser escuchado, por su condi- 
ción de Ex-Presidente de la República, 
y por ser la figura militar más descollante, 
.en caso de tener el Congreso que enco- 
mendar ala suerte de las armas, la resolu- 
ción del problema reformista, &. 



XXIX 

Los demás lo hicieron inspirados to- 
dos, en los sentimientos de estricta lega- 
lidad y conveniencia patriótica que hasta 
ahí, habían alentado y dado fuerza de co- 
hesión indestructible á la oposición. 

La palabra del doctor Arrieta, fué, so- 
bre todo, entonces, ariete demoledor para 
t las pretensiones presidenciales, y tabla 
de salvación para la oposición, que ti;t¥i- 
beaba antes de lanzarse á la guerra, por 
falta de fé en el éxito de la contienda, de 
parte de algunos, por temor á las conse- 
cuencias de la lucha armada, de parte de 
otros. 

He aquí el manifiesto del Totumo á que 
acabo de aludir. 



MAXIFESTACIOX, 

"Ha largo tiempo, desde que se agita la inmediata 
vigencia de la Reforma de la Constitución Federal, 
acordada por el Congreso, que personas valiosas ei> 
los Estados vienen exijiéndome les dé mi opinión acer- 
ca de tal medida, conceptuando que ella involucra un 
ardid de los interesados en que el señor Doctor Rai- 
mundo Andueza Palacio continúe en la Presidencia 
de la República no obstante la disposición Constitu- 
cional que pone término á su Gobierno el 20 de Fe- 
brero de 1892. 



XXX 

Próximo yaá reunirse el Cuerpo Legislativo de la 
Nación, a! cual pertenezco, creóme obligado á interrum- 
pir el silencio que deliberadamente he venido -guar- 
dando en asunto de tanta gravedad, toda vez que á 
él toca resolverlo; como también, porque algunos ór- 
ganos de la prensa periódica que sustentan aquel pro- 
pósito, me han colocado entre sus adeptos, sin cono- 
cer mi manera de pensar en el particular. 

Es verdad que el país anhela la Reforma en el 
sentido de recobrar el derecho de elegir directamen- 
te á sus Magistrados que le arrebató la autocracia, y 
de que no sea por más tiempo, una camarilla adscrita, 
á la voluntad del que ejerza la Presidencia de la Re- 
pública, la que decida de los destinos de la Nación; 
pero este deseo no implica, á mi ver, el de la conti- 
nuación del actual personal del Ejecutivo Nacional 
en el poder público, sino antes bien, el de entrar en 
el ejercicio de la alternabilidad republicana. 

Tal es á mi entender la aspiración de los pueblos; 
y en tal sentido, soy reformista junto con mis com- 
patriotas que así lo sean. 

Ahora, si se convierte este sentimiento del país en 
pretexto para seguir en el sistema que implantó la Au- 
tocracia, sistema condenado por la Nación, entonces 
la Reforma significa usurpación; negación del dere- 
cho; desconocimiento de la voluntad popular. 

Mas á este respecto oigo alegarse que la inmedia- 
ta vigencia de la Reforma la piden algunas Legisla- 
turas de los Estados y que por tal razón, el Congreso 
está obligado á sancionarla. 

Yo niego tal derecho en aquéllas y tal obligación 
en éste, porque las Legislaturas sólo están facultadas 
para tratar de la reforma, aprobando, negando ó 
enmendando el Proyec'.o que se les ha sometido; y por- 
que al Congreso no le es potestativo acceder á exigen- 



xxx r 

cías extrañas á las facultades que le estén atribuidas 
por el Pacto Federal. De modo que, en mi concepto, 
la declaratoria de la inmediata vigencia de la Reforma, 
así como la elección del señor Doctor Raimundo An- 
dueza Palacio para la Presidencia de la República, 
que también se pretende, hechas que fueran por ei 
Congreso, serían actos atentatorios contra la misma 
Reforma y contra las Instituciones que rigen á la 
Nación ; contra la Reforma porque aprobada como 
ha sido por las mismas Legislaturas, sin ninguna alte- 
ración al Proyecto, ella debe ser puesta en vigencia 
el 20 de febrero de 1894; y contra las instituciones vi- 
gentes, porque se prescinde de ellas para proceder 
discreeionalmente. 

Tal es mi criterio en esta materia. 

Pero • hay que ver si el señor Doctor Raimundo 
Andueza Palacio acepta la responsabilidad que le 
aparejarían tan ilegales procedimientos. Por lo que 
á mi toca, juzgo que un liberal como él por tradición 
y por principios ; que ha combatido á la Autocracia 
como enemiga de la libertad y de la República; que 
ha sustentado la Causa del Civismo, ó sea del Gobier- 
no de las leyes, no irá á desmentirse presentando al 
país el único ejemplo de un Gobierno Constitucional 
erigiéndose en dictatorial sin causa justificada; cuan- 
do otros que alcanzaron la Suprema Magistratura en 
virtud de una victoria de la fuerza, los hemos visto 
deponer la dictadura con que los invistieran circuns- 
tancias excepcionales ante la Magestad de la Nación; 
y cuando otros, en ocasiones propicias para continuar 
en el Poder, se han separado de él por respeto á la 
promesa jurada de cumplir y hacer cumplir la Cons- 
titución y las leyes de la República. 

Nó: el señor Doctor Raimundo Andueza Palacio 
tiene abierto ante sus oles el libro de nuestra Kisto- 



XXXII 

ría, en el cual se lee en cada una de sus páginas que 
fue siempre la usurpación del Poder la causa eficiente 
de la sangre derramada en nuestras guerras civiles, 
aunque aquella se velara por los usurpadores con fal- 
sas elecciones, con Reformas Constitucionales ó con 
actos semejantes á los que actualmente se emplean por 
los interesados en su continuación en el Poder. — Sí: 
él sabe por propia experiencia que el pueblo venezo- 
lano todo lo tolera, menos que se le arrebate su de- 
recho, que se le usurpen sus facultades ; y no puede 
ocultársele que al romperse la tradición legal del Go- 
bierno, abre ancho campo á la restauración de la Au- 
tocracia, la cual vemos que toma posiciones á su lado, 
para mejor librar combate á la Causa de la Reha- 
bilitación. 

Confiado en aquellas cualidades morales del actual 
primer Magistrado de la Nación, he procurado, en mi 
condición de ciudadano, la conservación de la paz, la 
cual encuentro que no seria perturbada por el que más 
obligado está á guardarla. Y es de esperarse que el 
Congreso en su próxima reunión Constitucional, goza- 
rá de entera libertad en sus deliberaciones; que re- 
chazará.toda pretensión que le haga extralimita? sus 
facultades legales ó que amengüe el decoro de los 
representantes de la Nación. 

Pero si así no sucediere; si desgraciadamente para 
la Patria se realizaran los temores de usurpación que 
de toda la República se me comunican, sepan mis 
amigos compañeros de Causa y mis colegas del Con- 
greso, que los sucesos me encontrarán cumpliendo mis 
deberes de ciudadano, de liberal y de soldado de la 
República. 

El Totumo, á 20 de febrero de 1S92. 

Joaquín Crespo.'* 



XXXIII 

Las relaciones eh extremo tirantes ya 
entre el Gobierno y la oposición, á vuelta de 
tantas conferencias, que no sirvieron sino 
para agriar más los ánimos, poniendo de 
relieve la mala fé de aquél, se rompieron, 
por fin, aquella misma noche; Andueza 
arrojó por tierra la careta que Casan as, 
acababa de arrancarle á medias ; y el me- 
morable Manifiesto contentivo del Golpe 
de Estado, apareció en hoja volante, que 
fué profusamente distribuida. 

Apareció de noche y embozadamente, 
á la manera del criminal que se recata 
en la sombra, para mejor realizar planes 
de muerte y latrocinio. 

Cayó como una bomba explosiva en 
medio al estupor general, y todo el mundo, 
incluyendo al mismo Gobierno, se sintió 
paralizado de terror y espanto. 

Aquel Manifiesto era la guerra civil, 
que se desencadenaba con furia; y, movi- 
dos del mismo trágico presentimiento, la 
esposa se colgó sollozante al cuello del 
esposo, la madre buscó al hijo y le ocultó 
atribulada en el hogar, acaso el rico egoís- 
ta cerró á doble llave su tesoro, y el pobre 

— 5 — 



XXXIV 

pensó en la muerte para sí, y en el ham- 
bre para su familia. 

Como era de esperarse, acto continuo 
empezaron las persecusiones. 

Bustamante fue preso. 

Igual suerte cupo á José Gregorio 
Riera y á Rafael Carabaño. 

Yo pude salvarme esa noche, graci?s á 
los servicios de dos buenos amibos aue me 

o i. 

sacaron del hotel en coche cerrado, bur- 
lando la vigilancia de mis perseguidores. 

Ya en seguridad, llegó á esconderse 
junto conmigo, el joven diputado por Lara, 
doctor J. M. Garmendia. 

— ¿Qué sabe usted de los compañe- 
ros?-me preguntó al verme. 

— Juzgue por usted mismo, le contesté. 



-^S-v^^C— 



EL MANIFIESTO 

del Bosíor R. Jíndueza Palaeio y su refuíaeión. 



ni 

15 de Marzo. 

■ Muí de mañana leí en voz alta al doc- 
tor Garmendia, el Manifiesto del doctor 
Andueza Palacio; y después de haberlo 
comentado entrambos, como lo permitía 
mi estado de ánimo, escribí, casi de un solo 
tirón, lo que, en la intención de refutarlo 
se leerá más abajo, resuelto además á pu- 
blicarlo al día siguiente, si las circunstan- 
cias lo permitían. 

Pero-¿dónde, y cómo, si todas las im- 
prentas de la oposición estaban ya cerra- 
das, y escondidos ó en la cárcel, perio- 
distas, y tipógrafos amigos? 



Imposibilitada definitivamente la insta- 



XXXVI 



lación del Congreso de la República, por 
cuantos indignos medios ha tenido á su al- 
cance el doctor Andueza Palacio, en su pro- 
pósito ya realizado de la usurpación del Po- 
der, los senadores y diputados, fieles al 
mandato de los pueblos, y á los dictados 
de su propia conciencia, que no han que- 
rido claudicar, se ven hoy, prófugos los 
unos por montes y breñas, presos los otros 
en inmundas mazmorras. 

Tan anómala situación de los represen- 
tantes del pueblo, doblemente respetables, 
por el augusto carácter de que están in- 
vestidos, y por su honorabilidad personal, 
debe ser conocida oportunamente de todo 
el país, máxime que ella ha sido la con- 
secuencia inmediata del Manifiesto fecha 
14 de Marzo, verdadero Golpe de Estado, 
que hiere de muerte las instituciones y la 
paz de la República, sin ejemplo, por otra 
parte, en los anales de la patria. 

Descaradamente rebelde á la Consti- 
tución y leyes vigentes se exhibe el doc- 
tor Andueza Palacio en ese desgraciadí- 
simo documento, y el anatema de Traidor 
á la Patria, fulminado contra él por la 
mayoría del Congreso, sería poco castigo 
para su crimen, si no fuera que el Código 



XXXVII 



Penal, hace de ese anatema el objeto de 
una condenación especial y terrible. 

Nada hay como el éxito, para dar al 
crimen las apariencias de la virtud, ha 
dicho Víctor Hugo en circunstancias aná- 
logas. Procure, pues, el doctor Andueza 
Palacio, coronar con la más espléndida 
victoria el supremo ideal, de lo que él llama 
en su Manifiesto, las aspiraciones popu- 
lares ; á fin de que pueda librarse un día 
del tremendo castigo que le espera, y, ser, 
por el contrario, considerado y amado 
como bienhechor del pueblo. 

Mas yo estoy seguro de que la Pos- 
teridad y la Historia, habrán de apellidar- 
le de muy distinto modo; y para que así 
resulte; y, convencido, como estoy, de que 
su Manifiesto constituirá una de las piezas 
más importantes del proceso que se le se- 
guirá un día ante el Senado de la Repú- 
blica y la Alta Corte Federal, constituidos, 
al efecto, en Gran Jurado Nacional., por el 
crimen de Alta Traición, voy á tratar de 
refutarlo en estas páginas, hasta donde 
lo permitan la falta absoluta de sana doc- 
trina constitucional, de principios libera- 
les y recto criterio; de amor á la patria, 



XXXVIII 

de justicia y de verdad, que se advierte en 
el referido documento. 

Pero antes,- ¡ plegué á Dios auxiliar- 
me con todo el caudal de moderación en 
el juicio, de rectitud en la intención, de 
equidad en la crítica, y hasta de tino en la 
elección de las palabras de que habré me- 
nester á cada instante, en el análisis y 
refutación de un documento, cuya simple 
lectura, aún en las circuntancias ordina- 
rias de la vida, sublevaría el ánimo del 
patriota más tibio, haciéndole perder la 
noción de lo justo, y el dominio de sí 
mismo! 

Cumplic7ido un solemne deber etc., es 
como el doctor Andueza Palacio se dirije en 
su Manifiesto á los nueve Grandes Esta- 
dos de la Federación, y á los pueblos de 
la República. El solemne deber, que en 
opinión mía, y en la de cualquiera otro que 
no haya suscrito pronunciamientos por su 
candidatura, para la continuación en el 
Poder, debió llenar el doctor Andueza Pa- 
lacio, en su tiempo y oportunidad, fué la 
instalación del Congreso, con el objeto de 
rescindir en el Soberano Cuerpo de la Na- 
ción, los poderes limitados constitucionales 
que ejerciera hasta el 20 de Febrero del 



XXXIX 

presente año. Limitados, por el tiempo 
de su duración; y limitados también, por 
el escaso número de facultades atribuidas 
por la Constitución, al ejercicio de tales 
poderes. 

Los que hoy ejerce el doctor Andueza 
Palacio, no está demás decirlo, son de muy 
distinta índole: son dictatoriales; y, áeste 
título, no tienen otra limitación, que la que 
naturalmente puedan alcanzar en la lucha 
de su voluntad, contra el estado de revo- 
lución en que ha puesto al país, la anor- 
malidad de cosas, y el vacío de institucio- 
nes y leyes escritas, inherentes á toda dic- 
tadura, que, no tiene razón de ser, ni nada 
justifica por tanto. 

La dictadura, verdadera "extremaun- 
ción de las Repúblicas agonizantes," ha 
solido ser medio supremo de salvación, 
cuando en medio al caos político-social de 
ciertas épocas históricas, se ha hecho ne- 
cesario concentrar en una sola mano, los 
diversos hilos motores de una sociedad, 
que se desorganizaba al impulso de los 
odios de partidos, y de los intereses socia- 
les mal equilibrados 

Pero Venezuela, lejos de encontrarse 
moribunda, resucitaba, por el contrario, ayer 



XL 



no más, á una gran vida de libertad, pro- 
greso y civilización, tras aquella larga y 
oscura noche de la autocracia de Guzmán 
Blanco, en que verdaderamente creyó mo- 
rir, y acaso hubiera muerto, en efecto, sino 
brilla tan á tiempo, en los cielos de la Re- 
pública, el Sol esplendoroso de la Reha- 
bilitación de Julio de 1888- ¿A qué, pues, 
hoy, esa innecesaria é inicua dictadura, que 
pretende imponer al país el doctor Andue- 
za Palacio? 

Sigo adelante en la tarea que me he 
propuesto llevar á cabo; y cómo en una 
falsa interpretación de lo que debe enten- 
derse por la limitación de tiempo y facul- 
tades, atribuidas por la Constitución vigen- 
te al. ejercicio del Poder presidencial en 
la República, preténdese justificar, hasta 
cierto punto, la continuación del doc- 
tor Andueza Palacio al frente de los 
destinos de la Nación, después del 20 
de Febrero, día en que debió confiarlos al 
primer número del Consejo Federal, voy 
á decir antes, lo que en sana doctrina 
constitucional, puridad de verdad y prác- 
tica acostumbrada, debe aceptarse por 
tal cosa. 

Tiempo presidencial, es el espacio 



XLI 



exacto de dos años, contados, de un 20 de 
Febrero á otro 20 de Febrero, en el año 
siguiente al primero de la elección. Ele- 
gido Presidente Constitucional de Vene- 
zuela el doctor Andueza Palacio, para la 
primera comisión ejecutiva de 1890 á 1892, 
del período constitucional de 1890 á 1894, 
el 20 de Febrero del presente año cesaban 
legalmente sus poderes, para empezar los 
del ciudadano que hubiera sido electo por 
el Congreso, á haberse podido verificar la 
instalación de este Cuerpo. 

Y no creo que pueda invocarse, en 
apoyo de una opinión contraria, la inacep- 
table pretensión de considerar como tér- 
mino del bienio, el día preciso de la elec- 
ción, ó el de la promesa ante el Congreso; 
pues ello sería como establecer en la prác- 
tica del traspaso legal del Poder, una co- 
mo subint ración de bienios convencionales. 

Explicando esta idea más concreta- 
mente, tendríamos, así, que nombrado Pre- 
sidente de la República un ciudadano 
cualquiera, si por algún motivo, enfer- 
medad, ausencia de lugar, ó simple capri- 
cho, no entró en el ejercicio de su Pre- 
sidencia el mismo día de su elección, sino- 
-6- 



XLII 

tres ó cuatro meses antes de terminarse 
el bienio presidencial, para el cual fué elec- 
to, de acuerdo con la pretensión que im- 
pugno, debe ese ciudadano tomarse como 
cosa que le pertenece, veintiuno ó veinte 
meses del entrante bienio; puesto que así, 
y tan solo así, habría estado dos años 
en el Poder. 

Peregrina manera de interpretar la 
Constitución en beneficio propio, y per- 
juicio ageno, sería ésta, que asemejaría 
la ordenada sucesión de los bienios cons- 
titucionales, á los accesos subintrantes de 
la fiebre palúdica, ó á los pasos obligados 
de la antigua contradanza española. En 
otro orden de ideas no se diga tampoco, 
-que si el doctor Andueza Palacio no ha 
«entregado aun el Poder, es porque no tie- 
me á quien, no habiéndose reunido el Con- 
greso; porque en primer lugar, suya es la 
-culpa de que no se haya reunido; y en se- 
gundo, ha podido hacerlo en la persona del 
primer número del Consejo Federal, como 
dejo dicho. Ni se arguya, así mismo, que, 
hasta la fecha, la cuestión es de pocos días, 
porque en el terreno de los principios que 
sostengo, tanto vale un día, como un mes ó 
¿un año, para que tenga lugar una usurpa- 



XLIII 

ción de Poder, ante la cual, han retrocedi- 
do ya dos Ex-Presidentes de la República, 
con un exceso de delicadeza tal, que mere- 
ce ser señalado. 

El General Joaquín Crespo, legítima 
esperanza hoy del porvenir de la Patria, 
rescindió el Poder en el Presidente del 
Consejo Federal, el 20 de Febrero de 1886, 
para no continuar un día más en el ejer- 
cicio de una Presidencia, cuyos poderes 
habían caducado para aquella fecha, en 
virtud de la Constitución. Y el Doctor 
J. P. Rojas Paúl, pudo entregar un cinco 
de Julio, y entregó un diez y nueve de Mar- 
zo, que hará época en los tristes anales de 
la República, por ser el mismo en que fué 
llamado á reemplazarle el Doctor Andueza 
Palacio. — También merece mención, y es 
de oportunidad que yo señale aquí la con- 
ducta mercantil, si se quiere, pero mer- 
cantil á lo Washington, de ese Presiden- 
te de la República Suiza, que reciente- 
mente, ha demandado por daños y per- 
jucios, al ciudadano que debía reempla- 
zarle en el Poder, y no lo hizo el día se- 
ñalado por la Ley, sino quince días des- 
pués! ! 

En cambio, quien osa titularse todavía 



XLIV 

Presidente Constitucional de Venezuela, 
al dirigirse á la Nación, en documento pú- 
blico, veintidós días después de haber de- 
jado de serlo, cree cumplir un, solemne de- 
ber en resguardo de las tremendas respon- 
sabilidades del Porvenir, como conductor 
de. la Gran Revolución Liberal Rehabili- 
tadora &? &'?, con el hecho solo de hacerlo 
para denunciar al país los peligros que está 
corriendo esa Gran Revolución; y, por más 
que para justificar su conducta se vea en la 
necesidad de falsear á cada paso la verdad, 
vulnerar los principios, y declararse él 
mismo Usurpador. 

Celoso guardián de las autonomías de 
los Estados, y pivfu7ido venerador de todos 
los derechos, de todas las garantías, de to- 
das las libertades, se apellida también el 
doctor Andueza Palacio con el mismo 
propósito ; él, que mató la autonomía del 
Zulia, y conspiró contra la de los otros 
ocho Estados de la Unión; él, que persi- 
gue, aprisiona, y expulsa ahora, violenta- 
mente, á senadores y diputados inmunes, 
y á particulares : gloria del foro, honor de 
las armas, y fama de las letras y de las 
ciencias patrias; nada dispuestos, ala ver- 



XLV 

dad, á colaborar en la realización de sus 
planes liberticidas- A b uno disce omnes- 

Por lo que respecta á las atribuciones 
del Presidente de la República, que he 
dicho son también limitadas, basta pa- 
ra convencerse de ello la simple lectura del 
artículo correspondiente en la Constitu- 
ción-,; En dónde, en qué parte de ella, es- 
tá ésa, que se arroga el doctor Andueza Pa- 
lacio, de denunciar ante la Nación, y 
tratar de conjurar por cualquier medio, cri- 
minal, ó no, loque él llama voluntariamente, 
el inminente peligro que amenaza á la 
causa popular; y ala más noble de las aspi- 
raciones de la República ; á saber: la Re- 
forma de la Constitución & &, junto con la 
declaratoria de su inmediata vigencia?.. . 

Aunque en realidad existiera tal peli- 
gro, él no sería quien debiera llamar la 
atención del país acerca del particular; 
sino antesbien debía silenciarlo; pues, aparte 
de que la Constitución no le da facultad al 
guna an tal sentido, denunciándolo, se de 
nuncia el mismo como su única causa, y 
convierte así en su perjuicio toda la ani- 
mosidad que procura hacer recaer sobre 
el Congreso. 

El Doctor Andueza Palacio, en efecto, 



XLVI 



que trata de implantar á la mayor breve- 
dad posible la Reforma de la Constitución, 
empieza él mismo por violarla, al exigir, 
que como acto previo á todo, declare el Con- 
greso la inmediata vigencia, y elija luego 
Presidente y Vice Presidente de la Repú- 
blica, en votación pública y nominal, de una 
terna que todavía está por conocerse; y, que 
la viola, no es punto de duda, pues esa 
Reforma cuya vigencia inmediata exige el 
Doctor Andueza Palacio, como acto del 
Congreso previo á todo, devuelve al pue- 
blo de Venezuela el uso del sufragio direc- 
to y secreto para la elección de sus prime- 
ros Magistrados, y establece, además, por 
su artículo 137, proposición de L. Sagar- 
zazu, que es en 1894, cuando ha de entrar 
en vigencia. 

La mayoría del Congreso, compuesta 
de los hombres á quienes el doctor An- 
dueza Palacio llama: fusionistas, anar- 
quistas, impenitentes oligarcas, /acetosos, 
en fin, quiere por el contrario, y precisa- 
mente para no merecer tales dictados, que 
se acate la Constitución vigente, eligiendo 
en primer lugar el Consejo Federal, ya 
que el Congreso en virtud de esa misma 
Constitución, la Suiza, muy mala, según 



XLVII 



dicen, no dispone de otra facultad electo- 
ral para elegir únicamente Presidente de 
la República, que por medio de la elec- 
ción de dicho Consejo. 

Mala puede ser esa Constitución; pero 
las leyes deben cumplirse, no porque sean 
buenas, ó malas, sino porque son leyes. 
Quiere, así mismo, la mayoría del Congre- 
so, consecuente siempre con su respeto á 
■•la Ley de las leyes, que después de la 
elección del Consejo Federal, se atienda á 
las solicitudes de las Legislaturas referen- 
tes ala Reforma, y se acuerde la inme- 
diata vigencia, si ello resulta de la concor- 
dancia de los votos legislativos en este 
punto. 

Claro es pues, que si existe algún pe- 
ligro para la Reforma, ese peligro no es- 
tá de parte de la mayoría del Congreso, 
que la quiere por sus trámites legales; y sí 
de parte del doctor Andueza Palacio, que 
reniega con sus prácticas, verdaderamente 
oligárquicas, del partido liberal, que en- 
troniza la autocracia y centraliza el Poder 
con la Dictadura defacto que ejerce desde 
el 20 de Febrero, que restringe la liber- 
tad, que lanza por último los pueblos á 
la guerra, desapiadada y torpemente, ha- 



XLVIII 

ciendo fracasar por tanto la Reforma, aho- 
ra, y, acaso también más tarde, cuando 
pudo contenerlos en ese fatal camino, con 
un sólo acto de sumisión á la voluntad po- 
pular, con un sólo rasgo de desprendi- 
miento republicano. 

Entre ese grupo de hombres del Con- 
greso que el doctor Andueza Palacio, para 
cohonestar su tiránico proceder, llama, ca- 
lumniosamente, oligarca, están dándole 
fisonomía política, liberales como los Ge- 
nerales Joaquín Crespo, Ovidio María 
Abreu, Marco Antonio Saluzzo, León Co- 
lina, Raimundo Fonseca, José G. y B. T. 
Riera, Antonio Arangúren, Ramón Aya- 
la, Luis Sagarzazu & &; y doctores, como 
J. P. Rojas Paúl, Laureano Villanueva, J. 
M. Montenegro, P. M. Febres Cordero, 
Víctor M. Mago, F. E. Bustamante, R. 
López Baralt & &: espadas y plumas 
todas ellas de la Federación pasada y de 
la Federación porvenir; y no puede ser 
sino obra de la misma obsecación, que ha 
conducido al doctor Andueza Palacio, á 
cometer el funesto error de la Usurpación, 
llamar oligarcas, á esos beneméritos ser- 
vidores de la causa liberal, muy mucho 
más que él, que no le ha prestado á esa 



XLIX 

Causa ningún servicio importante, que yo 
sepa. 

Ninguno de esos hombres ha matado, 
ni pretendídolo siquiera, el primero y 
más fundamental de las cánones de la Re- 
pública democrática: laalternabilidad en el 
ejercicio ele los poderes públicos; pero, en 
verdad, que tampoco ninguno de ellos se 
ha apellidado nunca: defensor de los fue - 
1 ros y privilegios de las Municipalidades, 
fuente perenne de autoridad en los Gobier- 
nos democráticos, para luego, so pretexto 
de defender esos fueros y privilegios, al- 
zarse con el Poder, viciar la autoridad, é 
irrogar al país la gravísima ofensa de cre- 
erlo capaz de apoyar con su opinión tan 
artera conducta. 

El doctor Andueza Palacio, encargán- 
dose él mismo de justificar el proceder de 
la mayoría del Congreso, ante los nueve 
Grandes Estados de la Federación y los 
pueblos de la República, con su Manifies- 
to, fecha 14 de Marzo, ha incoado de pro- 
pia mano el proceso de su crimen de re- 
belión contra la Constitución y leyes 
vigentes de la República, y entregádose 
personalmente á la vindicta pública. 

-7- 



i Con cuánta razón escribió el desgra- 
ciado Egard Alian Póe, que el criminal, 
se denuncia él mismo; y, como tal ha he- 
cho el doctor Andueza Palacio, el país, sin 
temor ya de equivocarse, va á juzgarle y 
sentenciarle sin apelación, ó todo senti- 
miento de moralidad, justicia y patriotis- 
mo ha muerto en Venezuela ! 

A su avenimiento al Poder, el doctor 
Andueza Palacio encontró el país, próspe- 
ro, respetado en el exterior, tranquilo y 
feliz en el interior; gozaba, así, de inmenso 
y provechoso crédito en los mercados ex- 
tranjeros, cual ninguna otra Nación de 
América; y las ciencias, las artes, el co- 
mercio, la agricultura, las industrias, bri- 
llaban en la cornucopia de oro de un in- 
cuestionable progreso, como frutos bende- 
cidos de la paz nacional, y del ingenio y na- 
tural amor al trabajo de todos sus hijos. 

¿Cómo lo dejará cuando el ciclón revo- 
lucionario lo lance fuera del país? Da tris- 
teza pensarlo. Atrasado, infeliz, sin cré- 
dito, y corrompido, acaso, por la guerra ci- 
vil; perdidos sus hábitos de trabajo; y en 
la necesidad de emprender de nuevo la 
via dolorosa de sus conquistas sociales y 
políticas, por donde transitó tantos años. 



ff 



LI 



cayendo aquí, levantándose allá, ensan- 
grentado y escarnecido, hasta llegar á la 
altura de donde le arroja hoy la ambición, 

y la avaricia del peor de sus hijos 

Dice don Justo Arosemena en sus 
"Estudios Constitucionales sobre los Go- 
biernos de la América Latina"— "los que 
inconsideradamente propenden á reformas 
sugeridas por la imaginación ó por la im- 
paciencia de ver en su tiempo formuladas 
las instituciones que corresponden á la 
posteridad, se hallan condenados á los más 
crueles desengaños presenciando los .es- 
tragos que el vendabal revolucionario ha- 
ce en aquellas plantas exóticas, arranca- 
das al fin para preparar y resembrar la tie- 
rra que no le era propicia." Y Julio Si- 
món: "Se empieza por una reforma legí- 
tima, y se corre el riesgo de bañarse los 
pies en sangre al cabo de algunos meses",.. 
Yo digo: se empieza una reforma cu- 
yo móvil principal no es la felicidad de un 
pueblo, sino antes bien la de uno ó algu- 
nos hombres cuando más; se logra sobre 
el particular engañar la credulidad pública 
al principio, y hasta se alcanza hacerla 
contribuir inconcientemente al desarrollo 
del egoísta plan; pero de súbito, poruña 



LII 



de tantas circunstancias inesperadas, un 
Congreso inteligente y digno, por ejemplo, 
se manifiesta el engaño y se hace públi- 
co— ¡guay entonces del reformista falaz, sino 
retrocede á tiempo en el mal camino em- 
prendido, desistiendo patriótica y cuerda- 
mente de su propósito, porque una de dos 
cosas habrán de acontecerle : ó á pesar de 
todo triunfa é impone su voluntad, y no por 
eso dejará de ser maldecido: ó pierde, y 
no logra implantar nada, y en este otro 
caso le espera la picota del ridículo, el ca- 
dalso del traidor, ó el suicidio del deses- 
perado. 

El Doctor Andueza Palacio no ha que- 
rido retroceder oportunamente en la vía 
por donde persigue temerariamente un 
ideal irrealizable, apesar de las adverten- 
cias y consejos amistosos que se le han 
hecho con ese objeto, y fuerza será, así, 
que cargue un día con el ponderoso fardo 
de una responsabilidad abrumadora para 
su conciencia, y deshonrosa para su nom- 
bre. 

Respecto á la falsa doctrina federal 
que sustenta el Doctor Andueza Palacio 
en su Manifiesto, para atribuirse la facul- 
tad de realizar por sí solo la reforma, y de 



Lili 



la cual se desprende que el Poder residi- 
ría alternativamente en la Nación y en los 
Estados, según y conforme á aquella y á 
estos conviniera, opongo el siguiente ra- 
zonamiento: Sustentar tal doctrina es des- 
conocer la idea de la Federación y los 
fundamentos en que se apoya su sistema, 
sin duda alguna, el más razonable y natu- 
ral de cuantos sirven á agrupar á los hom- 
bres, formando esas colectividades políticas, 
más ó menos grandes, y más ó menos li- 
bres y felices, que se llaman nacionalida- 
des-puesto que la Federación es apli- 
cable á cualquiera forma de Gobierno, y 
á cualquiera agrupación, grande ó peque- 
ña, fuese esa agrupación la de los hombres 
todos que pueblan el orbe. (Pi y Margall) 

Como el estudio de la idea de la Fe- 
deración, y los hechos en que se funda, 
me conduciría á una larga disertación, ex- 
traña á mi propósito, me contraeré úni- 
camente á dilucidar la parte de derechos, 
que por el Pacto que se llama Federación, 
se reservan los grupos que entran en él, 
á él sujetos, y cuál la que ceden. 

De una vez, se puede decir, que ceden 
ó sacrifican de sus derechos, lo que les es 
común con los otros grupos que entran 



LIV 



en el Pacto; y conservan lo que les es pro- 
pio, esencial, autonómico, inalienable hasta 
cierto punto; y esta cesión, que si volunta- 
riamente no se hiciera, la impondría la ne- 
cesidad de la vida colectiva, está fundada 
en hechos de observación diaria, que son 
como la esencia misma del hombre, de la 
familia y de la sociedad. 

Pi y Margall, dice a este respecto: "Las 
sociedades tienen, á no dudarlo, dos círcu- 
los de acción distintos: uno en que se mue- 
ven sin afectar la vida de sus semejantes, 
otro en que no pueden moverse sin afectar- 
la. En el uno son autónomas como el 
hombre en su vida de relación con los de- 
más hombres. Entregadas á sí mismas, 
así como en el primero obran aislada é in- 
dependientemente, se conciertan en el se- 
gundo con las sociedades cuya vida afec- 
tan, y crean un poder que á iodas las re- 
presente, y ejecute sus comunes acuerdos." 
"Entre entidades iguales no cabe en 
realidad otra cosa; así la federación, el pac- 
to, es el sistema que más se acomoda á 
la razón y á la naturaleza." 

Los pueblos, pues, al confederarse, sa- 
crifican, así, una parte de sus poderes, y 
se reservan otra; y en ningún tiempo se 



LV 



podrá sostener que se reservaron ni más 
ni menos de lo que convinieron; más, por- 
que ello amenguaría el Poder central: me- 
nos, porque ello disminuiría el de los Esta- 
dos, manteniendo constantemente la Re- 
pública en un vaivén incesante de intere- 
ses, y pretensiones opuestas, que habrán 
de acarrear á la larga su pérdida. 

De aquí nace, la necesidad de que en 
el pacto se estatuya con entera precisión 
y claridad, cual es la parte de poderes 
que corresponde á la Nación en calidad de 
delegados, y cual á los Estados, para que 
en ningún caso pueda la ley particular so- 
breponerse alas federales, ni éstas á aque- 
lla: y de que se pongan trabas á la absor- 
ción del uno por los otros poderes, y vice- 
versa; sin que esto excluya la posibilidad 
de una reforma del pacto con arreglo á un 
procedimiento, que también habrá de es- 
tatuirse, y se estatuye siempre de antema- 
no, y al cual se podrá apelar llegada la 
ocasión de una reforma, ó simple enmien- 
da cualquiera. 

Todo lo que no ha sido delegado es, así, 
délos Estados; todo lo que ha sido dele- 
gado es de la Nación: y entre todas las de- 
legaciones populares, ninguna como la 



LVI 



que ejercen los representantes de la auto- 
nomía y de la población de los Estados, 
en el Congreso de la Nación, tanto por 
la esencia misma de la institución, como 
por la extensión y trascendencia que tiene 
esa delegación, no limitada siquiera por 
mandato alguno expreso ó imperativo de 
ningún género. 

En estos principios descansa la Fede- r 
ración en todos los pueblos en donde 
existe, y descansaría la misma Federación 
universal, si fuera posible, menos, al pare- 
cer, en Venezuela, en donde el Doctor An- 
dueza Palacio, se ha propuesto crear una 
especial, ad koc, acomodaticia al caso con- 
creto de la Usurpación, y como medio de 
justificar su proceder con la mayoría del 
Congreso, y desvirtuar, por ende, el adop- 
tado por ésta en remedio del atentado que 
la disuelve, envolviendo al mismo tiempo 
al país en la guerra civil. 

En nuestra República, en donde como 
he dicho más atrás, no existe mandato al- 
guno imperativo que cumplir en aquella 
parte de la delegación de la soberanía po- 
pular que constituye el cargo de senador 
ó diputado, no queda á los pueblos dele- 
gantes, en caso de no convenir con lo re- 



LV1I 



suelto por los delegatarios, otro recurso 
legal para mostrar su desagrado, que el 
retiro de credenciales; y ésto, únicamente, 
durante los períodos eleccionarios, y en la 
forma y por los trámites que pautan las 
leyes. 

Cualquier otro procedimiento que se 
adopte, aun que sea por el mismo pueblo, 
*es revolucionario, y ocasionado á grandes 
peligros para la República; cuanto más, 
si quien lo adopta es un hombre que sos- 
tituye la sana doctrina federal admitida 
umversalmente, por su criterio pervertido, 
disfrazado del pomposo nombre de crite- 
rio liberal 

De puro derecho constitucional, y de 
clara doctrina federativa es pues, todo lo 
que la mayoría del Congreso hiciera para 
oponerse á la realización de la Usurpación; 
y todo lo que en contrario dice en su Ma- 
nifiesto el doctor Andueza Palacio, es ar- 
bitraria invención de su parte. 

Nádala justifica, así, hasta hoy, ni nada 
la justificará mañana; ni aun siquiera que 
de ella se hubieran derivado grandes bie- 
nes para el país, que no podrían ser sino 
aparentes, pues nunca el mal engendró otra 
-8- 



Lvín 



cosa que el mal mismo. Y no será, tampo- 
co, parte á excusarle de la tremenda res- 
ponsabilidad que le apareja la Usurpación, 
ía. entrega del Poder, que urgido por la 
traición, y los progresos de la revolución, 
que pronto tendrá á las puertas de Cara- 
cas y en su propio palacio, pudiera ha- 
cer mañana en manos tan usurpadoras co- 
mo las suyas, si ya no fuere ante un Con- 
greso ó Convención cid hoc. 

No, entonces será ya tarde: corre la 
sangre venezolana en el Guárico, en Za- 
mora, en Los Andes, en Carabobo, en el 
Zulia, sin que nadie, ni nada pueda á estas 
horas contenerla: corre y correrá aún en 
abundantes arroyos por toda la Repúbli- 
ca; y esa sangre necesita ser rescatada, y 
se rescatará á cualquier precio, para que 
pueda en los campos que la han recogido, 
servir de simiente á una paz duradera, y 
de estímulo á un progreso fecundo 

Pero oígase lo que el Doctor Andueza 
Palacio dice en su Manifiesto, acerca déla 
entrega del Poder que cree constitucional 
aún, y en cuyas postrimerías presiente una 
catástrofe—" Toca ya á su termino el pe- 
ríodo de mi mandato constitucional: a la 
vista está el puerto de la anhelada felici- 



LIX 



dad ; pero en la prora de la nave diviso 
el escollo sombrío que amenaza despedazar- 
la, y me corresponde llamar en sn auxi- 
lio todas las fuerzas vivas de la Agadón" 
Esta frase es clamor de la conciencia, que 
tarde le advierte el crimen cometido y po- 
ne miedo en su ánimo. Pues bien, esas 
üierzas están ya en actividad, en toda la 
República, y se moverán respondiendo al 
llamado del experto^timonú que solo en la 
prora de la nave ha visto el escollo som- 
brío que amenaza despedazarla; pero pue- 
do asegurar, que al mismo tiempo que sal- 
varán la nave, hundirán al timonel en los 
abismos del mar 

No se necesita ser profeta para ver es- 
to con claridad : es la historia de todos los 
reformistas de la índole, tendencias y ca- 
rácter del doctor Andueza Palacio, en paí- 
ses como Venezuela en donde el senti- 
miento del amor á la Patria, se sobrepone 
á toda consideración de egoísmo personal, 
cuando en circunstancias como la presente, 
ve con claridad que peligran sus institu- 
ciones, y con ellas el resorte de su vida po- 
lítica, y de su tranquilidad social. 

La República triunfará, no hay duda, 
del Usurpador; y entonces, si que los 



LX 



grandes ideales de la Gloriosa Revolución 
Liberal Rchabilitadora serán cumplidos por 
sob)'e todos los manejos, incidías y arterias 
del enemigo común, que en realidad no 
es otro, que el protervo personalismo que 
impera en la Casa Amarilla, engalanado 
con el brillante y seductor ropaje de los 
principios que proclamó la gloriosa revo- 
lución de Julio de 1888. 

Dejara yo al doctor Andueza Palacio 
empinarse libremente sobre la Reforma, 
Tabor á lo que parece para él, de Trans- 
figuración política; y, aún viérale con indife- 
rencia remontarse desde allí al cielo de la 
gloria, si le creyera sincero y capaz de re- 
presentar en Venezuela el papel de verda- 
dero Cristo de la Redención de la Patria ; 
pero el Cristo no será él, sino el país en- 
tero, á cuyo lado él no ha representado 
ahora otro papel que el de un Satanás de 
Perdición. 

Para engañarle, para arrastrarle hasta 
la altura desde donde pretende hoy ha- 
cerle caer, le presenta como fianza de la 
sinceridad de su proceder, las ejecutorias 
imaginarias de los dos años de su Admi- 
nistración; y, así, aspira á que el país le 
crea, y le acompañe á realizar el maravi- 



lxi 



lioso porvenir que le prepara 

En tal virtud, asevera el doctor Andue- 
za Palacio en su Manifiesto: que duran- 
te su Administración, no se ha disparado 
ni un solo tiro, ni se ha quitado un solo pe- 
lo á las grandes dehesas de nuestros llanos. 

¿Por qué iba á suceder nada de eso, si 
él encontró el país en paz, y á grito herido 
no le ha pedido otra cosa, por boca de sus 
mil voceros en el Parlamento y en la Pren- 
sa, desde que se fundó la oposición al con- 
tinuismo, en Marzo de 1891, hasta la fecha, 
sino es que lo dejara seguir adelante, como 
iba, desarrollando sus múltiples y variadas 
fuentes de riqueza natural, aumentando 
sus conocimientos, y mejorando sus cos- 
tumbres? 

¡Acaso, en plena paz, evidente progre- 
so y notable civilización, se fusila, ni se 
arruina á nadie! Hubiera dicho: encontré 
el país en estado de guerra, y le he devuel- 
to=la paz, arruinado, y le hecho feliz- ¡ved, 
pues, cuánto seré capaz de hacer todavía 
por él '.-hubiera dicho ésto, y con razón as- 
piraría á la confianza pública de que pare- 
ce estar tan satisfecho. 

Que 110 se ha 'Perseguido ningún parti- 
do político. -Puede decirse que en Venezue- 



LXII 

la no existe hoy sino un solo partido: el 
liberal. El otro, el llamado oligarca, sin 
programa conocido, sin cátedra y sin pren- 
sa, no lucha; y, así, no vive.. .¿Qué partido 
quería pues perseguir el Doctor Andueza 
Palacio? ¿ El liberal, siendo él tan gran li- 
beral, como dice que és?- Acaso ha queri- 
do referirse al guzmancismo; pero, éste, 
aceptando que sea un partido aparte y no 
una fracción del liberal, con su conducta 
no ha dado motivo averiguado á perse- 
cución alguna; y, por el contrario, me cons- 
ta, que ha sido halagado para hacerlo cóm- 
plice en el crimen del continuismo. — No 
ha habido, pues, partido que perseguir; y 
no hay, así, mérito en decantar que no se 
ha hecho una cosa, cuando materialmente 
no se ha podido hacer. 

Que nuestro crédito ha holgado hasta 
cbtener una rata nunca vista en los merca- 
dos nacionales y extranjeros. -Muy cierto; 
pero ello ha sido un beneficio de la paz na- 
cional, á cuya soaibra se ha desarrollado 
gradualmente la agricultura, prosperado las 
industrias, ensanchádose el comercio inte- 
rior y exterior. 

Así desde que se empezó á decir dentro 
y fuera del país que el continuismo era un 



LXIII 

hecho, y que preferible era la guerra á las 
consecuencias morales y materiales de se- 
mejante orden de cosas, nuestro crédito» 
empezó á bajar, hasta el punto de no ob- 
tener hoy rata alguna, por la sencilla razón 
de que ya no se negocia con él; y en la 
angustiosa situación económica, que ac- 
tualmente aflige, tanto al Gobierno, como- 
ai comercio y á los particulares, el doctor 
'Andueza Palacio, ha llegado á proponer,, 
sin éxito, á los Bancos de Caracas, que 
suspendan por algún tiempo el cambio de 
billetes, á fin de hacerlos d¡e circulación 
forzosa ¡El papel moneda! .... Si es- 
to no es ya la bancarrota de un país, no se 
que otro nombre pueda dársele. 

Que por primera vez el audaz usurpa- 
dor inglés y ha sentido sobre su pecho la ma- 
no de nuestra policía.— Nada sabe el país de 
esa enérgica actitud de los guardianes de su; 
seguridad pública. En cambio sabe que 
el audaz usurpador inglés, no ha cejado 
un punto en su propósito de adueñarse de 
todo el territorio guáyanos;, y que, además 
de esa espina, que tiene clavada en el co- 
razón el doctor Andueza Palacio, desde 
que subió á la Presidencia, ahora se le ha 
clavado otra : el fallo arbitral de la Reina 



LXIV 

de España desfavorable para Venezuela! . . 

Que todos los derechos en fin, todas las 
garantías, y todas las libertades, han teni- 
do la más profunda veneración por parte- 
de su Gobierno. 

¡ Oh santa probidad, la misma con que 
arrojó, indignado, en su célebre fórmula de 
transacción con la mayoría del Con- 
greso cuando vio que no la constituían 
hombres de principios, el fantasma del 
continuismo, sobre la frente de sus autores! 

¡ Derechos ! -¡ Garantías ! - ¡ Libertades ! 
j H abrase visto mayor descaro, ni más irres- 
peto para mentir!-; Derechos !-¡ Garantías! 
¡Libertades!- Sí, no hay duda, de todo eso 
habla el Doctor Andueza Palacio en su 
Manifiesto, olvidado, quizá, de que no ha 
habido derecho durante su Administra- 
ción, que no haya sido hollado por sus pies, 
y escarnecido por su Prensa; garantía, que 
no haya sido violada y suprimida; libertad, 
en fin: de pensar, de escribir, de hablar- 
que no ande oculta ó encarcelada 

¡Libertades! -una sola, de entre tantas 
como le han sido arrebatadas, desearía te- 
ner hoy el pueblo de Venezuela, la de 
poder echarle mano al cuello, no al pecho 
del Doctor Andueza Palacio, su triste Ti- 



LXV 



rano de hoy, como lo hiciera la policía con 
el audaz usurpador inglés, sino más 
eficazmente, para, en castigo de su gran cri- 
men, sentarlo en el banco de los acusados 
de Alta Traición, y aplicarle luego la pena 
que de antemano le tiene señalada el Có- 
digo Penal. 

- 

Para eso se necesita, que la Legalidad 
a triunfe primero de la Usurpación; el De- 
recho, de la Fuerza; la Virtud, del Crimen; 
un país entero, bueno, generoso y valiente, 
de un sólo hombre, poderoso y malo. 

Entre tanto brilla en el cielo de la pa- 
tria el claro y bello día de la reparación 
nacional, que no está lejos— ¡oh santa ira 
popular, despierta; y no olvides, que tu pu- 
siste un arma suicida en manos de Bal- 
maceda, colgaste de Jas torres de la cate- 
dral de Lima á los hermanos Gutiérrez, 
diste de puñaladas á García- Moreno, sobre 
|¿is gradas de su propio palacio, y expul- 
saste, por fin, y para siempre, á Guzmán 
Blanco. 

¡Et sic semper tiran nis! 



9— 



LXVI 

Léase ahora el Manifiesto. 

Dcctor I\. "Andueza [-alccioj 

Presidente constitucional de los Estado» Uni- 
dos de Venezuela, á los nueve Grandes Estado» 
de la Federación y á los pueblos de la República.- 

COMPATRIOTAS! 

Cumpliendo un solemne deber como Presidente de 
la Unión; en resguardo de las tremendas responsabi-< 
lidades del porvenir como conductor de la Gran Re- 
volución Liberal Rehabilitadora; y como el primero y 
más celoso Guardián de la Soberanía autonómica de- 
les Estados, y de los fueros y privilegios de las Muni- 
cipalidades, fuente perenne de autoridad en los Go- 
biernos Democráticos; vengo á denunciaros el inmi- 
nente peligro que amenaza la causa popular y la más- 
noble de las aspiraciones de la República, á saber: la 
Reforma de la Constitución sancionada por el ultimo- 
Congreso y por las Legislaturas de los Estados en sus 
pasadas sesiones, y la declaratoria de su inmediata 
vigencia; 

Toca ya á su término el período de mi mandato' 
constitucional; á la vista está el puerto de la anhelada 
felicidad; pero en la prora de la nave diviso el escollo 
sombrío que amenaza despedazarla, y me corresponde,, 
como al timonel, llamar en su auxilio todas las fuerzas 
vivas ele la Nación. 

La más terrible catástrofe se prepara sigilosamente- 
á la Causa Liberal, en que ha de perecer la Federa- 
ción con sus grandes conquistas y sus generosas aspi- 
raciones ; porque un grupo de hombres en el mismo 
seno de ia Representación Nacional, por ambiciones. 



LXVII 

personales unos, por odio al Gran Partido Liberal, 
otros, promueven la tercera y más inmoral de las fu- 
siones, que, como las de 58 y 68, cubriría la República 
de sangre, de ruinas y de desolación. Grupo sinies- 
tro, enjendro híbrido de la más desenfrenada ambi- 
ción y del más antipatriótico de los propósitos. 

Ni puedo, ni debo aceptar las responsabilidades 
que me aparejaría ante la Nación y ante la historia, 
una debilidad y una cobardía en el peligro que amena- 
za la República ; y por eso quiero decirla y denunciar- 
la desde la alta cumbre de su primera Magistratura, 
•que la fusión y la anarquía amenazan destruir la obra 
de los sacrificios de los pueblos. 

Votado por el anterior Congreso el Proyecto de 
Constitución sin una sola protesta ni un voto salvado, 
de los mismos que hoy se conjuran para un nuevo 
aplazamiento de su vigencia y una burla más á las as- 
piraciones populares, fué sometido á las Legislaturas 
de los Estados, de las cuales ocho lo aprobaron sin 
alteración alguna por unanimidad, y siete han pedido 
su inmediata vigencia. 

. Ratificado por casi todas las Municipalidades de la 
República por expontáneos y patrióticos Acuerdos, 
viene también ungido con el óleo de la opinión popu- 
lar, en lujosísimas manifestasiones que forman ya el 
LfBro Sagrado del querer de los pueblos y de la Na- 
ción, y al Congreso no toca, según el mandato expreso 
constitucional, sino ser el simple escrutador de la vo- 
luntad de los Estados, libremente expresada, para de- 
clarar su inmediata vijencia, si resulta aprobado por la 
mayoría de las Legislaturas, y en seguidas proceder á 
elejir el Magistrado que ha de ponerlo en actividad. 
Un grupo de hombres, cegados por la y ambición, no 
tiene poderes legales para oponerse al voto constitu- 
cional de ocho Estados, al voto de las Municipalida- 



LXVÍII 

des de la República, al voto hasta del último de los 
pueblos, y hasta á su propio voto, con el cual fué san- 
cionado ese Proyecto en las sesiones pasadas del 
Congreso- 

De otro modo resultaría el absurdo de que, elegido 
el Consejo Federal y el nuevo Presidenre ápriori, y de- 
clarada la inmediata vijencia de la nueva Constitución 
tí posiañori, tendríamos un Cobierno con Consejo Fe- 
deral, Cuerpo eliminado por las nuevas instituciones, 
ó mejor, el caos político y administrativo, en cuyas 
sombras medrarían el desconcierto, la instabilidad y lá 
anarquía. 

Yo niego en absoluto al Congreso, en nombre de 
las prácticas federativas y de la más avanzada doc- 
trina democrática la facultad de oponerse al voto de 
los Estados, que son la base poderosa de la Federa- 
ción: al querer de las Municipalidades y de los pue- 
blos, que en unánime concierto piden á sus mandata- 
rios la inmndiata vigencia é implantación de la nueva 
Carta Fundamental. 

Es regla universal del Derecho que el mandatario 
ha de sujetar sus gestiones á las instrucciones de su 
mandante, y es principio incontrovertible del más puro 
y radical liberalismo que, el mandante, es á todas 
horas dueño de revocar los poderes de su Mandatario. 

El Congreso, pues, tiene en el presente caso una 
soberanía limitada por el voto expreso y autoritativo 
de los Estados, de los Municipios y los pueblos que 
se reservan siempre por mandato constitucional la So- 
beranía inmanente; y desde que aquel Alto Cuerpo 
extralimite sus poderes ó bastardee la naturaleza de 
su mandato, ejerce una autoridad usurpada á los 
pueblos y por consiguiente nula é ineficaz. 

El punto Constitucional no puede ser más claro, 
sencillo y evidente en favor de los pueblos, y los Di- 



LXIX 

pulados y Senadores no pueden legitímente apartarse 
del criterio liberal. 

CONCIUDADANOS! 

Los grandes ideales de la Gloriosa Revolución Li- 
beral Rehabilitadora serán cumplidos por sobre todos 
Jos manejos, insidias y arterías del enemigo común, la 
impenitente Oligarquía. La Reforma de la Constitu- 
ción que fabricó la autocracia para sus bochornosas 
especulaciones, y la devolución de su autonomía á los 
once Estados que aún se retuercen entre cadenas, sus- 
>pirando por la libertad, coronarán los honrados esfuer- 
zos de esta Administración que aspira á dejarlos reali- 
zados como único premio de sus patrióticas labores. 

COMPATRIOTAS! 

En la Eminencia de la Suprema Magistratura, soy 
y seré el primer guardián de la Constitución y de las 
leyes, de vuestras garantías y de vuestros derechos, el 
vigilante centinela de la paz, y el incansable luchador 
por las libertades públicas ; y nunca, jamás, permitiré 
que la bandera liberal, la de las gloriosas conquistas de 
la civilización y del progreso, sea vilipendiada, venci- 
da y humillada por sus tradicionales enemigos. 

CONCIUDADANOS ! 

La época ignominiosa déla Autocracia, ha pasado 
para siempre: yo no aspiro á fundar un Gobierno per- 
sonal, del cual me alejan mis severas convicciones re- 
publicanas, y juro, que ni acepto ni aceptaré ni aún 
per la imposición de la fuerza un nuevo período cons- 
titucional, que eso sería una vergüenza para la Patria, 
y una- iranchá-indeleble para la Causa Liberal. Sólo 
aspiro á reivindicar la autonomía de los veinte Esta- 
dos de la antigua y gloriosa Federación, y á devolver 



LXX 

al pueblo el sufrajio universal, directo y secreto, para 
la elección de sus Primeros Mandatarios. 

CONCIUDADANOS! 

En el camino de la paz, suprema necesidad y as- 
piración de los pueblos, he llegado hasta la abnegación 
más completa y hasta la absoluta prescindencia de mi 
persona. Apelé al patriotismo de los diversos círculos 
de oposición y una mayoría de ellos se muestra obse- 
cada é intransigente contra la voluntad de los pueblos., 

He aquí la fórmula patriótica que les propuse para 
llegar al término definitivo del proceso y establecer y 
asegurar la paz Nacional y el imperio del principio de 
alternabilidad. 

i? Los círculos todos que constituyen la oposición, 
darán un Manifiesto á la República declarando: que 
en homenaje á la voluntad de los Estados manifestada 
por los acuerdos de las Legislaturas y Municipalida- 
des, y por las manifestaciones de los pueblos, como acto 
previo á todo, declararían la inmediata vigencia de las ins- 
tituciones sancionadas por el último Congreso y apro- 
badas por las Legislaturas en sus últimas Sesiones. 

2 o El Congreso elegirá el nuevo Presidente de la 
República y el Vicepresidente de una terna presenta- 
da por mí y en votación nominal y pública. 

3? Celebraría un acuerdo declarando que el Con- 
greso y las Cortes Nacionales, quedaban subsistentes 
hasta el término de su período legal, y , 

4? Prohibida la reelección del Presidente y Vice- 
presidente nombrados por el Congreso en las eleccio- 
nes populares. 

Asi quedaría muerta en la conciencia pública toda 
idea de usurpación. 

Esa fórmula no fué aceptada por la mayoría de la 



LXXI 

oposición y sólo los liberales, con algunas excepcio- 
nes, miembros de ella, la acogieron patrióticamente. 

Queda pues en evidencia que esa mayoría dé la 
■©posición no defiende principios sino intereses perso- 
nales, y que el decantado Continuismo, fantasma con 
que han querido sorprender la buena fe de los pue- 
blos, es una invención calumniosa, que yo devuelvo en 
la sanU in.lignació.i d¡ mi probidad, arrojándola so- 
bre la frente de sus autores. 

, Y llega á tal extremo la pasión insana y el ardien- 
te deseo de lanzap el país en. la' vía dolófosa de la 
guerra, con todos sus horrores, que se sabe que esa 
mayoria fusionista de la oposición, tiene preparada una 
protesta contra cualquier medida que tome el Gobier- 
no Nacional, en resguardo de la salud pública, como 
para que sirva de pretexto ó de bandera al General 
Crespo en sus propósitos de rebelión. 

COMPATRIOTAS! 

Os presento, como fiansa de mi palabra, los re- 
sultados de los dos años de la Administración que me 
ha tocado presidir, y reclamo la insólita honra de ser 

ESTE EL PRIMER PERÍODO CONSTITUCIONAL DES- 
DE LA CREACIÓN DE LA REPÚBLICA EN 1830, C/l que UO 

se ha disparado un tiro en todo su territorio, en que no se ha 
quitado ni un pelo á las grandes dehesas de nuestros Lla- 
nos ; en que no se ha perseguido á ningún partido po- 
lítico, en que nuestro Crédito ha holgado hasta obte- 
ner una rata nunca vista en los mercados nacionales y 
extranjeros, en que, por primera vez, el audaz usurpa- 
dor inglés ha sentido sobre su pecho la mano de nues- 
tra policía, que le ha dicho en nombre de la soberanía 
nacionall: "detente! "y en que todos los derechos, 
todas las garantías y todas las libertades, han tenido 
la más profunda veneración por parte del Gobierno. 



LXXII 

El camino de éste, es de hoy más, franco y expe- 
dito : la Reforma de la Constitución, su inmediata vi- 
gencia, la reconstitución de los veinte Estados de la 
Federación, la devolución á los pueblos del derecho 
de sufragio ; y para realizar estos ideales, la más se- 
vera y patriótica energía. 

Yo espero que el Congreso cumplirá sus solemnes 
deberes ; pero si las ambiciones impacientes de algunos 
liberales, en nefanda fusión con las terribles pasiones 
oligarcas, tratasen de ahogar en la grita de sus intere- 
ses particulares la voz de la Nación, los pueblos más« 
grandes, más fuertes, y más patriotas qne sus manda- 
tarios, se verán en la imperiosa necesidad de tomar 
por propia mano lo que les niega la mezquindad de sus. 
Representantes. 

CONCIUDADANOS! 

Para sostener los fueros y la soberanía de los Es- 
tados, para devolverles su autonomía, para mantene r 
la paz pública, hago un patriótico llamamiento á to- 
dos los hombres de buena voluntad; pero especial y 
señaladamente, á los viejos soldados de la Federa- 
ción, á los Liberales, mis amigos y hermanos en la 
santa causa de los pueblos, aquellos que han conquis- 
tado con sus esfuerzos, con sus sacrificios y con su san- 
gie, todas las libertades y garantías, bajo cuya som- 
bra sen insultados hoy, por sus contumaces enemigos. 

COMPATRIOTAS! 

Os denuncio como faccioso el grupo de anarquis- 
tas que en el seno mismo del Parlamento se han de- 
clarado en abierta rebeldía contra el querer popular, y 
que han logrado sorprender ti patriotismo dtl señor 
general Crespo, el infortunado caudillo de la última 
revolución armada que ha ensangrentado á Yenezue- 



/ 



LXXIII 

la, y que parece ser la cabeza visible de la nefanda 
fusión, 

El señor General Crespo que ha vivido tranquilo, 
consagrado á sus trabajos durante mi Administración, 
rodeado del respeto, délas garantías y de las conside- 
raciones del Gobierno, en lugar de venir á llenar sus 
deberes, como Senador de la República, ha lanzado un 
manifiesto en que se declara enemigo de las Autono- 
mías y de la inmediata vigencia de la nueva Consti- 
tución. 
j Ninguna sensación ha causado en los pueblos la 
palabra del señor General Crespo que apenas repre- 
senta una personalidad más en las clareadas filas de la 
oposición, porque esta Actualidad política no está á 
la irícrccd de un caudillo ensimismado que se mani- 
fiesta superior á la voluntad popular, y á todos y á cada 
uno de sns conmilitones. 

COMPATRIOTAS! 

Me siento fuerte por el apoyo de la opinión en los 
Estados y en todos los pueblos de la República, para 
llevar á cabo la obra que habéis encomendado á mí 
patriotismo ; y os prometo bajo la fé de Magistrado y 
de liberal, que no cejaré en la contienda, cualesquiera 
que sean sus peripecias y peligros, hasta coronar con 
la más espléndida victoria, el supremo ideal de las 
aspiraciones populares. 

R. ANDUEZA PALACIO. 

Caracas: 14 de marzo de 1892. 



Ya de noche trajo el doméstico La 



Opinión Nacional. 

— 10 — 



LXXIV 

En ella aparecían publicados con sus 
correspondientes comentarios, el Manifies- 
to del Usurpador, y la Protesta del Con- 
greso, titulada.- "A la Nación y á los Es- 
tados de Venezuela;" lo mismo que el "Al- 
cance" á dicho documento. 

Otro tanto debió hacer probablemente 
El Pueblo, órgano también importante de 
la política dictatorial^ redactado sub umbra,. 
por el señor Pedro Sederstrong, y por el 
señor Doctor Sebastián Casañas, aunque 
sub so/ew, tuviera otros redactores. 

Y ahora que se me viene á la mano 
estampar aquí los nombres de estos dos 
periódicos— ¡cuántas cosas diría de ellos, 
en el tono de la más justa represalia, por 
todos los juicios desfavorables y crueles 
invectivas conque nos han tratado hasta 
el presente y nos tratarán todavía; sino 
fuera, que al primero lo ampara un recuer- 
do amistoso, y al segundo lo pinta bien 
el papel que están jugando en la política 
del día, sus anónimos redactores! 

Diré, no obstante, que La Opinión Na- 
cional tiró esa noche dos ediciones: una 
contentiva de los referidos "Manifiesto" y 
"Protesta": otra con sólo el "Manifiesto", 
que fué la enviada á los Estados. 



LXXV 

Una cosa para la Capital. 

Otra para los Estados. 

Con la prensa y el telégrafo á la abso- 
luta disposión del Gobierno, no le ha sido, 
así, difícil mantener las nueve décimas par- 
tes de la República constantemente enga- 
ñada; acerca de todos los acontecimiento? 
que se han verificado de dos años á esta 
parte. 

Quedaba á la oposición el recurso de 
la correspondencia privada; pero desde el 
día en que el general Ramón Ayala, á 
principios de las Sesiones del Congreso 
de 189 í, denunció el continuismo en la Cá- 
mara de Diputados, apoyado en la violación 
de su correspondencia, ni un sólo día ha 
dejado el Gobierno de invijilar la estafeta. 

Quien no sabe fingir no sabe reinar, 
había dicho, el primero, el cristianísimo 
Luis XI. 

Dividir para reina?', agregó el céle- 
bre secretario florentino Maquiavelo. 

Engañar para continuar, han dicho, á 
su turno, Andueza y Casañas; y, á fé, que 
llevan el arte hasta la más refinada perfec- 
ción. 

Durante el día se han hecho numero- 
sas prisiones de particulares, pues en nin- 



LXXVI 



gimo otro de nosotros, senadores y dipu- 
tados, se han podido poner. 

A estas horas el que haya podido salir 
de Caracas, debe de estar ya ocupando 
puesto en las filas de la Revolución. 

Los que como yo, son objeto de una 
vigilancia especial, aguardan con ansiedad 
mejor ocasión para hacer otro tanto. 



t4A4-44444444444444444 444444444414* »»*A4 44444 >444A 

I^A PROTESTA DE LOS 46 

IV 

[6 ele Marzo. 

Todavía ignoro el día en que empezó 
á circular en Caracas, ostensiblemente, la 
Protesta del Congreso. 

Impresa con anticipación y con el ma- 
yor trabajo, en previsión del Golpe de Es- 
tado, y de la dispersión de Senadores y 
Diputados, que había de ser su primera con- 
secuencia, nunca me felicitaré lo bastante 
por haberme apersonado yo en el asunto, 
hasta dejarla en disposición de circular. 

Recuerdo, sí, que habiendo hecho el 
diputado Rafael Linares, el diputado 
Odoardo León Ponte y yo, correr la espe- 
cie, tres ó cuatro días antes del 14 de Mar- 
zo, de que ya la Protesta estaba en poder 
del Usurpador, enviada por nosotros, mu- 
chos viejos y honorables compañeros nues- 
tros de la oposición, se alarmaron seria- 
mente, y nos trataron de atolondrados ñio- 



LXXVIII 

zos, políticos de capa y espada &?, lo cual 
nos divirtió mucho. 

Impreso el documento, ya pudimos 
desean zar tranquilos. 

El Golpe de Estado no se quedaría sirr 
su inmediato correctivo. 

¡Que va á aparecer fechado con algu- 
nos días de anticipación dijeron unos! 

¡Mejor objetaron otros: nunca es de- 
maciado pronto el denuncio de un crimen, * 
y quedó como estaba. 

Lo escribió uno de nuestros diputados- 
más sabios, prudentes, y patriotas. 

Si me fuera dado revelar su nombre sin 
ofender su gran modestia, lo haría aquí con. 
gran placer. 

Después del acta de la Independencia,, 
no conozco nada que pueda comparársele. 

Es bello, porque es verídico. 

Es enérgico, porque es justo. 

Es grande, porque es patriótico. 
' Si yo no hubiera sido diputado, habría 
solicitado, como particular, el honor de sus- 
cribirlo. 

En esa protesta está contenida la revo- 
lución, con sus grandes causas, su doloroso- 
proceso, sus nobles y trascendentales pro- 
pósitos 



LXXIX 

Como si fuera un himno patriótico, del 
género de la Marsellesa, no se puede leer 
sin sentirse uno conmovido y dispuesto ai 
sacrificio. 

Y es que en escritos de esta naturale- 
za se condensa toda la electricidad latente 
que existe en la atmósfera de las grandes 
revoluciones, y, que una vez descompuesta, 
hade fulminar sobre todas las cabezas, y 
'herir todos los corazones 

El General Crespo, presintiendo su 
capital importancia, la había pedido desde 
el Totumo, -no quería alzarse sin ella para 
no aparecer como faccioso ;-y, esfamaque^ 
sus llaneros, la traen colgada délas lan- 
zas á guisa de banderines 

Léase ya la '• Protesta" y su Alcancen 
obra ésta última, escrita por dos plumas, 
distintas. 



A LA NACIÓN 

Y A LOS ESTADOS DE VENEZUELA. 

Los Senadores y Diputados al Congreso, que sus- 
cribimos, consideramos con. o un deber imprescindible 
dirigir nuestra palabra á la República en general y á 
nuestros comitentes en particular, para que se im- 
pongan de los acontecimientos políticos que, por aho- 
ra, hacen cesar nuestras funciones, á fin de que estén. 



LXXX 

en posesión de la verdad y no sean ni sorprendidos 
ni alucinados con relaciones ni apreciaciones inexactas 
de los hechos. 

Todo el país sabe, de uno á otro confin de 
la República, que enmendado el artículo 118 de la 
Constitución de i88r, con el objeto de dar inicia- 
tiva al Congreso Nacional en cualquiera reforma de 
las instituciones que consagra, se procedió entonces* 
de conformidad con dicho artículo, á hacer en la. 
carta fundamental varias y sustanciales enmiendas, 
las cuales debían ser y fueron sometidas, en un pro- 
yecto que cursó en el último Congreso, al voto de ( 
las Legislaturas de los Estados de la Federación. 

Sábese también que el propio proyecto fija el 
20 de febrero de 1894 para poner en vigencia la 
Reforma, después que el Congreso, hecho el escru- 
tinio correspondiente y conocida la validez de los 
votos legislativos de las Secciones, lo hubiese de- 
clarado, en ley de la República, nueva Constitución de 
jos Estados Unidos de Venezuela. 

Por fin, sabido es en todo el país, que desde los 
comienzos de la Reforma de que se trata, principiaba 
á geannar embozadamente en las esferas oficiales el 
pensamiento de que se prorrogasen sus poderes al ac- 
tual Presidente de la República, y que tal pensamien- 
to, por actos diversos arrancados de distintas maneras 
á los Estados, ha venido tomando cuerpo poco á poco 
y no sin estudiado disimulo, hasta que estimándose ya 
fuerte y como extendido favorablemente, procuraba 
presentarse envuelto con las vestiduras de la Reforma, 
á la consideración de los miembros del Congreso al 
constituirse en Cámaras Legislativas. 

Pretendíase que en virtud de resoluciones especia- 
iesde las Legislaturas Seccionales, libradas sin las 
solemnidades legales, en virtud de acuerdos incompe-' 



LXXXI 

tentes de las municipalidades de Distrito y en virtud 
de manifestaciones particulares y de la prensa ad-hoc, 
el Congreso legalizase aquel atentatorio pensamiento; 
diese así la espalda al principio de la alternabilidad en 
el ejercicio de los poderes públicos ; quebrantase, con- 
culcando sus deberes, preceptos terminantes de la 
Constitución vigente; interrumpiese de esta suerte la 
sucesión legítima de la primera Magistratura de la 
Nación ; volcase el orden legal de los Estados, y falto 
de patriotismo y de respeto al imperio de las institu- 
ciones que rigen, autorizase, en fin, un procedimiento 
que rechaza el país por escandaloso, exótico en sus ana- 
les políticos y que ni el Congreso mismo, con ser sobe- 
rano en sus atribuciones y la más genuina representa- 
ción de los pueblos y de las entidades federativas, tam- 
poco puede ni debe sancionar. 

v En tal situación el expediente de la Reforma y 
con tales pretensiones para que, puesta inmediatamen- 
te en vigencia, aun contra el tenor mismo de sus 
propios cánones, se acordase la continuación del 
Doctor Andueza Palacio en el ejercicio de la Pre- 
sidencia de la República; puntual y oportunamente 
concurrieron los Senadores y Diputados al Congreso 
para instalar las Cámaras Legislativas. Aconteció así 
que con excepción de cuatro ó cinco, todos los demás 
se encontraban, el 20 de febrero, en la capital de la 
República. Pero sucedió también que en dicho día, 
que es el señalado para aquel efecto por la Constitu- 
ción, apenas se congregaron unos y otros en Comisión 
Preparatoria : hubo quorum, más que suficiente, en la 
Cámara de Diputados ; faltaron tan sólo dos miem- 
bros para haberlo en la Cámara del Senado : y fue 
imposible, por tanto, que se instalasen, sin haber lo- 
grado esto hasta la fecha. 

— xi — 



LXXXII 

Nadie ignora que la mayoría del Congreso^ obe- 
diente á los preceptos de la Constitución, 

á las disposiciones mismas del proyecto de la 
Reforma, 

al querer délos pueblos, 

á la opinión general del país. 

á la conveniencia de la República, 

al acatamiento de los principios liberales, 

al respeto que merece el juicio de los hombres más 
conspicuos de la causa liberal, 

ha sido y es francamente adversa al pensamiento 
que contraría la trasmisión legal del Supremo Poder < 
Nacional; y de aquí que los Senadores y Diputados 
que favorecen su continuación en el señor doctor An- 
dueza Palacio, se hayan abstenido, salvo raras excep- 
ciones, de asistir á las sesiones, con el objeto bien re- 
velado, de que nunca hubiese el número suficiente pa- 
ra constituir las Cámaras Legislativas. Conste, pues, 
que ellos, y no la mayoría del Congreso, son los res- 
ponsables inmediatos de su falta de reunión. Sean 
ellos los responsables de la usurpación. Y ellos los 
que carguen con el poderoso fardo de las consecuen- 
cias de este inaudito atentado. 

Oh ! cómo se anubla el criterio de los mandatarios 
públicos ! cuando todo trabaja por la libertad, que es 
la virtud; 

cuando toda labor, de medio siglo para acá, ara 
la tierra y fecunda en ella la simiente de la democra- 
cia, que es el reconocimiento del mérito; 

cuando la Causa Liberal, de jornada en jornada y 
de victoria en victoria, ha emancipado la esclavitud, 

y quebrantado la servidumbre, 

y reconocido y santificado los derechos individuales, 

é independizado á los pueblos, 



LXXXIII 

y establecido la justicia en la autoridad y la obe- 
diencia á ésta ; 

cuando la peregrinación humana, de valle en valle, 
de montaña en montaña ha llegado, paso á paso, á la 
alta cima en que descubre los dilatados horizontes de 
da civilización, que es luz, de la igualdad y fraternidad 
que por el mérito nivelan y por el afecto unen : 

¡hé aquí queriéndose que revivan los dispensadores 
de constituciones, los propietarios de los pueblos, los 
.señores de vidas y haciendas ! 

¡ hé aquí un Gobierno agitando una revolución que 
oprime y no proteje, que atrasa y no adelanta, que 
destruye y no edifica ! 

La mayoría del Congreso, fiel y respetuosa á la 
autoridad de la Ley, no ha querido claudicar en el 
cumplimiento de sus deberes. Y pues que el Presi- 
dente de la República no ha rechazado como le 
cumplía, sino aceptado su propia candidatura para 
continuar al frente de los destinos nacionales, 

y ha destituido empleados que se han negado á 
suscribir tan irregular propósito, y ha permitido que 
se relaje la disciplina del Ejército, ordenándoles pro- 
nunciamientos que apoyen sus mencionadas miras, 

y despreciado toda tendencia de conciliación ema- 
nada de la mayoría del Congreso. 

y ha sido, para volver atrás, refractario á las insi- 
nuaciones del patriotismo, de la amistad y del buen 
criterio. 

y no obstante y con criminal y tenaz abuso de su 
posición oficial, se alza con el Poder, aparta del Go- 
bierno á la Representación Nacional y asume así la 
Dictadura, injustificable á todas luces; 

la mayoría del augusto Cuerpo de la República, 
frente á frente de tamaña deformidad política, que le 



LXXXIV 

impone grandes y austeras obligaciones, se ve ere 
el caso de oponer, y opone efectivamente : 
á la corrupción, la moralidad. 

á la terquedad del perjurio, la energía del jura- 
mento prestado, 

al ejemplo de lo injusto, la posesión de la justicia, 

á los propósitos personales, la alteza de miras 
públicas, 

á la usurpación, el derecho, 

á la antocracia que de nuevo se levanta, el dogma 
sacrosanto de la libertad. 

Cobijada la mayoría del Congreso con la bandera» 
de la Legalidad protesta solemnemente ante la Nrción„ 
los Estados y el mundo entero contra el atentado que 
disuelve al Congreso de la República; y aF separarse 
del Capitolio, necesario es que diga con viril' entona- 
ción á los hijos de la Fatria : 

No más cadenas. Levantaos contra lo» usurpado- 
res y señores que, con el perjurio en los labios y vues- 
tro derecho en las manos, perturban la paz de los pue 1 - 
blos, la tranquilidad de la familia y la magestad de la¡ 
Ley: 

Sabed y entended que son facciosos, y que todas- 
las tribulaciones que sobrevengan, todos los conflictos, 
que surjan, toda la sangre que desgraciadamente se 
derrame, todos los caudales que se consuman, son su 
tristísima obra, la obra horrorosa de su atentado: 

Sabed y entended que son apóstatas del Partido- 
Liberal de la República, 

porque entronizan la autocracia, 

porque centralizan el poder, 

porque restringen la libertad,. 

porque lanzan los pueblos á la guerra. 

Sabed y entended, por último,, que ellos, los fac- 
ciosos, los usurpadores, reniegan así de la Causa Libe- 



LXXXV 

ral, cuyo triunío definitivo retardan, volviendo á hacer 
de Venezuela una patria de esclavos y de servidumbre, 
é imposible la práctica de la República Federal. 

Consecuente la mayoría del Congreso con aquella 
grandiosa Causa que tantas victorias y tanta gloria ha 
dado á Venezuela, porque ella es la Causa de la civi- 
lización, la Causa de la democracia, y respaldada por 
los más eminentes corifeos de libertad, espera aten- 
ta la voz de los pueblos para volver á congregarse en 
el Capitolio de la República, ó en cualquier otro sitio 
del país, el día en que vencida la usurpación, que 
de libre, soberana y autorizada la Representación 
Nacional. 

Caracas: 3 de Marzo de 1892. 

O. M. Abren, Diputado por Zamora. — León Colina, 
Senador por Lara. — José G. Riera, Senador por Falcón. 
— R. Fonseca, Diputado por Bolívar. — Jesús Mitfws 
Tebar, Senador por Bolívar. — -Ramón Avala, Diputado 
por Miranda. — J. R. Pachano, Diputado por Falcón. — 
L. Villanueva, Diputado por Zamora. — Marco Antonia 
Saluzzo, Diputado por el Distrito Federal. — Feliciana 
Acevedg, Senador por Zamora. — José Manuel Montene- 
gro, Diputado "por Miranda. — Dr. R. López Baralt, Di- 
putado por Zulia. — Francisco de P. Páez, Diputado por 
Miranda. — D. A. Arriela, Diputado por Los Andes. — 
Francisco E. Bustamante, Senador por Zulia. — Jesús 
Maña Rojas Paúl, Diputado por Miranda. — J E. Li- 
nares, Diputado por Miranda. — J L. Martínez, Sena- 
dor por Zamora. — José Antonio Hurtado Anzola, Sena- 
dor por Zulia. — José Manuel Gabaldón, Senador por 
Los Andes. — Pómulo M. Guardia, Diputado por Mi- 
randa. — A. Aranguren, Senador por el Estado Zulia. — 
Odoardo León Pont', Diputado por Lara. — J. M. Gar- 
mendia, Diputado por Lara. — Francisco de P. Reyes, 
Diputado por el Estado Bermúdez. — Rafael Linares, 



LXXXVI 

^Diputado por Los Andes. — P. Fclrcs Cordero, Diputa- 
do por Los Andes. — C. Rangel Garkiras; Senador por 
Los Andes. — B. T. Riera, Diputado por Falcón. — 
Luis Sagarzazu, Senador por Carabobo. — Francisco Ai. 
Casas, Diputado por Los Andes — Rafael Carabafio, 
Diputado, por el Estado Miranda. — Avelina Briceño, 
Diputado por Los Andes. — Jesús Rojas Fernández, 
Senador por Los Andes. — J. M. Bcrmúdez Gran, Di- 
putado por Bolívar. — ■Germán Pérez, Diputado por 
Miranda. — Juau N. Urdaneta, Diputado por Los 
Andes. — Pro. Francisco Antonio Garrido, Senador por 
Zamora. — Víctor Manuel Mago, Diputado por Bermú- 
dez. — M. A. Silva Gandolphy, Diputado por Miranda. 
— Ezequiel María González, Diputado por Lara. — C. 
Yepez, Diputado por Lara. — José María Lares, Sena- 
dor por Miranda. — Laurencio Silva, Senador por Ca- 
rabobo. — Ignacio de la Plaza, Diputado por Carabobo. 
— David López Fon seca, Diputado por Falcón. 



_ ALCAXCE 

Al Manifiesta titulado " A la \;»ci6ii y á los Estados de Vene- 
¡MU'Ia," firmado por la mayoría del Congreso. 

La oposición, en su propósito de agotar todos los 
medios que el patriotismo, la prudencia y la sana po- 
lítica aconsejaban para evitar la guerra, como conse- 
cuencia del tenaz empeño, inequívocamente mani- 
festado por el Doctor Andueza Palacio, de continuar 
en el Poder, coaccionando para este propósito las de- 
liberaciones constitucionales del Soberano Congreso de 
la Nación, llegó hrsta proponer una fórmula que, bas- 
ta cierto punto, conciliaba los fundamentales deberes, 
cuyo cumplimiento le está encomendado, con la ex- 
cepcional situación que alcanza la República. 



; . lxxxvii 

No convino, empero, el Congreso, ni pudo conve- 
nir en la declaración de la inmediata vigencia de la 
Constitución de 1891, antes de la elección del Consejo 
Federal; porque, entre otras razones, el Congreso nq_ 
tiene facultad eleetoral para designar el Presidente de 
la República, sino por medio de la elección del Con- 
sejo Federal. 

Así las cosas, el Presidente de la República no ha 
aceptado ni aún esta fórmula conciliadora: y en do- 
cumento que dirije al Comercio de esta ciudad, pu- 
blicado en varios periódicos de la misma, pone de ma- 
nifiesto su decidido propósito de imponer su absoluta 
voluntad, designando el Magistrado que ha de suce- 
derle y fijando el plan que haya de seguir el Congreso 
para el implantamiento de las nuevas instituciones. 
Y el ciudadano Doctor Sebastián Casañas, Jefe de la 
política del Presidente de la República, en documento 
también, público, dirigido á los Presidentes de los Es - 
tados, en cumplimiento de instrucciones del Presiden- 
te de la República, ha revelado que aquel Alto Ma- 
gistrado se propone disolver por la fuerza el Congreso 
y dictar medidas violentas contra los infrascritos. 

La dignidad de la Nación, el decoro del augusto 
cargo que ejercemos y el respeto que nos merecen la 
Constitución y leyes de la República, nos obligan á 
protestar solemnemente contra la violencia ejercida 
sobre el Congreso, y á considerar al Doctor Andueza 
Palacio en abierta rebelión contra la Constitución y 
leyes de la República, y de consiguiente, como traidor 
á la Patria. 

Caracas, á 10 de Marzo de I892. 



^iJrJl* ií ifeTii jfilxlt, jjilili* íliIUUiUUU^S^lJ^ílllU^ jUUll»iUJiU*ÍUUU*iUUliiítíUli4^í 



Rumores de guerra. -Angustiosa situación del Tesoro Nacional. - 
Cambio de domisilio.-La contra-protesta de los 33?. -Su 
crítica. 

V 

1 7 de Marzo. 

Empiezan á circular noticias del teatro 
de la Guerra: unas, las del Gobierno ase- 
guran que el General Joaquín Crespo está 
á la fecha completamente cercado por las 
fuerzas del Gobierno, y pronto á caer pri- 
sionero: otras, las de los legalistas, aseve- 
ran, por el contrario, que dicho General, 
se encuentra con gran masa de caballería 
é infantería en sus posesiones del Totumo, 
esperando únicamente la incorporación de 
las fuerzas revolucionarias de Zamora, 

para moverse hacia Caracas. 

.j 

Averiguar el fondo de verdad que haya 
en estas noticias tan vagas, y otras del mis- 
mo género que corren las calles, es cosa 
imposible por ahora. Las consigno sínem- 
bargo aquí como consignaré todas las que 
lleguen á mis oídos, para que conste, en 



LXXXIX 

primer lugar, que el país está movido más 
de lo que esperaba el Gobierno; y en se- 
gundo, porque vagas y todo, y contradicto- 
rias como son ellas, alientan el espíritu re- 
volucionario, y son el pasto de las conver- 
saciones ordinarias en estos días de espec- 
tativa pública. 

. La situación financiera del Gobierno 
es, por otra parte, angustiosísima; loque 
prueba que los decantados millones con 
que pensaba cohechar la oposición, fueron 
cuentos de hadas; así se le ve hoy apre- 
miando al Banco por dinero; y como éste 
no puede suministrárselo porque sus cajas 
están vacías, helo aquí pasando como ene- 
migo de la actual situación gubernamental, 
y su personal en vísperas de ingresar en 
la Rotunda. 

Hoy no ha podido suministrar fondos si- 
no para medias raciones de la tropa; y, si 
tampoco le llega el pedido de oro que tiene 
hecho á Nueva York, no sé en donde en- 
contrará el Gobierno, el dinero que necesi- 
ta para cubrir su presupuesto de gastos or- 
dinarios, y el de los extraordinarios de la 
guerra. Así, en mi concepto, la falsa situa- 
ción en que se encuentra ya el Gobierno 
— xa — 



LX.L 



surgido del Golpe de Estado, estriba en la. 
pésima stuación económica ce sus rentas,. 
muy principalmente. 



1 8 de Marzo. 

Anoche tuve que abandonar precipita-, 
clámente la casa de mi amigo M. R. en 
donde me encontraba oculto desde el 14. 

La noticia de que sería allanada me 
decidió á mudar de domicilio, lo cual lo- 
gré mediante mil precauciones tomadas 
con tiempo para burlar la vigilancia de que 
era objeto. 

Voy á ver si me acuerdo con exactitud 
de como sucedió la cosa. 

A cualquiera otro que se encuentre en 
mi situación, á vuelta de los frecuentes tras- 
tornos políticos de nuestra sociedad, pue- 
de serle útil mañana conocer el modo como 
se escapó de sus perseguidores en 1S92, 
un diputado legalista .... 

Un coche pasó por la puerta de la casa, 
á eso de las nueve de la noche, al trote lar- 
go de los caballos; llevaba abierta la por- 
tezuela que daba hacia la puerta, y col- 
gante de ella había un pañuelo «blanco; pa- 



LXL1 

so, y paró, repentinamente, en la esquina 
próxima, como á treinta pasos de la 
puerta. 

Aquella era la señal convenida; y,— 
¡saz!— me. lanzo á la calle, como si tal cosa, 
aprieto el paso, gano la esquina, y me pre- 
cipito dentro del coche, precisamente en 
ej momento en que algunos espías aposta- 
dos cerca, sospechosos ya, se aproximaban 
á reconocer el vehículo. 

No había tiempo que perder: un ins- 
tante más y estaba perdido-jarre, pues, co- 
chero, y,-á escape ¡-exclamó entonces un 
caballero que me esperaba en el interior, 
cerrando con estrépito la portezuela. 

Suena la fusta, parte el coche como 
disparado, sin atender el cochero á los gri- 
tos de la policía para que hiciera alto : cru- 
za la primera boca-calle: sigue derecho: 
vuelve á cruzar; y diez minutos después, 
de una vertiginosa carrera, nos apeábamos 
mui silenciosos, acompañante y yo, sanos 
y salvos, aunque bien sacudidos, en una 
modesta habitación de la calle de 

Entramos sin llamar porque se nos es- 
peraba ; saludo de paso á dos señoritas- 
que me salieron al encuentro, sigo condu- 
cido hasta una pieza de alto preparada en> 



LXLII 

la casa con todo lo que podía hacerme 
grata y provechosa la estadía en ella; y, ya 
allí, abre la boca nuevamente mi salvador 
y ya mi amigo, para decirme con una fle- 
ma casi británica :— yo soy el señor E. C, 
quien tiene á marcada honra recibir en su 
cisa al diputado legalista, señor Dr. López 
Baralt. 

— Señor, le interrumpí, no soy yo quien 
causa á usted principalmente esta moles- 
tia : mi amigo F. C. es de ella el generoso 
responsable ante mí ; sírvase, pues, disi- 
mular, y no olvide que recibiéndome en su 
casa, se expone á ser perseguido como en- 
cubridor de un faccioso: acentué esta pa- 
labn. 

Por toda constestación me estrechó la 
mano; después, con el trato diario y los ser- 
vicios que de él he recibido, he podido 
convencerme de que el señor E. C. es un 
hombre raro en los tiempos que corren, 
por la sobriedad de sus palabras, y la lar- 
gueza de sus procederes : un completo ca- 
ballero, y además un gran patriota. . . . 

Mi gratitud hacia él, y sus soñoritas 
hermanas será, así, eterna. 

Un detalle todavía, que no quiero si- 
lenciar: la casa en que ahora me oculto es- 



LXL1II 

tá de tal modo situada, que con razón pue- 
de decirse que mis propios enemigos me 
tienen escondido entre ellos: al un lado un 
Ministro, al otro, otro Ministro: en ei 
fondo el Usurpador. 

Si supiera él cuan seguro ha dormido- 
en mi vecindad, las veces en que huyendo 
acaso de la Casa Amarilla, para hacer- 
Je perderla pista á sus enemigos, que su- 
pone le vivirán asechando para matarle, 
ha venido á ocultarse tan cerca de mí, que 
la otra mañana le oí decir distintamente— 
¡ ah, si á ése logro echarle la mano ! ¡ Qui- 
zás, si ése, er3 yo mismo !— 
■ Enemigo por temperamento y por edu- 
cación del tiranicidio, y convencido además- 
de que la persona del doctor Andueza Pa- 
lacio pertenece á la ley, yo sería el prime- 
ro en defenderla, si alguien atentara á su 
vida en mi presencia. 

La historia es en este asunto del tira- 
nicidio, como en tantos otros, fuente de: 
grande enseñanza, y ella cuenta "que casi 
ninguno de los asesinos de Julio César le 
sobrivivió más de tres años, ni murió de 
muerte natural. 

Condenados todos, perecieron, cada 
cual de diferente manera : unos en naufra- 



LXLIV 

gios, otros en combates, y algunos se cla- 
varon el puñal con que hirieron á César." 
(Suetonio). 

Habiéndole ofrendado á la causa de la 
legalidad, que es la causa nacional, todo 
cuanto poseía: afectos del hogar, bienes de 
fortuna &"? &*, quiero, si también llego á 
perder la vida en la guerra, morir como el 
más oscuro soldado de fila, antes bien, que 
con la triste gloria de Cinna ó del mismo 
Bruto 

Aquí me he encontrado con el Mani- 
fiesto, que á su turno, han creído de ocasión 
dar al país los senadores y diputados con- 
tinuistas. Da pena tener que aplicar este 
calificativo á representantes de la Nación; 
pero ellos así lo han querido ; y en verdad 
-que lo merecen. 

Firman ese manifiesto 38 individuos, 
reunidos en el Capitolio Nacional, por 
primera vez, desde el 20 de Febrero para 
acá, con el único y exclusivo objeto, de 
arrojar sobre la mayoría del Congreso, to- 
da la responsabilidad de la Usurpación, y 
otras. 

Cuando las Comisiones Preparatorias, 
no se han podido reunir en Cámaras Le- 



LXLV 

gislativas, durante veintidós días de angus- 
tiosa espectativa por culpa de ellos, obsér- 
vase ahora, que los antes remisos en el 
cumplimiento de su deber, en un sólo día 
se instalan en Congreso, redactan un Ma- 
nifiesto, y se disuelven al punto. 

Y se extrema la admiración al compro- 
bar que muchos de los mencionados, como 
si gozaran -del don de la ubicuidad, no han 
tenido necesidad de comparecer en el re- 
cinto de la Representación Nacional, para 
hallarse entre los firmantes. 

De este número son: el senador Matías 
Alfaro, que fué rechazado del Senado, en 
su carácter de suplente del Doctor J. P. 
Rojas Paúl, por no existir constancia legal 
de que este Senador principal, se haya ex- 
cusado de asistir á las presentes- sesiones 
del Congreso. 

Marco A. Z limeta, cuya credencial, aún 
no ha sido examinada y se encuentra ade- 
más en su casa gravemente enfermo; y por 
fin el Diputado Luis Blanco Espinoza cu- 
yas sentimientos anti-continuistas me cons- 
tan, por lo cual hace días que está ausente 
de Caracas; en idéntico caso está el señor 
Felipe Irigoyen, Senador por Carabobo. 
Podría citar también el nombre de otro 



LXLVI 

Diputado, de serios compromisos con la 
mayoría, que debió firmar su Protesta y 
no lo hizo; y que ahora cree deber estam- 
par su firma al pie de la de la minoría 

Sumo, no obstante, 38 continuistas con- 
tra 46 legalistas, para que se vea clara- 
mente, _ que el grupo oposicionista del 
Congreso no mintió al decir en su Protesta, 
que el era la mayoría en ambas Cámaras. 

Ahora bien, por muy minoría que sean 
estos señores, no se les puede quitar el de- 
recho, que como sindicados de cómplices 
de la Usurpación tienen, á defenderse ante 
la opinión pública -¡Pues, quién va á que- 
rer cargar en su maleta de viandante polí- 
tico con semejante encomienda!. . . . 

Hago, por tanto, caso omiso, del mó- 
vil, que los induce á contra protestar, y 
trato únicamente, de si su escrito llena el 
objeto que se proponen con él, y si menos, 
que una defensa, es para ellos la compro- 
bación más convincente que podamos bus- 
car los legalistas, de la misma culpabilidad 
que procuran rehuir. 

Y á fé mía, que con no escaso miedo me 
meto en los líos de ese escrito, obra de 
habilísimo abogado, entendido sobremane- 
ra, en eso de defender causas perdidas, ya 



LXLVII 



ias haya perdido otro, ya si él mismo ha 
contribuido á perderlas. 

Con grandes dificultades voy, así, á en- 
contrarme; pero trataré de vencerlas, y 
si no puedo, otro podrá; una vez que la 
verdad y la justicia son soles que no pue- 
den oscurecer mucho tiempo las tinieblas 
de la intriga y de la artería políticas, por 
muy densas que sean. 
. Apenas principio, y ya tropiezo con una 
primera seria. dificultad, y es nada menos 
que la que el grupo oposicionista del Con- 
greso; esto es, la mayoría firmante del 
Manifiesto titulado, "A la Nación y á los 
Estados de Venezuela"-0/<?«£ al desenvol- 
vimiento del gran pensamiento nacional. 

No explica el escrito, cual sea ese pen- 
samiento, puesto que al parecer tiene dos 
la Nación: la Reforma, y el Continuismo, 
que refundidos en el propósito del Gobier- 
no no vienen á ser en realidad sino uno 
solo: el Continuismo. 

¡ Pero qué torpe debo de ser yo, y so- 
bre todo qué precipitado, que me voy de 
bruces á la primera impresión, y me ofus- 
co, y ya no entiendo lo que leo! . . . . 

Sin duda alguna que ese pensamiento 
-x3- 



LXLVIII 

es la Reforma, porque en primer lugar el 
Continuismo no ha sido, ni será nunca 
pensamiento de la Nación, y en segundo, 
el escrito dice con bastante claridad que 
son : las libérrimas instituciones (?) que 
presentadas por el Congreso Nacional (f) 
ratificadas por las Legislaturas de los 
Estados (f), y aplaudidas por los pueblos 
de la República{?f)-estábamos en el im- 
prescindible deber de promulgar y decla- 
rar su inmediata vigencia (?) 

Ya no abrigo, pues, dudas: el gran 
pensamiento Nacional de que habla el es- 
crito de la minoría, es la Reforma; y á la 
ambigüedad de la frase inicial ha sucedido 
suficiente claridad en todo el contexto del 
párrafo, para que se pueda seguir leyendo 
y comprendiendo que el grupo legalista 
<iel Congreso se opone á su desenvolvi- 
miento, alegando coacción del Ejecutivo 
Federal que no ha existido, y pretensiones 
personales del Presidente de la República \ 
que este ha negado, y rechazado más de 
una vez de manera solemne. 

Procedo por partes en la réplica: 
Presentadas por el Congreso Nacional— 
Digo "y sostengo que no es exacta tal ase- 
veración-Todo el mundo sabe del uno al 



LXLIX 

otro confín de la República, que para que 
el Congreso pudiera tomar la iniciativa en 
punto de Reforma de la Carta Fundamen- 
tal, se empezó por modificar el artículo 1 1 8 
de la Constitución de 1881, que hacía pri- 
vativa de las Legislaturas de los Estados, 
y en mi concepto sabiamente, para res- 
guardo de la Federación, aquella facul- 
tad 

' Pues bien, yo era Presidente para fines 
de 1890, de una Legislatura, y puedo así 
asegurar que la forma en la cual fué hecha 
la solicitud referente á la reforma del ar- 
tículo 118, emanó de la Casa Amarilla, y 
figura en el archivo de ese Cuerpo, en te- 
legrama oficial firmado por el entonces 
Ministro del Interior, señor Doctor Sebas- 
tián Casañas. 

Justo es decir que no creo que de otra 
manera se hubiera podido lograr una ca- 
bal inteligencia entre todas las Legislatu- 
ras de los Estados, separadas las unas de 
las otras por grandes distancias y con un 
personal, cada una de ellas, dividido por ra- 
zones políticas, ó de simple partido, en opi- 
niones muy distintas, acerca de la necesidad 
y de los peligros de la reforma del consa- 
bido artículo. 



La idea de la reforma se imponía ade- 
más al espíritu de los rehabilitadores de 
1888, con todo el calor de los resentimien- 
tos que sembró la autocracia de Guzmán 
Blanco en el país, y, con razón ó sin ella, 
toda Venezuela veía en la Carta de 1881, 
como un esfinge que tarde ó temprano po- 
día devorarla de nuevo. 

Fuerza era, pues, cambiarla por otra 
más amplia, más liberal, más filosófica, 'si 
se quiere, que garantizase mejor el goce 
de todas las libertades ciudadanas; y ello 
no podía conseguirse sin la reforma previa 
del artículo 1 1 8. 

La iniciativa tomada, así, por el Ejecu- 
tivo Federal, no alarmó á nadie, y apareció 
más bien como muestra del interés que el 
Doctor Andueza Palacio se tomaba en dar 
satisfacción, cuanto antes mejor, á las 
aspiraciones de la gran . mayoría de la 
Nación. 

La reforma del artículo 1 18, fué en con- 
secuencia pedida por la unanimidad de las 
Legislaturas, y el Congreso de 1891 la 
sancionó de idéntica manera. 

Aquí debió terminar por entonces el 
proceso de la anhelada reforma, para con- 
tinuar de nuevo durante las sesiones de 



CI 



1892; y devuelto á las Legislaturas, y con- 
siderado por éstas, á fines de este año, 
-hubiera sido sancionada definitivamente 
por el Congreso de 1893; para que ele- 
vada por este Congreso á Ley de la Re- 
pública, hubiera entrado entonces en vi- 
gencia, en 1894, término del actual pe- 
riodo constitucional. 

Otro procedimiento implicaba de hecho 
la supresión de la segunda Comisión Eje- 
cutiva de 1892 á 1894, cuya terminación 
coincidía con la del período constitucional 
de 1890 a 1894 que no podía suprimirse, 
so pena de tener que reemplazarla con una 
interinaría en el ejercicio de la Primera 
Magistratura, y volcar al mismo tiempo 
las Altas Cortes y el orden legal de los 
Estados. 

Pero el pensamiento del Ejecutivo era 
muí otro; era el de precipitar el proceso, 
á fin de que la interinaría pudiera tener 
lugar, con una prorrogación de poderes 
al doctor Andueza Palacio-que el Con- 
greso no podría menos, una vez que hu- 
biera sancionado definitivamente la refor- 
ma en 1892, de conceder al doctor Andue- 
za Palacio- 
Firme el Ejecutivo en su propósito, y 



CTI 

resuelto á llevarlo á cabo á todo trance; 
después de haber perdido largos días sin 
éxito en ver si la Cámara de Diputados 
lo segundaba durante las Sesiones ordi- 
narias de 1 89 1, introdujo, por fin, el pro- 
yecto de la reforma total de la Carta de 
1 88 1, en el Senado, por medio de algunos 
de sus adeptos, firmantes hoy de la Contra 
Protesta. 

Formaron el primitivo núcleo de la 
oposición, en la Cámara de Diputados, los 
diputados por Los Andes, señores Rafael 
Linares, Avelirio Briceño, Antonio Sali- 
nas, Pedro María Febres Cordero, Juan 
Urdaneta, Francisco Casas, y Diógenes 
Arrieta; Odoardo León Ponte, Crispín 
Yepes y Jesús María Garmendia, diputa- 
dos par Lara; Francisco de Paula Páez, 
Rojas Paúl, José Manuel Montenegro, 
Francisco E. Linares, Rafael Carabaño, 
Ramón Ayala, y Tomás I. Pontentini, di- 
putados por Miranda; Víctor Manuel Ma- 
go, diputado por Bermúdez; y Rafael Ló- 
pez Baralt, diputado por el Zulia. 

Tuviera yo á la mano el acta original 
de la instalación de la oposición, reunida 
por primera vez en la casa del señor doctor 
Leopoldo Baptista, bajo la dirección del 



CIII 



señor general Domingo Monagas, que fue 
su primer Director, y que después le vol- 
vió descortesmente la espalda, siendo re- 
emplazado por el general Ramón Ayala, y 
la daría aquí á la estampa. En ella se ve 
que la oposición, siendo reformista y todo, 
como era, tuvo que hacer oposición al pro- 
yecto de Reforma por las razones ante 
dichas. Como quiera que esa acta es de 
capital importancia, ora porque ella indica 
con exactitud el día preciso en que nació 
la oposición al continuismo, ora porque en 
ella están estampados los nombres de los 
primeros oposicionistas, de los cuales pudie- 
ra yo haber olvidado ahora algunos, y acaso 
haber puesto otros que no lo son, me atrevo 
á excitar patrióticamente al señor general 
Rafael Linares, que la tiene en su poder, á 
que le dé publicidad. 

Hecha esta digresión continúo. 

Generalizada al Senado la oposición 
de la Cámara de Diputados, allí encontró 
eco en los Senadores Fernando Arvelo, 
Senador por Lara; Luis Sagarzazu , Sena- 
dor por Carabobo; Jesús Muñoz Tebar, 
Senador por Bolívar; Francisco E. Busta- 
mante, Antonio Arangúren y Urtado An- 
zola, Senadores por el Zulia; Gabaldón, 



CIV 



Senador por Los Andes, que le prestaron 
su apoyo; y tras largos días de lucha parla- 
mentaria terminaron las sesiones del Con- 
greso ordinario de 1891, sin que el pro- 
yecto de reforma hubiera podido pasar 
siquiera del Senado. 

El Ejecutivo no se desalentó sinembar- 
go, y un Congreso Extraordinario fué 
convocado áraíz del ordinario: habiendo 
podido perecer asesinada, durante la se- 
sión del 3 de Junio de 1892, la oposición 
de la Cámara de Diputados, con motivo 
del reto, dirigido al Presidente doctor Se- 
bastián Casañas, por los diputados Ayala, 
Linares y Briceño, y la Protesta de los di- 
putados López Baralt, León Ponte, Gar- 
mendia, Páez &^, en ocasión del discurso 
inaugural, en que Casañas había insultado 
temeraria, injusta é impolíticamente, á la 
oposición. 

No embargante tantas dificultades co- 
mo tuvo el Ejecutivo que vencer para sa- 
car avante su propósito, el proyecto fue al 
fin sancionado; y si es verdad que en el 
se devuelve á los antiguos veinte Estados 
la primitiva condición de entidades fede- 
rales que les reconoció el inmortal Código 
de 1864, y se vincula en el sufragio popu- 



cv 



lar emitido directamente, la elección de los 
primeros Magistrados, también es cierto 
que se deja sin contrapeso alguno, el ejer- 
cicio de las múltiples y diversas atribucio- 
nes del Presidente de la República, con- 
virtiéndolo así en Dictador Supremo; se 
anonadan la independencia y autonomía 
sde los mismos Estados, al contrario de lo 
que estableció el susodicho Código, por 
las facultades que se confieren á aquel Alto 
funcionario para intervenir con fuerza ar- 
mada en los asuntos interiores de las Sec- 
ciones federales, y aún se prohibe á éstas 
proveer á su propia conservación y tran- 
quilidad, por no serles permitido la adqui- 
sición de los elementos necesarios para 
sostener el orden público y la eficacia de 
sus resoluciones demésticas; todo lo cual 
bastaría por sí solo á justificar la oposición 
que se le hizo, si además, y muy principal- 
mente, no hubiera'estadoencaminada, como 
lo estaba, á impedir una vez más la trasmi- 
sión legal de la Presidencia de la República, 

Por mi parte hasta escrito hube mi vo- 
to salvado en la admisión del proyecto de 
Reforma en la Cámara de Diputados. Es- 
te voto que conocen muchos de mis com- 
-14— 



CVI 



pañeros entre los cuales recuerdo, ahora, 
á los señores Generales Luis Sagarzazu 
y Rafael Linares, á quienes lo leí, no fue 
presentado en su oportunidad, por la ra- 
zón de no haber asistido yo ese día á la 
Cámara, como muchos otros Diputados de 
la mayoría, imbuidos en la falsa noticia 
oficial de que no era ese día, sino el si- 
guiente el escojido para la presentación. 
Mejor advertido el señor doctor Muñoz Té- 
bar había salvado el suyo á tiempo, en el 
Senado. De modo, pues, que sí hubo votos 
salvados en la admisión del referido Pro- 
yecto, en contrario de lo que acerca del 
particular afirma el doctor Andueza Pala- 
cio en su Manifiesto fecha 14 de Marzo. 

Tras esta suscinta y verídica historia de 
todo lo ocurrido con referencia al proceso 
reformista desde que se inició en 1890, has- 
taque quiso darse por terminado en 1892, 
trátese de seguir sosteniendo todavía que 
fue el Congreso quien presentó esas libé- 
rrimas instituciones &?, y se caerá en el 
más profundo desprestigio. 

Ratificadas por las Legislaturas de 
los Estados, y aplaudidas por los pueblos 
de la Rcpública-L,2L Legislatura del Zulia, 
obra de la coacción más escandalosa, que 



CVII 

registra la historia de los atropellos del 
Ejecutivo Federal en los Estados, estaba 
acusada de nulidad ante la Alta Corte 
Federal, por la ciudadanía independiente 
de ese Estado ;-y, cosa semejante aconte- 
cía con las de Bolívar y Miranda-La 
de Falcón se había arrogado poderes y 
■» funciones de tal, cuando era una Consti- 
tuyente-La de Carabobo, que no quiso 
pedir la reforma durante sus sesiones or- 
dinarias, se vio obligada á hacerlo duran- 
te las extraordinarias para que fué convo- 
cada, bajo la presencia del Ministro del 
Interior, que con ese único objeto se tras- 
ladara días antes á Valencia-Vióse figu- 
rar en esta Legislatura para formar quo- 
rum, hasta un muerto: Gregorio Barreto, 
padre, en reemplazo de Gregorio Barreto, 
hijo, que había muerto, y era el verdadero 
legislador. Casañas, borró hijo; y, ¡arre con 
el padre, á pedir la inmediata vigencia !— La 
de Los Andes, en fin, había modificado 
sustancialmente el proyecto de la refor- 
ma.- ¿Qué valor legal podían pues tener 
los votos legislativos de los Estados, á los 
ojos de la mayoría del Congreso, si ellos 
eran hijos de la violencia y no expontánea 
emanación de la voluntad popular? 



CV11I 

Por lo que hace á la solicitud para la 
inmediata vigencia, aunque todas las Le- 
gislaturas con excepción de la de Zamora 
y la de Los Andes, la habían pedido tam- 
bién, sin libertad para hacer otra cosa, ellas 
no podían en virtud de la Constitución 
tomar la iniciativa en punto de reforma al 
mismo tiempo que el Congreso, y tenidas t 
estaban, así, de aprobar ó negar únicamen- 
te el proyecto sometido á su consideración ; 
pero no enmendarlo, y á enmendarlo fun- 
damentalmente tiende el Acuerdo de las 
Legislaturas sobre inmediata vigencia. 
¿Y así estábamos en el imprescindible de- 
ber de promulgar y declarar esas libérri- 
mas instituciones en inmediata vigencia? 

Pero parece que no ha sido obedeciendo 
á preceptos extrictamente legales como la 
mayoría se opusiera á la inmediata vigen- 
cia, sino alegando coacción &'? y pretensiones 
personales &Í-La coacción fue rayana 
del asesinato. ¿Quién se olvidará, así, ja- 
más, en Caracas, entre los asistentes á las 
barras, de aquellos individuos con el pelo 
cortado casi al rape, lo que denunciaba á 
lo lejos, á pesar de su traje de arrieros, 
su condición de soldados, armados osten- 
siblemente de garrotes, y ocultamente de 



CIX 



cuchillos cortos, que les fueron distribuidos 
en másde una Jefatura de Municipio, y que 
en la sesión del ó de Marzo del presente 
año, al son de vivas al doctor Casaiías, 
y al doctor Andueza Palacio, y mueras á 
los godos, nos auyentaron al fin, de los sa- 
lones del Capitolio, menos de miedo por 
nuestras vidas, que de sonrojo por el de- 
sacato conque eran tratados los represen - 
» tantes del pueblo, tras largos días de so- 
portar la misma humillación, contenida á 
duras penas en los límites del decoro per- 
sonal, y del respeto al augusto carácter de 
que estábamos investidos ? Estoy seguro 
que nadie. 

Las pretensiones personales del Pre- 
sidente de la República, no constituyen, 
tampoco, para nadie en Caracas, ni en el 
resto de la República, un caso de duda.— 
Ahí están demostrándolo en el trascurso 
de muchos meses, desde el brindis del 
doctor Amengual en Barquisimeto, cuan- 
do la inauguración del Ferro-carril de Tu- 
cacas á aquél lugar, que tanto halagó la 
vanidad del doctor Andueza Palacio, hasta 
el telegrama laudatorio, al General Ber- 
nardo Tinedo Velasco, con motivo de ha- 
berse pronunciado este General, en Ma- 



ex 



racaibo, junto con un grupo de amigos, por 
su candidatura para el implantamiento de 
las nuevas instituciones. ¡Pero, á que me 
afano yo ahora en comprobar lo • que todo 
el mundo sabe, inclusive los firmantes de 
la contra protesta, ya que fué al primero 
de ellos, al doctor Ámengual, á quien se 
le ocurrió la idea, y éste ha debido comu- 
nicársela al resto!! 

Razones de interés público, y de es- ( 
tricto legalismo, aspiraciones á dejar es- 
tablecido una vez para siempre en Vene- 
zuela la verdadera República, por un justo 
equilibrio entre el Poder Parlamentario,. 
y el Poder Ejecutivo; y, cuando necesario 
fuere, por la predominancia de aquél sobre 
éste; y, por último, el respeto que como- 
hombres y como representantes del pue- 
blo nos debíamos á nosotros mismos; y 
de ninguna manera pasiones de partidos 
y mezquinos intereses, obligaron á la ma- 
yoría del Congreso á declarar ante la Na- 
ción y los Estados que cesaba por el mo- 
mento en el ejercicio de sus funciones. 

Naturalmente, y como consecuencia 
lógica del estado de acefalía en que ha 
quedado la Presidencia legal de la Repú- 
blica por el hecho insólito, y revolucionario 



CXI 



de la Usurpación consumada por el doctor 
Andueza Palacio, la guerra se imponía co- 
mo único medio supremo para que la Pre- 
sidencia tuviera su cabeza legítima, 
su imperio la Constitución, el Congreso 
su magestad y así fué necesario declararla, 
llamando los pueblos de la República á 

x un levantamiento general. 

La mayoría del Congreso, ha cumpli- 

* do pues, con su deber; y los pueblos todos 
que afortunadamente son los jueces de esta 
causa para, decidir eíitre la conducta de 
la mayoría y la de la minoría del Congreso, 
van á darle la razón á aquella, respondien- 
do al llamamiento á la guerra que se les ha 
hecho, con una revolución ante la cual se 
inclinarán mañana reverentes hasta sus 
mismos enemigos de hoy 



Léase ahora la contra protesta de la 
minoría que creo, con lo escrito, dejar sufi- 
cientemente replicada- 

A las Legislaturas de los Estados, a los 
Concejos Municipales de la República y 
á, los pueblos de Venezuela. 

Los suscritos, miembros de la Legislatura Nacio- 
nal, retiñidos en el Salón en que celebra sus sesiones- 



CXII 

la Comisión Preparatoria de la Cámara de Diputados, 
y teniendo á la vista el Manifiesto de 3 de los corrien- 
tes publicado anoche y dirigido á la Nación y á los 
Estados de Venezuela por un grupo de Senadores y 
Diputados, hemos acordado dirigirnos á vosotros para 
daros cuenta de la seria dificultad que aquellos colegas 
oponen al desenvolmiento del gran pensamiento Na- 
cional. 

En dicho Manifiesto, alegando coacción del Eje- 
cutivo Federal, que no ha existido, pretensiones per- 
sonales del Presidente de la República, que éste ha 
negado y rechazado más de una vez y de manera so- , 
lemne, declaran haber cesado en sus funciones, se se- 
paran del seno de la Representación Nacional y ce- 
gados por pasiones de partido é intereses personales, 
apelan á la guerra y llaman los pueblos á un levanta- 
miento general, no sólo contra los Poderes legalmente 
constituidos, sino también contra las libérrimas insti- 
tuciones que presentadas por el Congreso Nacional, 
ratificadas por las Legislaturas de los Estados y aplau- 
didas por los pueblos de la República, estábamos en 
el imprescindible deber de promulgar y declarar en in 
mediata vigencia. 

Conocidos de vosotros son los hechos. 

Lema de la Revolución Liberal Rehabilitadora 
fue dar á Venezuela instituciones que sobreviviesen á 
los hombres, fuesen la genuina representación de la 
República, sagrado asilo de la autonomía de los Es- 
tados y del sufragio directo y secreto, fuente de los de- 
rechos individuales de los ciudadanos, valla infran- 
queable de los vergonzosos poderes personales y base 
sobre la cual pudiese fundarse sólidamente el progreso 
y bienestar de nuestra amada Venezuela. 

Todos los esfuerzos en este sentido del Partido 
Liberal Rehabilitador, se estrellaron en contra de los 



CXIII 

pactos que el Gobiorno anterior tenía con la Oligarquía, 
que vestida con el manto de odio á la autocracia, pug- 
naba por restablecer el imperio de sus odiadas doc- 
trinas y hundir en la nada los generosos principios que 
forman el credo de la Causa Federal. 

Fuá necesario que la energía, decisión y confianza 
en la santidad de su causa, sostuviesen al Doctor R. 
Andueza Palacio, para que destruyesr los planes del 
partido conservador y obtuviese del Congreso Nacio- 
nal en sesiones extraordinarias, un Proyecto de Consta 
tución que las Legislaturas, los Concejos Municipales, 
^os pueblos todos, no sólo lo han aprobado sino que han 
pedido se ponga en vigencia inmediatamente. 

Nada se opone á la vigencia inmediata de las nue- 
vas instituciones, ni un solo artículo de la Constitución 
reformada, ni una sola disposición del JProyecto, ni una 
sola letra de nuestras leyes; pero la Oligarquía velaba 
y asechaba el momento oportuno de impedir que el 
Partido Liberal cumpliese sus compromisos y convir- 
tiese en realidad sus espsranzas. Logró que varios 
miembros de la Representación Nacional faltasen á los 
deberes que le imponían los pueblos, desconociesen lo 
mismo que ellos habían sancionado el año anterior, se 
opusiesen intransigentemente á la vigencia inmediata 
de la Constitución, y, últimamente, rompiesen sus cre- 
denciales de Legisladores, separándose del Congreso 
Nacional y apelando a la guerra. 

Ellos creen librarse por ese medio de dar cumpli- 
miento al voto nacional y abandonan el puesto que le 
confiaron los pueblos; nosotros continuamos fieles á 
la Constitución y á la Ley ocupando nuestras cumies 
y dispuestos a cumplir la consigna que nos impusie- 
ron nuestros mandantes en La Legislatura Nacional. 

Los jueces naturales de esta causa para decidir en- 

-15- 



CXIV 

tre la conducta de aquellos y la nuestra son los pue- 
blos todos. Que resuelvan ellos por la sentencia de 
sus ciudadanos, expresadas en espontaneas mani- 
festaciones, quiénes se han hecho reos de rebelión, 
embarazando é impidiendo la reunión constitucional 
del Congreso Nacional ; y que decidan, fijando la 
vista en los grandes -deberes de la Causa Liberal 
Rehabilitadora, la suerte de la Patria. 

Dado en el Capitolio Federal de Caracas, en el¡ 
local de las Sesiones de la Cámara de Diputados, eí 
día 1 6 de marzo de 1892. 

Senador por el Estado Miranda, Vicente Amen- 
gua!. — Senador por el Estado Falcon, C. D. Costero, 
— Senador por el Estado Bolívar, L. Leve! de Goda. — 
Senador por el Estado Lara, Ramón Jiménez Gómez. — 
Senador por el Estado Bermúdez, Perfecto López Mén- 
dez.- — Senador por el Estado Bolívar, Matías Al/aro.— 
Senador por el Estado Bermúdez, S. Carrera.— Sena- 
dor por el Estado Bermúdez, P. D. BeaupertJiuy. — Se- 
nador por el Estado Carabobo, Felipe Irigoyen. — Se- 
nador por el Estado Lara, Juan Tomás Pérez. — Dipu- 
tado por el Estado Lara, M. A. Ziiineia. — Diputado 
por el Estado Zamorr, Francisco Batalla. — Diputado 
por el Estado Bermúde?, J. M. García Gómez. — Dipu- 
tado por el Estado Bermúdez, Joaquín A T úñcz Mares. — 
Diputado por el Estado Los Andes, Julio F. Sarria.. 
— Diputado por el Estado Carabobo, M. Pimentel Co- 
ronel. — Diputado por el Estado Zamora, J. B. Gu- 
tiérrez. — Diputado par el Estado Miranda, F. Monny 
González. — Diputado por el Estada Zamora, Tcodvsio 
Estrada. — Diputado por el Estado Carabobo, 5. Caso- 
nas. — Diputado por el Estado Miranda, Andrés Al- 
Jóuzo Ortega. — Diputado por el Estado Lara, Agustín» 



cxv 

Rivcrc. — Diputado por el Estado Carabobo, Francisco 
Codeado O. — Diputado por el Estado Zamora, C. Uz- 
cátegui Padrón. — Diputado por el Estado Miranda, y. 
A, Hernández Ron. — Diputado por el Estado Lara, 
Juve nal Anzola. — Diputado por el Estado Los Andes 
Cipriano Castro. — Diputado por el Estado Zamora, 
José O. Aguilera. — Diputado por el Estado Carabobo, 
Luis Blanco Espinosa. — Diputado por el Distrito Fede- 
ral, Germán Giménez. — Diputado por el Estado Ber- 
múdez, D. Monagas. — Diputado por el Estado Ber- 
múdez, B. Rauseo. — Diputado por el Estado Bermúdez, 
Carlos Herrera. — Diputado por el Estado Miranda, 
M. María Bermúdez. — Diputado por el Estado Bermú- 
dez, D. Arriaza Monagas. — Diputado por el Estado 
Bermúdez. Braulio Yaguaracuto. — Diputado por el Es- 
tado Bermúdez, A, Calatraba. — Diputado por el Esta- 
do Miranda, Pedro Vicentee Afijares. 




'(^ 



UAilAAAiAiimittUtiilttititiiitttiiHH^ntlt^ 



Presentimiento d8 lo que había de ser la Administración del 
Doctor Andueza Palacio.-Se anuncia la salida á campaña del 
Doctor Sebastián Casañas.- Boletines contradictorios.- No- 
nadas. 



VI 

19 Marzo. 

Quiero dejar consignado en esta página 
un recuerdo importante. 

Era el 19 de Marzo de 1890. 

Yo me desvestía en el cuarto que ocu- 
paba para aquel entonces en el Hotel 
Saint-Amand, después déla sesión solem- 
ne del Congreso en que el doctor Andue- 
za Palacio acababa de prestar la promesa 
legal, rodeado de una inmensa muchedum- 
bre que le tendía los brazos y le vitoreaba 
complacida. 

Aquel acto me había impresionado mal, 
no obstante las legítimas y grandes espe- 
ranzas que todo el mundo fincaba en la 
exaltación del doctor Andueza Palacio, al 
solio presidencial de la República. Esta- 



CXVII 

ba, así, muy preocupado ; y habiéndolo ob- 
servado mi distinguido amigo, el primer 
orador del Senado, y vecino del frente, 
señor Domingo Olavarría, me interrogó á 
ese respecto. 

— Tengo un gran remordimiento, le 
contesté. 

— ¿Cuál; se puede saber, Doctor? 

— Perfectamente: el natural en un pa- 
triota como yo, que cree en este momento 
haber contribuido con su voto en el Con- 
greso, á levantar en el país un gobierno 
alcantarillo. 

— Alcantarillo, alcantarillo-; pídale á 
Dios, que no sea bizantino, como puede 
muy bien serlo !-Ya usted lo verá. -. -Y 
tras este corto diálogo, Olavarría enmude- 
ció y yo también, para volver á hablar acer- 
ca del particular, hoy; esto es: dos años 
después, realizado ya el triste vaticinio. 

Fue aquella conversación, algo como 
una profecía del patriotismo alarmado por 
una súbita y tardía apreciación, del origen 
del encumbramiento, y las condiciones per- 
sonales del hombre, á quien se acababa de 
exaltar hasta la primera Magistratura de 
la Nación. 



CXVIII 



Harto he pagado ya, y pagaré todavía 
más mi fatal error 



Se habla hoy mucho de la salida del 
doctor Sebastián Casañas, en persona, con 
el carácter de Jefe de operaciones, á batir 
al General Crespo, ó á tratar de reducirlo 
á la obediencia diplomáticamente. 

Al logro de este último fin acompaña- 
rá á Casañas, según se murmura en la 
ciudad, el doctor Vicente Amengual. 

Igualmente se señala como valiosa in- 
termediaria en la pretendida negociación 
de la paz, á la respetable señora, doña 
Jacinta de Crespo, esposa del General. 

La verdad, respecto é este último pun- 
to parece ser, que habiendo el doctor Ca- 
sañas solicitado repetidas veces la inter- 
vención de dicha señora en el asunto, ella 
ha convenido únicamente en dirigir una 
carta privada á su señor esposo recomen- 
dándole el negociador. 

Se ve claramente lo que la gente de la 
Casa Amarilla busca cerca del Jefe Lega- 
lista con la misión de paz, que á reserva 
de no poder hacer otra cosa, lleva Casañas. 



CXIX 

Perdido como se ve el Gobierno, por 
los progresos de la Revolución, y la falta 
absoluta de opinión, y de medios para con- 
tinuar la guerra, que amenaza prolongarse 
mucho, trata de sorprender la reconocida 
buena fe del General Crespo con algunas 
promesas, que de seguro no le cumplirá; 
á ver si, así, logra hacerle deponer las ar- 
fnas, é inerme y confiado se entrega en 
las manos de Casañas; pero dudosos de 
poder alcanzar lo que por sí solo sería un 
gran triunfo para él, aspira á llamar en- 
gañosamente á las puertas de aquel gran 
corazón, por la voz atribulada de la esposa 
ausente 

Afortunadamente la señora Crespo, con 
su clara inteligencia y el conocimiento que 
tiene de la perfidia de los hombres de la 
Casa Amarilla, rompe discreta y cortes- 
mente el lazo que se ha pretendido tender 
al honor y al gran porvenir político de 
su esposo, y se contenta con darles una 
simple carta de recomendación personal, 
quizá si de pura introducción 



El día termina con tres boletines de 
noticias: dos del Gobierno: y uno de la 



cxx 



Revolución, enteramente contradictorios 
como sucede en estos casos. 



20 de Marzo. 

Hoy no he sabido nada. 

Ninguna persona ha estado á visitar- 
me. 

El día lo he pasado, así, completamente 
solo, pensando en mi madre, esposa, é hi- 
jos abandonados, y en mis hermanos, que 
purgan en una prisión del Zulia el gran 
crimen de ser hermanos míos; leyendo á 
ratos "La Libertad," por John Stuart Mili, 
como instructiva compensación de la que 
me hace tanta falta. 

Con otros libros notables, cariñosa pre- 
visión de mi amigo M. R., distraigo tam- 
bién mi soledad. 

Tales son : 

"Estudios políticos" y sociales, por 
Herbert Spencer. 

"Dios, Patria y Libertad," por Julio 
Simón. 

El Príncipe, por Maquiavelo. 



CXXI 



El mismo amigo, que me conoce mucho, 
me decía el otro día: si Maquiavelo no al- 
canza á modificar la falsa idea de la polí- 
tica y de los políticos, sobre todo, que tie- 
nes, lee el "Hombre Globo" de Larra, para 
ver si, así, aprendes á estar siempre por 
arriba. 



^"-^y 



— 16 — 



^^^J^4f^^M^Mf^f^^^^ 



Acuerdo d3 la Corta da Cisacióa.-Milbrouhg s' en va-t-en 
guérre! -Semblanza del Doctor Sebastián Casañas.- Semblan- 
za del Doctor Yicanta Amengual.-Prisión de algunos firman- 
tes del Acuerdo de la dicha Cort3,-El Maupas de la época.- 
Juiciosde "La Opinión Nacional" y de "El Pueblo" acerca 
de los miembros de la Corte de Casación. 



Vil 

21 de Marzo. 

Acaba de lleorar á mis manos el docu- 
mentó que copio mas abajo, íntegro, por 
su notoria importancia. 

Como se verá por su le:tura, parece 
que hay ya otro Alto Poder Nacional que 
piensa como la mayoría del Congreso, res- 
pecto al actual Gobierno de la República. 

Dice así ese documento de la Corte de 
Casación. 

A ¿A TSACIOP*. 

Estados Unidos de Venezuela. — Corte de Casación.— 
Presidencia. — Caracas, 21 de Marzo de 1892, año 



cxxrii 

2:8 de la Ley y 34 de la Federación. — Circular 
(duplicada.) 

Ciudadano Ministrirde Relaciones Interiores. 

Presente. 

La Corte de Casación, que tengo la honra de pre- 
sidir, ha librado en su sesión de ayer el acuerdo si- 
guiente : 

"Corte de Casación de los Estados Unidos de 
Vfyiezuela. — En vista de que el doctor Raimundo 
Andueza Palacio, en connivencia ó con.plicidad con 
unos cuantos ciudadanos ha usurpado desde esta fecha 
■el poder, atrepellando la Constitución y leyes de la 
República, y violando el juramento que prestó de res- 
petar y de hacerlas respetar; considerando, que el 
doctor Raimundo Andueza Palacio y sus cómplices 
han atentado contra la magestad de la Nación des- 
conociendo la autoridad del Congreso Nacional y 
persiguiendo á los Representantes del pueblo; consi- 
derando, que estos hechos constituyen el más grave 
delito que conocen nuestras leyes y están previstos por 
los artículos 239, 115, 116 y 117 del Código Penal; 
considerando, en fin, que es deber legal de todo fun- 
cionario ó empleado público, deber que está sometido 
á una sanción penal (artículos 134. y 135 del Código 
Penal), no continuar en el ejercicio de sus funciones 
bajo semejante régimen, 

ACUERDA: 

Suspender sus trabajos y sesiones hasta que la 
Nación recobre sus lejítimas autoridades: exitar á to- 
dos los Tribunales de la República á que, en cumpli- 
miento de la Ley, procedan de la misma manera ; y 
protestar solemnemente ante el País contra el crimen 



CXXIV 

consumado. — Caracas, veinte de marzo de 1892, año 
28 de la Ley y 34 de la Federación. El Presidente, 
Ensebio Baptista. — El Vicepresidente, Nicolás Anzola. — 
El Relator, Nicomedes Zuíocga. — Vocal, Diego Casarlas 
Barguillas . — Vocal, Eloy G. Montenegro. — Vocal, Pedro 
Centeno. — Vocal, D. B. Barrios. — El Secretario, P. V. 
Lc>prz Eonfoine's." 

Trascripción que tengo la honra de hacer á 17. en 
el ineludible cumplimiento de mi deber. 

Dios y Federación. ( 

EUSEBIO BAPTISTA. 
Imprímase. — El Presidente. Ensebio Bapüsta. 



Y es todo lo que dice; y no es poco. 

Ya apellidará también el doctor An- 
dueza Palacio á esta Alta Corte, grupo de 
godos, anarquistas y facciosos; lo repeti- 
rán así, "La Opinión Nacional" y "El Pue- 
blo;" los firmantes irán á parar á la cárcel 
ó tendrán que esconderse; los que .no fir- 
maron, que son : Ricardo Ovidio Limardo, 
Eduardo Espelozín y Félix María Quin- 
tero, contra-protestarán como puedan; así 
por ejemplo, como los de la minoría del 
Congreso, ó tratarán de constituir una nue- 
va Corte; y si no pueden— ¡ que le importa 
ésto al doctor Andueza Palacio- es hom- 



cxxv 



bre capaz de bastarse él sólo en la tarea 
de la Usurpación- 



El doctor Sebastián Casañas ha salido por 
fin, hoy, á campaña, con un Estado Mayor, 
en el cual figura Celestino Peraza, con el 
carácter de Jefe de Estado Mayor General. 
* Antes de partir el doctor Casañas— 
/ Malbrough sen va-t-en gi(én'e/—\\a. diri- 
gido una esquela á mi amigo y compañe- 
ro de causa, señor Laurencio Silva, sena- 
dor por Carabobo, en la cual le dice, que á 
semejanza del Ilustre Procer de la Inde- 
pendencia general Laurencio Silva, padre 
de mi amigo, él, Casañas, va, á tratar de 
reducir por las buenas ó por las malas, al 
Páez de este nuevo 48, que han provocado 
los de la mayoría del Congreso; que lleva 
intenciones de convencer á Crespo de su 
error; pero que si no lo logra, le hará una 
guerra sin cuartel 

Malbrough s'en va-t-cn gucrre 
Qui sait quand reviendra 
II reviendra par Paques 
Ou á la Trinité 



CXXVI 

Ningún hombre público de Venezuela,, 
personifica, en mi concepto, de modo más 
cabal que el doctor y general, señor Se- 
bastián Casañas, la política maquiavélica 
del día. Hasta puede asegurarse que él 
es su creador ; y como Minerva del cere- 
bro de Júpiter, así, salió esa política per- 
fectamente organizada de la cabeza del 
Ministro de Relaciones Interiores de An- 
dueza Palacio. 

A semejanza de los políticos griegos 
de los tiempos de Tucídides, Sebastián Ca- 
sañas se distingue por la sagacidad prácti- 
ca de su carácter mal geniado y terco en¡ 
realidad, aunque en apariencia dócil, ase- 
quible y familiar; cierta habilidad, que es, 
como la característica de su índole política, 
en idear medios y fraguar planes condu- 
centes al logro del objeto que se ha pro- 
puesto conseguir; y una tenacidad y firme- 
za tales en sus propósitos, que una vez lan- 
zado en una vía cualquiera, buena ó mala, 
irá siempre hasta el fin, sin miedos pueriles 
en el alma, ni reservas en el carácter, ni 
dudas en la mente 

Trabajador incansable, estaría todo un 
día sentado á su mesa de trabajo sin haber 
dormido la noche anterior, y sin sentir 



CXXVII 

tampoco la necesidad del hambre ó de la. 
sed, fatigando á los más robustos de sus 
secretarios, y tomando el trabajo, ó la dis- 
tracción, que también como hombre de 
placer es incansable, como medio de gastar 
la perenne actividad de su inquieto espíri- 
tu, y la fuerza de su cuerpo de luchador. 

De claro talento, y muy regular instruc- 
ción, ha mucho tiempo, que logró desem- 
barazarse, como diría Claretie, del pesada 
fardo de los escrúpulos, que en la genera- 
lidad de los hombres coartan y hasta pa- 
ralizan en absoluto la libertad de acción,, 
limitándola al ejercicio de lo que única- 
mente es tenido por bueno, y aceptado» 
por el común de las gentes. 

Quien como él ha podido trabajar cons- 
tantemente de tai suerte, es, sin duda al- 
guna, una fuerza poderosa en les tiempos 
de desmoralización política que corren, en 
que tanto abundan los políticos sagaces y 
sin creencias, y la doctrina del disimulo,, 
del cohecho y de la audacia, se ha erigido* 
en sistema de Gobierno. 

Luis XI, Maquiavelo, Richelieu y Ma- 
zarino, han tenido en él un inteligente 
imitador, y gracias á la copiosa enseñanza 
que les debe, alcanza hoy á elevarse sobre 



CXXVIII 

el nivel de sus coetáneos con un caudal de 
merecimientos que lo forman dos hechos 
principales: el derribamiento y demolición 
de las estatuas del General Guzmán Blan- 
co, que generalmente se le atribuye : y 
la obra del continuismo, que sólo don Vi- 
cente Amengual podría disputarle. 

Por lo primero llegó á ser Ministro y 
Gobernador del Distrito Federal; por ló* 
segundo puede llegar á ser el Usurpador 
de mañana, en reemplazo del que hoy exhi- 
be en la picota de la excecración pública, 
á los ojos airados de propios y de extraños, 
como la obra predilecta de su genio, y á 
manera de estudio y aprendizaje propio 
de este género de encumbramientos. 

Ya le tenemos con la espada de la Dic- 
tadura que imprudentemente ha puesto en 
su mano el doctor Andueza Palacio, en- 
frentado al General Crespo en el Guárico, 
á donde llegará en breve-¡ay del país, si 
al fin obtiene un triunfo decisivo y ruidoso 
sobre la Revolución! Revolverá su caba- 
llo de batalla en la extendida pampa apu- 
reña, y vendrá á pararlo al pie de las gra- 
das del Capitolio Nacional, para desde ahí, 
desceñidos los arreos del soldado, escalar 



CXXIX 

el solio del poder más absoluto que habrá 
tenido Venezuela. 

Vencido, por el contrario, rodará al 
abismo del más profundo desprestigio, aún 
más rápidamente que cómo ha subido al 
pináculo de su grandeza actual, y Boulan- 
ger no dormirá solo en el Panteón de la 
H istpria. 



22 de Marzo. 

Se había dicho que el doctor Amen- 
gua! acompañaba á Üasañas en su expe- 
dición-diplomático-guerrera; pero no hay- 
tai : Amengual se queda en Caracas; y yo 
voy á aprovechar esta oportunidad, para 
ver si logro hacer su retrato, siquiera sea 
medianamente parecido, ya que él merece 
en estos "Apuntes," una página especial. 



El doctor y general don Vicente Amen» 
— 17 — 



cxxx 

gual es el primer hombre de Estado de 
Venezuela. 

Conoce á fondo su política, y sus hom- 
bres públicos; y sus leyes todas se las sabe 
al dedillo. 

De gran talento, facilísima palabra, tra- 
to jovial y conversación amena, no creo 
que nadie le odie, ni le quiera mucho. 

Después de Olavarría, me parece que 
es el mejor orador parlamentario que tiene 
el Congreso. 

En una doble cualidad estriba, á mi mo- 
do de ver, la fuerza de su oratoria: 

En el conocimiento cabal que posee de 
las leyes, y en el modo de interpretarlas y 
aplicarlas. 

A oírle citar, durante una discusión, le- 
yes, sobre leyes, con entera precisión de 
fechas y circunstancias en las cuales se 
dictaron, cualquiera diría, que es el autor de 
todas ellas. 

Eso sí, no hay que descuidarse con él 
en la interpretación que les dé, porque 
siempre será la que más convenga á los 
intereses políticos de la causa de su de- 
voción. 

Y como él ha defendido y servido todas, 
las causas políticas dje Venezuela, de casi 



CXXXI 

medio siglo á esta parte, fundado en leyes, 
escritis, resulta que todas las causas para 
él, son legales. 

Este año sostiene, así, que la reforma 
de la Constitución de 1 88 1 está ya sancio- 
nada, y que no hay nada en ninguna ley 
vigente que se oponga á su inmediata vi- 
gencia; y he aquí, que don Vicente es con- 
tinuista por eso sólo. 

El año pasado sostenía, sinembargo, 
contrariando á Pedro Vicente Mijares, en 
ocasión de la reforma introducida al artí- 
culo 118 de la citada Constitución, que 
para que una Constitución reformada pu- 
diera erigirse en Ley Fundamental de la 
República, y ser tenida por tal, era de im- 
prescindible necesidad que antes hubiera 
sido mandada observar por medio de otra 
ley, discutida tres veces en cada Cámara, 
con un día, por lo menos, de intervalo en 
cada discusión ; esto es, conforme al pro- 
cedimiento como se sancionan las leyes : 
y de aquí que don Vicente fuera entonces 
legalista. 

Con este sistema, él nunca desciende 
del alto pedestal de merecida reputación 
en la ciencia de los Thiers, los Bismark y 
los Glasdstone, que tiene conquistada, á 



CXXXII 

esfuerzo propio, desde hace ya mucho 
tiempo. 

Tengo para mí, que á él se debe la 
idea de la prorrogación de poderes al doc- 
tor Andueza Palacio ; y, él quien ha acon- 
sejado la mayor parte de los procedimien- 
tos seguidos desde un principio en la Re- 
pública para hacerla triunfar. . . . 

Últimamente en las conferencias que 
tuvieron lugar en la casa del general Rai- 
mundo Fonseca, á propósito de la célebre 
fórmula de transacción que he mencionado 
ya tantas veces, fue él quien estuvo á pun- 
to de dividir la mayoría y perderla. 

Pero la cuestión de legalidad era esa 
vez tan clara, que con excepción de los 
doctores Feliciano Acevedo y Laureano 
Villanueva, nadie más quiso creerle enton- 
ces, y don Vicente se quedó únicamente 
con los dos amigos mencionados, su gran 
talento y la vaga esperanza de que el tiem- 
po le daría la razón. 

Pues bien, no obstante, todo lo que don 
Vicente Amengual, ha hecho y pueda ha- 
cer aún, por sostener al Usurpador, el or- 
den de cosas que surja, cualquier día, de 
la Revolución triunfante, le encontrará ya 



CXXXIII 

en actitud de ser su gran consejero y su 
más experto timonel. 

Todos los hombres del continuismo 
vendrán á tierra; él sólo quedará en pié. 

Y en la noche del desprestigio en que 
habrán de vivir y que los envolverá á todos, 
tan solo él seguirá brillando como luciér- 
naga en la oscuridad. 
» Llámese ésto habilidad política, llámese 
como se quiera, así es el general y doctor, 
señor don Vicente Amengual; y es inútil 
tratar de desfigurarle 



De los firmantes del Acuerdo de la 
Corte de Casación, ya están presos en la 
Rotunda los doctores Centeno y Casañas 
Burgnillos, y el secretario del mismo Cuer- 
po, señor López Fontainez. Buscan á los 
otros y no les hallan, no obstante haber 
allanado ya la casa del doctor Nicomedes 
Zuloaga varias veces, lo mismo que las de 
otras personas notables. 

¡Y ésto sin perjuicio de que el Usurpa- 
dor siga teniendo la más profunda vene- 
ración, por todas las ^garantías, todos los 
derechos y todas ¿as libertades! 



CXXXIV 

En la republicana empresa de proteger, 
y garantir todos los fueros ciudadanos, 
acompañan al Maupas de la época, señor 
general Domingo A. Carvajal, en calidad 
de subalternos, los Comandantes de Poli- 
cía, señores Sequera Quintero, Macabeo, 
Guiñan, Ramos y otros, cuyos nombres 
ignoro. 

Todos los Golpes de Estado han tenido 
un Maupas, -¡cómo había de faltarle el 
suyo al del 14 de Marzo! 

Hago observar igualmente, que "La 
Opinión Nacional" y "El Pueblo" de ano- 
che, llaman godos, mondo y lirondo, á los 
protestantes de la Corte de Casación. 

"Media docena de oligarcas, dicen, to- 
lerados por la magnanimidad del Partido 
liberal, han &* &r 

¿Se olvidarán estos órganos del Go- 
bierno, en la prensa, del modo como se eli- 
ge la Corte de Casación, su estructura, su 
significación, su grado en la gerarquía de 
los Altos Poderes Nacionales; lo que valen, 
y el respeto en fin, que se debe á sus de- 
cisiones? 

¿ Se olvidarán, digo? 

No, ¡que van á olvidarse de nada tan 



cxxxv 

fiieles interpretes y voceros de la política de 
la Casa Amarilla! 

Lo que sucede es que ellos tienen que 
recitar todas las noches la misma lección, y 
no hay miedo deque la equivoquen. En 
ello le va á "La. Opinión Nacional" el pan 
de cada día, y á "El Pueblo" la gloria de 
su Redactor. 




la guerra en general. -Cómo ajuicio del autor podría la pre- 
sente ser útil i Yenezuela.-Continúan las noticias contra- 
dictorias. 

VIII 
23 de Marzo de 1892. 



No he visto nunca paces malas ni gue- 
rras buenas, dijo una vez Franklin. 

En cambio el conde De Maistre pen- 
saba, que el estado habitual de la humani- 
dad era la guerra. 

Franklin, era, por lo visto, menos ob- 
servador que De Maistre. 

Veamos si nó: 
La vida en los tres reinos es un resulta- 
do de la lucha por la existencia. 

Vive lo que lucha, y en la lucha triun- 
fa: llámese animal, mineral, ó planta. 

El hombre se agita, Dios le conduce, 
dice Pascal. 

El hombre se agita, el medio le atrae, 
dice Mugeolle. 



CXXXVII 

Triunfar es adaptarse á un medio. 

Todo lo que vive se transforma, se 
modifica, se diferencia, como diría Goethe, 
pasa de lo homogéneo á lo heterogéneo, 
de lo simple á lo compuesto; esto es, pro- 
gresa. 

En el fondo del progreso, está pues la 
lucha. 

» Y la guerra no es más que una moda- 
lidad de la lucha. 

Es, como el calor, propiedad positiva. 

En tal orden de ideas, la paz, opuesta 
á la guerra, sería propiedad negativa, como 
el frío lo es con respecto al calor, si ella 
misma no exteriorizara, á su manera, el 
eterno y universal combate por la exis- 
tencia. 

¿Por qué dice, sinembargo, Franklin, 
que no ha visto nunca paces malas, ni gue- 
rras buenas? 

En mi concepto esto responde á una 
idea más teológica que científica del pro- 
greso social; al hábito de considerar como 
progresivo, únicamente aquello, que direc- 
tamente, ó nó, propende á aumentar la 
felicidad humana. 

Tal piensa también Spencer. 

~x8- 



CX XXVI 1 1 

Se ve, así, que la guerra deja con fre- 
cuencia viudas á gran número de esposas, 
huérfanos á gran número de hijos; que 
aquí tala una sementera, allá incendia una 
habitación, acullá arruina una industria 
produciendo el dolor, la miseria y la inco- 
modidad por todas partes, y se dice, al 
punto: la guerra es mala; es el retroceso; 
es la muerte. í 

En cambio se observa que en el seno 
•de la paz hay generalmente un aumento 
en la producción de los medios necesarios 
para satisfacer mejor y más cómoda y agra- 
dablemente nuestras necesidades, que hay 
más seguridad personal y hasta más liber- 
tad de acción, y se dice con la misma li- 
gereza: la paz es buena; es el progreso; 
es la vida. 

Error en ambos casos. 

La cuestión es necesario, pues, estu- 
diarla desde un punto de vista mas elevado, 
á la luz de un criterio menos egoísta, y por 
tanto mas filosófico y trascendental., 

Entonces se observa que tanto la paz 
como la guerra pueden llenar una misión 
civilizadora, y corresponder alternativa- 
mente á la idea del progreso social, tal co- 



CXXXIX 

mo él es en sí; extraño á toda considera- 
ción de restringido utilitarismo. 

Una y otra pueden ser evolutivas y 
producir cambios de estructura en el or- 
ganismo social, tendentes á alcanzar mayor 
diferenciación en sus elementos y mejor 
ordenamiento de ellos; y por tanto aquella 
armonía del conjunto que es como la ex- 
' presión del bienestar cíe cada una de las 
partes: armonía sin la cual no hay pro- 
greso posible, ni civilización verdadera. 

Puede aquí preguntarse — ¿Cuál délas 
dos, la paz ó la guerra, logra estos cam- 
bios con mayor celeridad y eficacia? 

La paz? 

¡ La de Augusto acaso! 

¡ Nunca la de Varsovia, y la del segun- 
do imperio en Francia! 

La guerra? 

La Historia enseña que las grandes ci- 
vilizaciones en los pueblos han venido 
siempre después de grandes guerras. 

Nunca fué Roma más grande que cuan- 
do fué conquistadora. Depuso la espada 
que la había hecho señora del mundo y la 
corrupción acabó con ella. La recogieron 
los Bárbaros, y dieron origen á una nueva 
civilización y á un nuevo progreso 



CXL 

Grecia, cuando después de resistir la 
invasión asiática llevaba sus armas victo- 
riosas hasta las riberas del Indo, y Esquilo 
escribía epitafios para la tumba de los 
héroes 

España, después de San Quintín y de 
Pavía. 

Francia, después de Fontenoy y de 
Sedan. 

¿ Serás tú, grande Venezuela, después 
de la presente? 

Al porvenir toca responder. 



Me ha inspirado estas páginas la gue- 
rra que, al parecer, prende ya en todo el 
país, y de la cual habrá de resultar la feli- 
cidad de la Patria, sí, una vez por todas, 
logra ella establecer en la práctica de la 
política la predominancia del Poder Par- 
lamentario sobre el Poder Ejecutivo, como 
valla insalvable para una nueva Usurpa- 
ción-. . . . Si no logra esta conquista y la 
Revolución olvida su programa, temo mu- 
cho que esta guerra no sea sino el preludio 
de grandes é irreparables desgracias-¡ Dios 
colme entré tanto de riquezas, honores y 
felicidades de todo género, al doctor An- 



CXLI 

dueza Palacio, autor de esta guerra y su 
principal responsable ante el Porvenir de 
la Patria! 

El Gobierno que es quien más intere- 
sado debiera estar en ocultarla, es sinem- 
bargo el primero en divulgarla, con los 
ampulosos boletines de noticias que publi- 
» ca todos los días. 

La Revolución también publica los su- 
yos; y jamás se había visto mayor empeño 
de parte y parte, en engañarse recíproca- 
mente y falsear la verdad, de lo que de 
cierto pueda estar pasando en el resto de 
la República. 

¿Será que la guerra se hace también 
con mentiras? .... 

Así es que nada puedo anotar hasta 
hoy, en pro ni en contra de los intereses 
de mi causa, librados, por ahora, á la varia 
suerte de las batallas. 

¡Que se pelean con furia los dos ban- 
dos, no queda duda! 

¡Y que la guerra amenaza prolongarse 
mucho, tampoco! 

¡ "El bien como el mal, suelen sufrir los 
mismos vértigos y tener idénticos empe- 
cinamientos"! 



Prisión del General Desiderio Escobar. -Explosión de dinamita.- 
Cemo refiere el suceso "El Noticiero. "-Quien fué su verdade- 
ro aulor.-Documentosde la Alta Certa Federal. -Expulsión del 
Repórter del New- York Herald. 



24 de Marzo. 

Anoto en primer lugar, la prisión del 
General Desiderio Escobar, y veinte ciu- 
dadanos más, sorprendidos anoche por una 
ronda de policía, á tiempo que iban á en- 
grosar una guerrilla de los alrededores. 

Se acusa á un tal Flores de haberlos 
traicionado. 

No me consta esa traición. 

También tuvo lugar anoche una explo- 
sión de dinamita en una de las esquinas 
de la Plaza Bolívar. 

Entre los diversos rumores que corren 
acerca del asunto, hay la siguiente versión: 
parece que algunos Jefes legalistas, ocultos 
en la ciudad, en la precisión de ir a ocupar 
su puesto en las filas de la Revolución, 



CXLIII 



idearon este medio para poderse escapar,. 
á favor de la confusión general que debía 
causar la explosión ; y parece que, en efec- 
to, muchos lograron su objeto. 
¡Se non é vero é bene trovato! 



25 de Marzo. 

"El Noticiero" de esta noche dice \o 
siguiente, á propósito de la referida explo- 
sión de dinamita. 

"El SUC€85 ilcl JUCVCS 

A eso de las nueve de la noche se oyó en toda la 
ciudad una fuerte detonación que causó grandísima 
alarma. El estampido fue producido por un cartucho- 
de dinamita que estalló en uno de los extremos de la 
Plaza Bolívar. La confusión que se produjo fue espan- 
tosa!; todos los coches y tranvías que estaban en la 
estación partieron arrastrados por el susto de' los ca- 
ballos, y también de los cocheros; la gente que se aglo- 
meraba en la Plaza de la Universidad, con motivo de 
la Retreta, trató de correr, y arrollándose se cayerorn 
unos sobre otros ; todos los establecimientos cenaron 
simultáneamente sus puertas, produciendo ruido infer- 
nal; nubes de polvo se levantaban en lis calles, por 
.todas las cuales corría apresurada la gente; y nubes. . .. 



CXLIV 

de terror producían las gigantescas bolas, que volaban 

de boca en boca ! 

; Que noche ! ¡ Que momentos tan terribles! 

Aún no se ha descubierto el criminal autor de tanta 
alarma, pero es de esperarse que caiga en manos de 
la autoridad y que reciba un castigo muy severo." 

¡Sí, que le echen un galgo!. . . • 

Después me han asegurado que el au- 
tor del hecho, fue el general Julio Sarria, 
con el objeto de ver si el Usurpador era ó 
no hombre de valor- y parece que An- 
dueza no se portó mal esa noche, pues ba- 
jó rewólver en mano, á colocarse en medio 
de su guardia, gritando que quería morir 
con los suyos - ¡ il n' y avait pas de quoi ! 
Conocedor de esto el Usurpador, se vengó, 
más tarde, del general Sarria, haciéndole, 
á su turno, estallar cartuchos de dinamita, 
en la vecindad de la casa de habitación. 

¡ Ejusdem farinae! 

Ninguna noticia. 

Crespo, parece que ya ni existe. 

Venezuela entera, diríase que no res- 
pira sino por la boca del organismo oficial. 

¡ Hasta cuando durará tanta incerti- 
dumbre! 



CXLV 

26 de Marzo. 

Hoy llega á mis manos el siguiente 
oficio: 

Ciudadano Ministro de Relaciones Interiores. 

He recibido el oficio de usted, fecha de ayer por 
el que á nombre del Presidente de la República, y por 
•haber sido éste informado que la Alta Corte no cele- 
bra sus sesiones con regularidad, me excita respetuo- 
samente á dictar las medidas conducentes á fin de 
reanudar los trabajos de este Cuerpo. 

La Alta Corte Federal no ha dejado de celebrar 
sus sesiones las veces que sus trabajos lo requieren 
cuando no han existido motivos que hayan impedido 
ásus miembros concurrir; permitiéndole por otra par- 
te su ley orgánica el despacho de muchos de los asun- 
tos de que conoce, sin necesidad de reunirse en Corte. 
Y esta explicación la hace este Tribunal como demos- 
tración de cortesía hacia el Poder Ejecutivo, en gracia 
de la buena inteligencia que debe reinar entre los Al- 
tos Poderes Nacionales. 

Mas admitiendo que hubiese alguna interrupción 
en los trabajos de esta Corte, sabe el ciudadano Minis- 
tro como Jefe de la política Nacional, que atraviesa la 
. República la más desconsoladora de las situaciones 
públicas que ha tenido desde su fundación hasta hoy; 
la mayoría del Congreso, que es según la Constitución 
Nacional, El que ha debido crear este año el nuevo 
Poder Ejecutivo, se separa del Capitolio y suspende 
sus funciones, lanzando á la Nación un Manifiesto en 
que denuncia la imposibilidad de cumplir sus deberes 

-19 — 



CXLVI 

constitucionales. El Ejecutivo que debía cesar al reu- 
nirse aquél para ejercer las funciones de elector conti- 
núa, sinembargo de que han terminado los dos años 
constitucionales, sin activarla reunión de la Represen- 
tación Nacional ; varios m'embros del Congreso y de 
la Corte de Casación, no obstante la inmunidad de los 
primeros y las prerrogativas de los otros, se hayan pre- 
sos en la cárcel pública de esta ciudad, y aún itn vocal 
de esta misma Corte es detenido en la Policía , sin que 
hasta ahora se sepa las razones de su detención, ni se 
haya dictado por este Tribunal el auto correspondien- 
te, si hubiere lugar á ello. i 

Ante tales hechos que amenazan destruir el impe- 
rio de la Ley, el ciudadano Ministro debe encontrar 
natural que la Alta Corte medite con toda calma el 
proceder que deba adoptar en tan grave situación po- 
lítica de la República. 

Los solemnes deberes que tiene esta Corporación 
estándole atribuido él ejercicio de la Alta Jurisdicción 
Nacional, velar por la unidad de la legislación patria 
y consecuentemente declarar insubsistentes los actos 
de los funcionarios que no sean constitucionales, no le 
permite tomar determinación alguna que pueda afec- 
tar los derechos que se ventilan en ella, sino después 
de meditado estudio para poder decidir lo que con- 
venga en la anormalidad política, y en espera de que 
el Jefe del Ejecutivo dicte las medidas conducentes á 
la reunión del Congreso Nacional para la estabilidad 
constitucional de la República, á cuyo fin se permite 
excitar respetuosamente al ciudadano Presidente por 
el respetable órgano del ciudadano Ministro de Re- 
laciones Interiores, á efectuar la convocatoria extra- 
ordinaria de este Augusto Cuerpo. 

Sírvase elevar este oficio al conocimiento del ciu- 



CXLVII 

dadano Presidente de la República, el cual dirijo en 
nombre de la Alta Corte Federal. 

El Presidente, 

CARLOS ÜRRUTIA. 

Este documento fue publicado en la 
"Gaceta Oficial," con fecha 22 de Marzo, 
de donde un amigo sacó una copia, que 
es la que aquí aparece-antes de que el 
Gobierno apercibido del error que come- 
tiera dejándolo circular, lo recogiera como 
lo hizo precipitadamente. 

La protesta no se hará esperar. 

Esto escribía yo en esta fecha; y, en 
efecto, el 18 del mes siguiente, vio la luz 
pública el documento de protesta de la 
Alta Corte Federal. 

Lo he solicitado, y, habiéndolo obteni- 
do, lo incluyo ahora en esta página. 



MANIFESTACIÓN 

DE LA ALTA CORTE FEDERAL. 

Los infraescritos, Ministros de la Alta Corte Fe- 
deral, juzgamos que es ya deber impretermitible poner 
término á la actitud de expectativa que hemos mante- 
nido hasta hoy, por no reagravar el lamentable des- 



CXLVIII 

concierto que sufre la marcha de la Administración 
pública; y porque confiábamos en que habrían de 
encontrarse soluciones patrióticas y oportunas al des- 
graciado conflicto político que ha venido á perturbar 
el funcionamiento del Poder Legislativo, y desde luego 
el orden constitucional de la República. 

La disolución del Congreso en los días de paz v de 
prosperidad que coman para la Nación, es el hecho 
doloroso que todos palpamos, y que hiere de muerte 
la base fundamental déla Democracia: la soberapía 
popular delegada al Cuerpo Legislativo. 

El gran proceso á que dá origen ese inmenso de- 
sastre, sin ejemplo ni aun en los peores tiempos de la 
República, está abierto, y venimos tan solamente á 
consignar la página que en él nos correnponde. Toca 
á la Historia juzgarlo más tarde en definitiva, con la 
severa imparcialidad de su infalible criterio; y al fallo 
de su excelsa justicia, de quien es la tremenda res- 
ponsabilidad de esta hora aciaga, de estos días de som- 
bríos vaticinios, de infaustos sucesos que auguran nue- 
vos lutos para la Causa Liberal, que es la causa de la 
Libertad, del Derecho y de la dignidad del pueblo ve- 
nezolano. Bien sabemos que con cerrojos y bayonetas 
no pueden discutirse principios políticos, porque es 
vano empeño hablarles de la magestad del derecho y 
de los sacrosantos fueros de la Libertad. 

Hemos aventurado, sin embargo, una palabra 
de paz invocando la reinstalación del Congreso, por 
si era tiempo de que fuese oída del Jefe del Ejecutivo 
Federal, á cuyo ilustrado espíritu no puede ocultár- 
sele la gravedad del caso que le impone hoy el deber 
de convocarlo extraordinariamente, en virtud de la 
tercera de sus atribuciones constitucionales. No ha 
tenido eco la muy respetuosa excitación que en este 



CXL1X 

sentido le fue hecha por el Presidente de la Alta Corte 
Federal, á nombre de ella. 

Otros caminos muy distintos señala á los propósitos 
políticos del Jefe del Ejecutivo la circular de i° de abril 
del Ministro de Relaciones Interiores que tenemos 
á la vista, documento en el cual se declara oficialmen- 
te por el Presidente constitucional de la República, 
rota la Constitución al prescindir del Poder Legisla- 
tivo representado en el Congreso, cuyo período no 
ha terminado, y al iniciar la convocatoria de una A- 
samblea extraordinaria, acto opuesto á la constitución 
vifente así como á la reformada, porque ninguna de 
las dos la reconoce ni ordena su elección; Asamblea 
cuyos poderes emanados de los Estados vendrán á 
colidir necesariamente con los otorgados á los actua- 
les representantes por el pueblo, y que no han sido 
revocados. 

Convencidos, pues, de que nada tenemos que es- 
perar que justifique por más tiempo nuestra patriótica 
expectativa, nos resta ahora como el úitimo deber que 
tenemos que cumplir en este momento supremo que 
contrista nuestros ánimos: reivindicar como funcio- 
narios públicos y como ciudadanos, un sagrado dere- 
cho de la conciencia : el de sustraernos al eterno re- 
mordimiento de haber guardado culpable silencio an- 
te la terrible catástrofe que amenaza la República; y 
de haber asentido á que el Supremo Tribunal jurídico- 
y político de la Federación, viniese á aparecer más 
tarde de pie frente á las ruinas del Congreso. 

Considerando, por tanto, que cumple á la digni- 
dad del Alto Cuerpo evitar el triste espectáculo que 
ofrecería más luego tan irrisorio contraste. 

Tomada en cuenta la protesta de la mayoría del' 
Congreso, el cual ha declarado terminantemente ante 
el País que la Representación Nacional no podía 



CL 



funcionar, y que ha expuesto y enumerado los obs- 
táculos que impiden el ejercicio de las atribuciones del 
Poder Legislativo. 

Visto que la Corte de Casación ha suspendido 
también sus importantes funciones. 

Habiendo estudiado, meditado y previsto toda la 
significación que tiene el Manifiesto dirijido á la Na- 
ción por el ciudadano Presidente de la República, y la 
aludida circular del Ministro de Relaciones Interio- 
res; en los cuales aquel Magistrado reivindica y ofre- 
ce asumir facultades y poderes que la Constitución no 
le otorga, que ninguna ley le ha conferido, y que tam- 
poco pueden conferirle ni otorgarle los actos de las 
Legislaturas, ni los votos de confianza de los Presi- 
dentes de los Estados, ni ninguna autoridad, ni nin- 
gún funcionario público, en fin; porque todos juntos ó 
separados son incompetentes para ejercer atribucio- 
nes que no tienen por la constitución y las leyes; 
carecen igualmente de facultades para delegarlas en 
forma de Acuerdos ó decretos que no tienen ningún 
valor legal, por más que provengan de Municipalida- 
des, Legislaturas y Presidentes de Estado, apoyados 
en manifestaciones de particulares sobre materias re- 
servadas al Congreso, porque ni los ciudadanos pue- 
den hacer lo que la ley les prohibe, ni los Magistra- 
dos lo que no les manda expresamente. 

Y resultando de todo lo expuesto, que según la es- 
tructura del sistema federal consagrado en las institu- 
ciones vigentes y establecido por el derecho constitu- 
cional americano, la República no puede concebirse 
sin la coexistencia de los tres Altos Poderes públicos, 
Legislativo, Ejecutivo y Judicial, y que no puede ser 
sustituido por ninguna otra forma de Gobierno distinta 
de la que aquellas han reconocido. 

Que el fnncionamiento de la Alta Corte* Federa \\_J 



CLI 



como Poder Judicial y regulador político de la cons- 
titucionaildad de los actos de los demás poderes, y 
por consiguiente de su equilibrio, no es, como así lo 
comprueban todas las disposiciones del pacto funda- 
mental y de la Legislación relacionadas con la ma- 
teria, ni puede ser compatible con la inexistencia del 
Poder Legislativo, el primero y principal délos ele- 
mentos que constituyen el organismo federal de la Re- 
pública. 

► Y que por tanto, la Alta Corte Federal no debe con- 
tinuar funcionando mientras este~interrumpido el orden 
constitucional, porque sus actos quedarían viciados 
de nulidad. 

Venimos en declarar y declaramos: que nos sepa- 
ramos de los puestos que desempeñamos en la Alta 
Corte Federal mientras no sea restablecido el imperio 
de dicho orden constitucional, en los Estados Unidos 
de Venezuela. 

Así lo hacemos constar para sus efectos legales por 
medio de esta Manifestación que será publicada, tras- 
mitidaí original al Congreso en su próxima reunión, y 
en copia á quienes más corresponda, por el Presidente 
de la Alia Corte Federal. 



Caracas: 18 de Abril de 1892. 

El Presidente, Carlos Urrutia. — El Vicepresiden- 
te, C. Yepes, hijo. — El Relator, Eduardo Gárate. — El 
Canciller, L. M. Díaz. — Vocal, Tomás R. Olivares. — 
Vocal, J. A. Gando B. 



CLII 

27 de Marzo. 

El Repórter del New York Herald, 
ha sido expulsado por la policía del Usur- 
supador. 

Esa expulsión á más de ser un acto 
de arbitrariedad dictatorial, constituye un 
grave error político. 

Le auguro al Gobierno del 14 de Mar- 1 
zo, una guerra periodística del Herald, tara 
cruda como la que se le está haciendo era 
todo el país, que habrá de hacerle mucho 
mal, y desacreditarle en el mundo entero. 

Y á Andueza,-¡qué se le dá con esa 
guerra! 

Pueda él silvar todavía su paraulata 
algunos meses más, muellemente reclina- 
do en los sillones de la Casa Amarilla; y, 
piensen de él lo que á bien ó á mal tengan, 
en Francia, Alemania ó Rusia 

Lo mismo se le dá á él 



^ft^^^^^^íí^vVf^^^'^^árí^iíSf^ 



Las mujeres revolucionarias en general, y en especial las de 
Caracas.-El Ministerio dsl G)lp3 de Estado. -La corta de Ca- 
sación, apócrifa. -El Banco Yenezuela.-Lijera ojeada sobre la 
situación-para el 31 de Marzo. 



X 

28 de Marzo. 

Siempre jugaron las mujeres papel im f 
portantísimo en las cosas de la política. 

De niñas, aman los juegos de los niños. 

De mujeres, las seducen los peligros 
de los hombres. 

¡Cómo si la atracción del sexo fuerte 
sobre el débil se ejerciera con igual fuerza 
en todas las edades de la vida! 

Primero: inconsciente, franca, infecun- 
da. .. . 

Después: consciente, fecunda, calcu- 
lada .... 

¿Qué resulta de esa atracción, que es 
amor? 

— «o— 



CLIV 

Ya se sabe: la familia, la sociedad, la 
patria. 

Y para el hombre y la mujer el amor 
-á la última es el resumen del amor á las 
«dos primeras. 

¿No la forman entra los dos? 

No hay que extrañarse pues de que 
entrambos la amen igualmente. 

Pero el amor á la patria, que lleva al 
hombre directamente al sacrificio por 
•ella-en la mujer se manifiesta, indirecta- 
anente, en abnegación y servicios al hom- 
bre que tal hace. 

De aquí que cuando el uno combate, 
la otra prepara el bálsamo y las hilas, que 
rsirven á restañar la sangre vertida; si, 
•como está sucediendo en la presente 
guerra, no hacen el papel de conspiradoras 
y combatientes á su manera. 

La Historia no habla, empero, bien de 
«ellas, cuando se mezclan en los negocios 
públicos. 

Y sinembargo están admirablemente 
•dotadas para la política práctica. 

Quien dijo política, dijo flexibilidad, 
arte de atemperarse á las circunstancias. 

¡Y qué espíritu mas dúctil que el de 
3a mujer! 



CLV 



"Tras aquella piel diáfana y suave, tras 
aquellos tejidos blandos, tras aquellos ner- 
vios, sensibles como una red de hilos eléc- 
tricos, late un alma también blanda, dúctil, 
ondulante como las líneas redondeadas de 
su cuerpo, y que así sabe acomodarse á 
todas las circunstancias, como moverse, 
serpenteando, en el laberinto de todos los 
sucesos." 

Su papel habido así importantísimo en 
la Historia. 

"Dálila venció al Hércules filisteo: 
Aspasia, destinada acaso á las bajezas de 
la prostitución, gobernó al gran Feríeles, 
que dio vida á la Grecia y nombre á su 
siglo: Lucrecia quemó la monarquía ro- 
mana en la llama brutal de Tarquino: 
Cleopatra detuvo las conquistas de Roma, 
y rompió la unidad del triunvirato, hacien- 
do esclavo de sus deseos á Marco Antonio, 
que hubiera sido señor del mundo: el amor 
de Ana Bolena levantó enfrente del cato- 
licismo la iglesia an^licana, dando una co- 
roña al cisma y un pontificado á la corona 
británica. Y viniendo á España, después 
que el amor de Florinda sepultó al cetro 
godo en las aguas enrojecidas del Guada- 
lete; después que las liviandades de Urra- 



CLVI 

ca ele Castilla llenaron de sangre la tierra 
'y de venganzas el cielo; entre los celajes 
romancescos de la Edad Media, vénse bri- 
llar como remotos luminares, dominando 
en aquellos tiempos, los ojos andaluces de 
Leonor de Guzmán, las pupilas lucientes 
de María de Padilla, y el fuego de aquella 
naturaleza inflamable de Juana de Portu- 
gal, que ardía al contacto de los rayos so- 
lares." 

Pero no es mi ánimo seguir tratando 
este asunto en general, sino concretado 
únicamente á las mujeres de Caracas, que 
tantos servicios le han prestado ya á la 
revolución. 

Las caraqueñas son enemigas del Con- 
tinuismo, tanto como los mismos hombres 
de la Capital. 

Bellas, elegantes, graciosísimas de por 
sí, las que no disponen de estos atractivos 
naturales, son interesantes por la cultura 
del espíritu, el admirable modo de vestir- 
se, el decoro y gentileza de sus movimien- 
tos, y el timbre melodioso de una voz en 
que vibran contenidos por el pudor de la 
virgen ó el recato de la matrona, las más 
ardientes pasiones, y los más nobles y ge- 
nerosos sentimientos. 



CLVII 

Es incalculable el bien ó el mal que 
semejantes mujeres pueden hacerle á una 
causa. 

Señoritas, decía yo, en días pasados, 
á dos encantadoras revolucionarias de 
veinte años, que, amigas de la casa en 
donde yo estaba oculto, estuvieron allí á 
visitarme — si yo no fuera hoy conspirador 
procuraría serlo. 

— ¿Para qué?— me dijeron, al mismo tiem- 
po, con esa entonación casi musical de la 
voz que no tienen las mujeres de otra par- 
te; y es, "como estallido de amorosos be- 
sos, y vibrar de perfumadas alas." 

— Para tenerlas á ustedes siempre en 

el secreto de todas mis conspiraciones . 

Se rieron inteligentemente, y se fueron 
luego dejando en mis manos el siguiente 
papel de noticias, que copio aquí como un 
grato recuerdo de estos días, y como mues- 
tra de atención por las bondades que les 
debo. 

Dice el papel: "Barquisimeto tomado 
por Manzano. Eleazar Urdaneta salió en 
derrota para Coro. Macabeo Maldonado 
le dio una fiera derrota á las fuerzas del 



CLVIII 

Gobierno, en el Táchira (se supone sean: 
las del cobarde González) y aguardaba á 
Cipriano Castro para quitarle el parque 
que sacó de aquí. En Piedra Azul, y Ba- 
ruta hay una partida alzada. Batalla ha 
salido con fuerzas para Zamora." 

Con noticias de este género, comuni- 
cadas por manos perfumadas, sostienen los 
amigos revolucionarios de fuera el espíri- 
tu de los que estamos ocultos. Son cier- 
tas? — ¡ Ojala lo fueran ! — En todo caso bien* 
venidas sean á mi escondite, yá que son» 
como nuncio de un triunfo que no puede 
tardar. 

Ahora al estamparlas en mi libro de 
"Apuntes" pensando en mis dos amigas 
revolucionarias, me ha parecido que el 
horizonte de la guerra se iluminaba de re- 
pente, y, que en lugar de hombres que allí 
se combatían y se odiaban, había corazo- 
nes que se estrechaban y se amaban — vuel- 
tos en sí, todos, de la locura de una guerra 
de la cual tan sólo la ambición de un hom- 
bre es responsable. 



CLIX 

29 de Marzo. 

Hoy se ha hecho, por fin, nombramien- 
to de nuevo Ministerio. 

Semejante á Napoleón III, cuando el 
Golpe de Estado en Francia el 2 de di- 
ciembre de 185 1, que durante muchos días- 
no tuvo á su lado otros altos personajes,, 
que á de Morny, Saint Arnaud y Maupas;. 
¿sí Andueza no ha tenido hasta hoy, ayu- 
dándole directamente, sino á Casañas, 
Julio Sarria y García Gómez. Este últi- 
mo General, renunció muy pronto el pues- 
to de Gobernador del Distrito Federal, 
fundando la renuncia en razones privadas,, 
que le hacen mucho honor. 

Instintivamente ha decido Anduezai 
hacer, lo que el otro meditó mucho ; pues,, 
en efecto, los Golpes de Estado requieren; 
para salir á luz, energía y prontitud en la, 
acción que los acomete.-Si hay muchos lla- 
mados á interpretar esa acción, se la retar- 
da y embaraza, dándole tiempo al pueblo,, 
ó á sus Representantes, para prevenirla. 
cuando todavía es tiempo, y cuando nó,, 
para neutralizarla.-Son obras, en una pa- 
labra, de sorpresa sobre el pueblo, que no» 
siempre es posible darle. 



CLX 

He aquí el nuevo Ministerio ilegal, por 
decontado, como todo lo que emane del 
Gobierno de la Usurpación. 

Ministro de Relaciones Interiores, doc- 
tor Benito E. Andueza. — De Relaciones 
Exteriores, doctor Manuel C. Urbaneja. — « 
De Guerra y Marina, general Julio F. Sa- 
rria. — De Hacienda, señor Manuel A. Ma- 
tos. — De Fomento, doctor P. V. Mijares\ 
— De Crédito Público, doctor J. A. Ruiz. 
— De Correos y Telégrafos, general D. 
A. Carvajal. — De Instrucción Pública, 
doctor M. Palacio Renjifo. — De Obras 
Públicas, Ingeniero Carlos José Monagas, 

Hay pues, nuevo Ministerio. 

También habrá nueva Corte de Casa- 
ción. 

Cómo se constituirá? 

Parece que han nombrado nuevos 
miembros, en reemplazo de los seis godos 
protestantes del 20 : 

(Los nombrados habían sido los seño- 
res doctores Cadenas Delgado, Ramón 
F. Feo, Diego Bautista y Modesto Urba- 
neja, Miguel Zárraga y Aníbal Dominice; 
y no habiendo aceptado los cuatro prime- 
ros, la Corte apócrifa quedó constituida con 
los doctores Félix María Quintero, Ricar- 



CLXI 

do Ovidio Limardo, Eduardo Espelozin,. 
Aníbal Dominice, Miguel Zárraga, Tito 
Alfaro, Eduardo Carreño y Julio Gonzá- 
lez Pacheco, secretario.) 

A semejanza de un buque viejo en me- 
dio á una recia tempestad, que aquí se le 
abre un agujero, allá se le arranca una tabla, 
no bastando á mantenerle á flote la pron- 
titud con que se atiende á reparar las ave- 
rías; así, se halla el Gobierno de la Usurpa- 
ción, en el mar embravecido de la repul- 
sión general en que naufraga, criticado 
por los unos, abandonado por los otros; y 
si vive aún es merced á que la revolución 
no dispone todavía de elementos de gue- 
rra suficientes para abrir una campaña en 
forma; y, acaso, á condiciones especiales 
de viabilidad, que le comunica el organis- 
mo del Usurpador. 

Puede que este hombre tenga en su 
cerebro, lo que pudiera llamarse la cir- 
cunvolución de la Usurpación, aplicada 
especialmente á presidir los movimientos 
políticos de esta índole, así como existe 
una, que preside á la expresión del pen- 
samiento por medio de la palabra: la c ir- 
cunvolución de Broca, ó de la asfásia. 
— 21- 



CLXII 



Si algún día, encuentro el cerebro deí 
Usurpador en un museo antropológico 1 , 
sirviendo de tema á estudios de anatomía 
comparada, no voy, pues, á sorprenderme 
mucho. - 



30 de Marzo- 
Nada de particular tengo hoy que se- 
ñalar, á -no ser las estrafalarias noticias de 
la guerra, que, sin ningún fundamento de 
verdad, continúan haciendo circular los dos 
bandos contendores. 



31 de Marzo. 

El Banco de Venezuela es gobiernista 
por espíritu de corporación,, y legalista por 
patriotismo; así se explica que al propio- 
tiempo que celebra im dajatirato que per- 



CLXIII 

mitirá cierto bienestar relativo y temporal 
alas rentas nacionales, desee y se intere- 
se sinceramente por el triunfo de la Re- 
volución. 

Dicho esto mismo de otra manera, se 
tiene, que el Banco ayuda á vivir al Go- 
bierno todavía algunos meses más, para 
entre tanto vivir él también y poder, así, 
•salvar los propios intereses y los del Co- 
mercio; ésto, sin excluir la ayuda, que, al 
mismo tiempo, pueden prestar á la Revo- 
lución la mayor parte de sus miembros 
como particulares: lo cual no impide, que 
el Gobierno y el Banco ganen y la Revo- 
lución^ se v perjudique i pero en justicia no se 
le puede exigir más á una corporación 
bancada .... 

Por el contrato celebrado se compro- 
mete el Banco á introducir de los Estados 
Unidos y de Europa, en los meses de Abril 
y Mayo, de cuatro á cinco millones de Bo- 
lívares de oro acuñado, siendo por cuen- 
ta del Gobierno el pago de los gastos de 
esta operación, los cuales se fijan en el dos 
por ciento de las sumas que se vayan in- 
troduciendo. 

Quedan, pues, gravadas las rentas de 
la Nación, en una época en que los rendi- 



CLXIV 

mientes aduaneros y demás ramos de in- 
gresos han llegado al mínimun, con todos 
los cuales correrá el Banco, en un dos por 
ciento de comisión de cobro, más 2 p g 
sobre 5.000,000 Bs. 

Si no hoy, mañana puede realizar, así, 
el Banco una pingüe ganancia, y entre 
tanto el Gobierno habrá vivido de la futu- 
ra prosperidad nacional, sirviendo esto a 
confirmar la opinión de José Mármol, se- 
gún la cual, las tiranías hacen menos mal 
á los pueblos, durante la época en que im- 
peran, que después. 

Abrigo la esperanza de que. en los Es- 
tados Unidos y en Europa, no quieran su- 
plirle dinero al Banco, impuestos como es- 
tán ya aquellos mercados, por la corres- 
pondencia del Repórter del Herald, y la 
consular y la particular, del actual estado 
ruinoso del país. 

Por el momento tengo entendido que 
las casas fuertes de Ansink y Agostine en 
los Estados Unidos, han dado ya la pri- 
mera negativa ; aunque es posible que 
cambien de opinión al leer el siguiente 
párrafo de "La Opinión Nacional" de esta 
noche, que dice así: "Tal es la confianza 
que la nueva situación inspira, que ya para 



CLXV 

hoy la deuda pública, ha tenido una alza, 
notable. "Q?)- De modo, pues, que si las ca- 
sas de Europa responden también nega- 
tivamente, como parece que lo han hecho, 
las citadas de los Estados Unidos, el Banco 
va á hallarse en un gran aprieto, y el Go- 
bierno en vísperas de morir de inanición. 



No quiero terminar este mes sin dejar 
establecido antes con entera claridad, y 
ageno á todo mezquino interés, cual es 
hasta hoy el verdadero estado de la situa- 
ción política, surgida del atentado del 14 
de Marzo. 

Del un lado está un Gobierno que fun- 
ciona sin Corte de Casación, Corte Fede- 
ral, ni Consejo Federal, bien entendido, 
puesto que el que. le rodea está incom- 
pleto, por excusa de los Consejeros, doc- 
tores Leopoldo Baptista, Emazabel y Her- 
moso Tellería, y al cual apoyan el Ejér- 
cito Nacional, un Ministerio tan ilegal como 
el mismo Gobierno, el Banco con su último 
contrato, por no poder hacer otra cosa, y 
varroS periótlieos : "La Opinión Nado^Tal," , 
"El Pueblo/' <'E1 Siglo," "El Granuja" &? 

Del otro, la opinión adversa de todo 



CLXYI 

el país apercibido ya para su defensa, vin- 
culada en la de las instituciones que le han 
sido arrebatadas por el Usurpador, hacien- 
do oír de vez en cuando, y cada vez más 
próximo, su rugido de león herido, entre 
él fragor de combates homéricos, y con la 
vista fija en un hombre en quien ha en- 
carnado la idea noble, justa y trascenden- 
tal de la Revolución, el general Crespo, < 
que no puede por tanto morir. 




Continúa el silencio relativo ala Guerra.-La circular del nue- 
vo Ministro del Interior.-Alzamiento del General Tomás A. 
Carvallo -Boletín revolucionario número 4. -Regreso del Ge- 
neral Fernando Pacheco, Jefa dictatorial á Caracas.-Alzamien- 
to del General Ramón Guerra, en los pueblos del Tuy, San 
Sebastián, San Casimiro, A- 



XI 



i? de Abril. 



Silencio absoluto. . . . 

El general Fernando Pacheco entra 
triunfante á Caracas después de no haber 
disparado ni un solo tiro en todo el terri- 
torio de su jurisdicción militar. 

— ¿ Y de la circular del nuevo Ministro 
de Relaciones Interiores, no se podría de- 
cir algo ? 

- — Sí, se podría, y mucho; pero no se 
debe decir nada 



CLXVIII 

2 de Abril. 

Continúa el mismo silencio. 

Me refiero al que hace en mi alcoba; 
pues por lo que hace al teatro de la guerra, 
por ahí sí que debe haber un ruido!. . - . 
j pero un ruido ! — Ahora no se oye, porque 
todos los telégrafos de esos lados han ama- 
necido cortados, y bien cortados en mu-<. 
chas leguas de extensión. 

¡ Qué travesura ! 

¡ Algún desocupado! 



i de Abril. 



Silencio! 

Soledad ! 

Tristeza! 

En este día supe después, que se había 
levantado en los pueblos de Altagracia de 
Orituco en favor de la Revolución, el Ge- 
neral Tomás A. Carvallo. El Ejército 
formado entonces compuesto apenes de 
pocos voluntarios mal armados, vino el 16 



CLXIX 

del mismo mes á chocar gloriosamente 
contra Hernández Ron, en Chaguaramas, 
en donde perdió á los Generales Santiago 
Sierra, Pedro Paredes, Justo Sosa y An- 
tonio María Ramírez, muertos en el campo 
de batalla, y al General Lorenzo Velazques 
Guzmán, herido y prisionero ese día. Es- 
te Ejército reforzado luego por los Gene- 
«rales Rengifo y Paredes llegó á constar 
de 800 plazas, y fue puesto á órdenes dttl 
General Wenceslao Casado cuando el Ge- 
neral Crespo vino al Tuy en Junio. Allí 
conocí yo á Carvallo, y le debo una pe- 
queña atención que le devuelvo agradeci- 
do en estas cortas líneas históricas. 



4 de Abril. 

Por fin circula hoy el siguiente boletín 
de noticias, que anoto con las mismas re- 
servas de los anteriores, para que sirva de 
modelo únicamente. 



HOLF/HN K? 4. 

No solamente tristeza sino profunda ' vergüenza 
r.os ha : causado -la lectura- de los periódicos america- 

— 22 — 



CLXX 

nos: "New York Herald," '.'New York Recorder," 
^New York Times," "Evening Post," -'The Tribune 
6~'?," que al referirse á la revolución actual en Vene- 
zuela, y los motivos que han sido su causa, nos ponen 
de manifiesto ante el mundo como una horda de sal- 
vajes desprovistos en absoluto hasta de las mas tri- 
viales nociones de civilización y de dignidad, pues 
un país, dicen, que tiene la peregrina idea de elevar 
á la Presidencia de la República á un loco que quiere 
seguir en el Poder, porque le da la gana, necesaria- 
mente ha de ser un estúpido país; y lanzan á conti- 
nuación una hiriente carcajada, porque mientras An- 
dueza Palacio y sus cómplices infames defraudan el 
tesoro público, y promueven una guerra, y disuelven 
el Congreso Nacional, amordazan la prensa, y vejan 
la sociedad, y pasan la vida en una no interrumpida 
bacanal, los ingleses en la Guayana avanzan á pasos 
de gigante, y trazan sus planes de depredación, y hablan 
públicamente de aprovechar la ocasión que les pre- 
senta el señor Andueza para apoderarse definitiva- 
mente de nuestros mas ricos territorios. 

Y mientras eso sucede continúa la Casa Amarilla 
convertida en arsenal de mentiras y telegramas, que 
por fortuna no engañan á nadie. — No ha muchos días 
que la prensa asalariada de Caracas, nos aseguraba 
que toda la República estaba en paz, y al mismo tiem- 
po se publicaban los telegramas fabricados en la Casa 
Amarilla, anunciando un combate en Bailadores, una 
pelea en la Ceiba, una batalla en Sabana de Mendoza, 
una acción en Carache, otra en Mérida, un encuentro 
en Tinaquillo, un tiroteo en Guardatinajas, otro en 
Acarigua, otro en la Vela de Coro, escaramuzas en 
Barquisimeto, en Carabobo, en el Zulia y en otros 
puntos que no recordamos. 

Han salido para Oriente cuarenta cajas de per- 



CLXXI 

trechos y amiament:) ¿Qué hay por allá? - El general 
Ma cd» Rodri_.u*z, fué derrotado en el Baúl por una 
gu *rrilla del general Manzano, y replegó herido á Va- 
lencia. El ej -TC.'t ) de Casañas, se diezma diariamen- 
te. — El general Crespo, ha terminado ya sus opera- 
ciones en Zamora, y á procedido á abrir campaña ofen- 
siva. 

A ÚltilllU hora: Se dice haber tenido lugar una 
gran acción de armas en Calabozo, entre las fuerzas 
legalistas, ál mando del general Crespo y las manda- 
das por Casañas ; éste ha pedido refuerzos á Cara- 
cas. El silencio del Usurpador corrobora la noticia. 

¡ Pueblo de Venezuela, pronto flameará en las al- 
menas del Capitolio la bandera de la Ley. 

¡Viva el Congreso Nacional ! 

¡Viva el general Joaquín Crespo ! ! " 



Este no ha debido ser fabricado en la 
Casa Amarilla, sino en la Casa Roja. 

No importa: hay mentiras que valen 
una batalla. 



5 de Abril. 

Apenas ha regresado el General Pa- 
checo de la recorrida que fue á hacer al 



CLXXII 

Tuy, cuando ya tiene que salir de nuevo, 
pues San Sebastián, San Casimiro, y otros 
pueblos del Sur de Caracas se han puesto 
en armas, al mando del General Ramón 
Guerra. 

Las partidas alzadas esta vez, faz á faz 
del Usurpador, después de haberle derro- 
tado y herido á uno de sus Jefes, á Juan 
Báez, tanto por su número, y elementar 
de guerra á que se han hecho en San Se- 
bastián, como por el Jefe, que las dirije en 
primer término, General Ramón Guerra, 
valeroso, activo, é inteligente, están lla- 
madas á ser el centro de un grande Ejér- 
cito en el Tuy. 

De los 5000 hombres, con que según 
"El Pueblo" y "La Opinión Nacional" 
contaba el General Pacheco, por esos la- 
dos, para la defensa del Gobierno, hay 
que rebajar por ahora los que acaban de 
proclamar la Legalidad. Mañana habrá 
que rebajar el resto. 

Un detalle que me parece digno de 
ser señalado, porque habrá de repetirse 
más de una vez durante el curso de la gue- 
rra es el siguiente: la mayor parte de los 
alzados, sobre todo el general Guerra, que 
deja perdidos en los patios de su Hacien- 



CLXXIII 

cía, dos mil quintales de café, son grandes 

propietarios 

Así son todas las guerras de principios: 
¡ Bien hayan, los grandes y nobles pa- 
triotas del Tuy, Guerra y sus compañeros! 
¡ El Dios de la Victoria corone pronto, 
su abnegación y su heroísmo ! 




La proclama del Presidente Constitucional de LosAndes.-Invo- 
cación al Zulia.-Prisión del General Yelutini.-Se habla del 
alzamiento del General José Félix Mora, en los pueblos de la 
costa de Puerto Cabello. 



XII 



6 de Abril. 



Hoy ha llegado á mis manos el siguien- 
te documento, que copio con verdadero 
entusiasmo patriótico. 

Conozco á Márquez Bustillo. 

Conozco á Manuel Baptista. 

Conozco á los Araujo, á los Maldonado r 
á los Antunes, á Espíritu Santos Mora- 
les; los mil héroes, en fin, andinos, llama- 
dos á sellar con su sangre las palabras 
del Presidente Constitucional de Los An- 
des, "ese recostadero de leones," según la 
bella y verídica comparación de Lauren- 
cio Silva. 



CLXXV 

EL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL. 

do Xjos Andes 

A LOS HABITANTES DEL ESTADO. 

CONCIUDADANOS: 

Duéleme anunciaros que la camarilla usurpadora 
de Caracas va por fin á dar su golpe de gracia contra 
la paz de la República. 

El doctor Andueza Palacio ha dicho con fecha & 
del mes en curso, al Agente del Continuismo en esta 
ciudad que el problema será resuelto de un momento á 
otro con ó sin el Congreso. 

Es decir, romperán la Constitución, disolverán á 
balazos la Representación Nacional, ó darán con sus 
miembros en la Rotunda. 

Impotentes para realizar el atentado por sí solos: 
han formado alianza con el Guzmancismo: con el 
peor de los enemigos de la República, lo cuál da más 
grandes, más horribles proporciones á la magnitud de 
su delito. 

Semejante iniquidad tiene que poner colmo for- 
zosamente á la indignación del patriotismo. 

En el terreno de la oposición pacífica todo lo he- 
mos agotado )^á. 

Confiados en la justicia de nuestra causa, en la 
plenitud de nuestro derecho, y en la innegable honra- 
dez patriótica de nuestras miras, llegamos hasta el 
extremo de no oponer sino la protesta escrita á tos 
desafueros cometidos últimamente por el Ejecutivo 
Nacional, en la capital de la Unión, y en los Estados 
Carabobo y Zulia, con la esperanza de que, al cabo, 
los hombres del continuismo caerían en cuenta de su 
nefando error, y se acojerían al perdón de la patria, 



CLXXVI 

dejando el paso franco á la Revolución rehabilitadora. 

Pero ellos no han querido ceder, ni ante la esplén- 
dida generosidad de esa conducta ciudadana. 

Apelemos á las armas; hagamos uso del derecho 
de insurrección, dolorosa, pero grande é imperiosa ne- 
cesidad de los pueblos oprimidos. 

Abandonemos el campo de la pacífica labor, que 
nos da el pan de cada día; renunciemos en favor de la 
libertad y de la patria, la dulce paz del ho^ar; deje- 
mos allí solas á nuestras madres, en angustia á nues- 
tras esposas, y sin amparo á nuestros hijos, y volemos 
á los campamentos; no á cobrar el precio de seme- 
jantes sacrificios, pero sí á pedir reparación de los 
ultrajes inferidos á la magestad de la República. 

No vaciléis, ciudadanos, porque el peligro es in- 
minente. 

La autonomía de "Los Andes"? está á punto de 
ser violada. El Gobierno del Estado tiene noticias 
ciertas de que la camarilla usurpadora, ha despacha- 
do fuerzas para esta Sección, con instrucción de so- 
meternos á fuego y sangre. 

Preparémonos para hacerles un recibimiento que 
corresponda á lo infame de la osadía ! ¡ Y que nos 
venzan si pueden, pero humillarnos. . . .¡jamás!! 

Que vivaqueen sobre ruinas y cedáveres, y que la 
Patria los maldiga ! 

Yo apelo á vuestro patriotismo : invoco la noto- 
ria y tradicional nobleza de vuestro carácter; y pongo 
toda mi fé de republicano y de patriota, en vues- 
tro amor á la causa de los principios; en vuestra 
indomable altivez, y en vuestro legendario valor, para 
que el nombre de "Los Andes," resulte limpio de toda 
impureza, en esta cruzada del derecho popular contra 
la usurpación ; para que nuestro esfuerzo corresponda 
á la magnitud de los peligos que corre la República ; 



CLxxvn 

y para que la voz de este pueblo, siempre rico en vir- 
tudes magnánimas y heroicas, resuene ahora por todos 
los ámbitos del territorio nacional, como resuena en 
estos valles, el tormentoso rebramar de los aludes y 
ventisqueros que azotan la cima de las montañas. 

En cuanto á mí: os juro ante la sagrada imagen 
de la Patria; que sabré cumplir á todo trance los de- 
beres del puesto que ocupo ; y rendir antes la vida en 
la jornada que restituirme á mi madre; ámi esposa y 
á mis hijos, con la nota de cobarde ó de traidor á mis 
banderas. 

CONCIUDADANOS! 

¡Viva la República!! 
Mérida: 9 de Marzo de 1892. 

V. MÁRQUEZ BUSTILLO. 

[Imprcnti-Rojas Paúl, de Ignacio Baralt y C'.'-Mérida.J 



Y tú-¡oh Zulia ciudadano y heroico! — 
¿ en dónde estás ? 

¡ Ah-ya te veo ! — estás aherrojado de 
pies y manos. 

Muda tu prensa independiente. 

Tu briosa é inteligente juventud en la 
cárcel. 

Hiciste lo que te fue dado hacer, para 



CLXXVI1I 

que la Historia al fulminar mañana su tre- 
mendo anatema sobre los reos de lesa 
patria, no te confundiera con el Zulia ofi- 
cial, obra de un atropello más, del Ejecu- 
tivo Federal en los Estados. 

Así los tres últimos meses del ejemplar 
gobierno de Díaz Bravo son tu obra; y tu 
más brillante ejecutoria ante la posteridad, 
en punto de legal y pacífica defensa de los 
derechos y principios, que hasta hoy no te 
ha sido dado defender de otra suerte. 

Esa conducta, unida á la de tus Repre- 
sentantes en el Congreso de la Nación, es 
tu contingente en el momento histórico que 
atraviesa el país entero, lanzado á la guerra 
civil por el crimen de Marzo. 

Entre tanto lucen mejores días parala 
República, sufre tranquilo en tu conciencia 
ciudadana - ! oh noble pueblo f - pero no oí-' 
vides mañana, al recuperar tu libertad, cas- 
tigar severamente á tus tiranos de hoy, 
entre los cuales figura, un tal Lino López 
Méndez, oprobio de los hombres de su es- 
tirpe, cuyo nombre no debiera recoger en 
estas páginas, porque como dice muy bien 
Víctor Hugo, la Historia no es un ester- 
colero. 



CLXXIX 

7 de Abril. 

Ningún acontecimiento importante ha 
ocurrido hoy en Caracas. 



8 de Abril. 

El general Velutini, á quien el Gobier- 
no concedió pasaporte ayer, ha sido redu- 
cido á prisión hoy, en La Guaira, en el 
ro@me»tó de embarcarse. 

No puede darse mayor felonía por par- 
te del Gobierno. 

También el señor doctor Pedro María 
Pebres Cordero* diputado independiente, 
de los firmantes del Manifiesto de los 46, 
ha sido pasaportado, y parte hoy para Los 
Andes. 



Se habla mucho esta noche del alza- 
miento en Tucacas, Estado Lara, del Ge- 



CLXXX 

neral Mora, y de una gran diversión veri- 
ficada por las fuerzas legalistas de Los 
Andes, á retaguardia de Ferrer, en terri- 
torio también de Lara. 

Estos últimos acontecimientos del Es- 
tado Lara habrán sorprendido no poco al 
General del mismo nombre, que con fecha 
2 del presente mes se dirige al Usurpador, 
para comunicarle la satisfacción con que' 
ha visto salir de Barquisimeto dos cuerpos 
de Ejército, á batir á los disidentes de Los 
Andes y de Zamora, que, según él, pronto 
entrarán en la reforma y se humillarán 
ante la bandera liberal, que es invencible. 

El General Jacinto Lará fue dé los Se- 
nadores que este año abandonaron su pues- 
to en el Congreso. 

Ahora pone telegramas de felicitación 
al asesino de la República. 

Lo uno, explica lo otro, y es su con- 
secuencia. 

Pero lo que no se explica es que su 
ilustre padre, Procer meritísimo de la In- 
dependencia, trabajara por fundar la Pa- 
tria, y él, su hijo, meritísimo también por 
muchos respectos, trabaje por destruirla. 
Raro contraste; aunque no tanto que no 
haya tenido su pm dant en esta triste época. 



CLXXXI 

No me gusta denigrar de nadie, ni mu- 
cho menos del General Jacinto Lara, pero 
á tales padres debieran corresponder tales 
hijos, para que la herencia de honorabili- 
dad y gloria, que legaron á la Patria, no 
pudiera venir nunca á menos. 




Ligero croquis del teatro de la Guerra. -Mal estado de la Revo- 
lución en Los Andes.-Bosquejo de un temperamento. 



XIII 

9 de Abril. 

Con las noticias que poco á poco han 
ido llegando hasta mí, ya creo poder trazar 
un ligero croquis del teatro de la Guerra. 

Hasta el presente han tomado parte en 
la lucha, los Estados Los Andes, Zamora, 
Miranda, Carabobo y Lara, con mayor ó 
menor contingente y éxito diversos. 

En Miranda, al sur, en la región de la 
antigua provincia del Guárico, cuya capi- 
tal era Calabozo, está el General Crespo 
enfrentado á Casañas; y, por más que todos 
los días dicen los boletines del Gobierno 
que Crespo anda solo y huyendo, después 
de haber sido dispersado varias veces por 
las fuerzas dictatoriales, el hecho es, que 
Casañas salió de aquí el 21, á traerlo vi- 
vo ó muerto, y todavía á la fecha no ha 
podido hacer ni lo uno, ni lo otro. 



CLxxxrn 

En este mismo Estado, al norte, sobre 
los valles del Tu y, en los pueblos de San 
Casimiro, San Sebastián, Cúa, Santa Lucía, 
Charallave y Ocumare, el General Ramón 
Guerra, tiene en jaque á Fernando Pa- 
checo, á Balbino Carrillo y á otros dicta- 
toriales. 

En Zamora, el General Manzano, lu- 
cha contra Eleazar Urdaneta y Francisco 
Batalla, todavía á la defensiva; pero ya 
tomará la ofensiva, y entonces se podrán 
admirar una vez más el valor y pericia mi- 
litares del General Manzano. 

Esto es al sur y centro de este Estado: 
al norte, por los lados del Pao y Tinaqui- 
11o, los legalistas, acaudillados por los 
Montenegro, Bonet, Calzadilla Paredes, y 
cien valientes más, acaban de derrotar á 
Marcos Rodríguez; y según "La Voz Pú- 
blica" de Valencia, las guerrillas revolu- 
cionarias estuvieron últimamente en el Pa- 
lotal, en donde pasaron un día entero, prue- 
ba de que en la Capital de Carabobo no 
hay quien las inquiete. La guerra está 
pues en Carabobo y en Lara; y el General 
Mora, desde Tucacas hasta Morón, y otros 
pueblos de la costa de Puerto Cabello, se 
mueve activamente, pudiendo realizarse 



CLXXX1V 

nuevamente en estos puntos los prodigios 
de la guerra de los cinco años.- Mora es el 
hombre de esa costa y su alzamiento ha 
causado, así, justísima alarma á los dic- 
tatoriales de Puerto Cabello: Escarrá &? 

En Barquisimeto, Ensebio Díaz y Au- 
lar, se dice que ocupan el norte. 

En Coro y el Zulia, pronto tocarán á 
somatén, lo mismo que en Guayana, y 
Bermúdez, donde los hombres señalados 
ya por la opinión pública, para defender 
ahí la legalidad, se llaman M. Morales, J. 
M. Hernández, Ortega, Velutini, Guzmán 
Alvares, González Gil &? 

En Los Andes, por último, que domi- 
nan el teatro de la guerra, empinados so- 
bre sus cimas que desafían al cielo, están 
los Araujo, los Baptista, y mil héroes más, 
asombrando á la República, con el eco de 
una lucha que parece de aquellos tiempos 
que cantó Homero, y que Ferrer, Planas, 
Castro, Zuleta y Arteche, Jefes dictatoria- 
les, pueden contrarestar apenas. 

Tal es, en toda su extensión, el inmen- 
so teatro en donde se representa la espan- 
tosa tragedia de la guerra civil en Vene- 
zuela, y que su autor el funesto hombre de 
Marzo, contempla desde la Casa Amarilla 



CLXXXV 



con la genial indiferencia, propia de to- 
dos los Vitelios déla Historia, 



i o de Abril. 
<i 

Los boletines oficiales hablan hasta hoy 
de la toma de Carache, Trujillo y Valera, 
en Los Andes, por fuerzas dictatoriales 
al mando de Ferrer. 

Por desgracia, parece realmente cierta 
la entrada de Ferrer á Carache, y, aún á 
Trujillo, y la retirada de los legalistas an- 
dinos á Timotes ; aunque en realidad la 
ocupación de estas dos plazas significa po- 
ca cosa como triunfo militar del cual pueda 
vanagloriarse el Gobierno, pues se trata 
de plazas, que por estar rodeadas de cerros 
constituyen pésimas posiciones de defensa. 

Pero lo que si es lamentable, al par que 
inexplicable, es el abandono de Valera, sin 
un tiro, que es lugar más que socorrido 
por la naturaleza para resistir, aún con 
pocas fuerzas, el empuje de muchas. 

-24 — 



CLXXXVI 

Yo me explico estos contratiempos, 
atribuyéndolos á la ausencia de Eliseo A- 
raujo que se hallaba en el Táchira, con 
casi todo el Ejército legalista de que pue- 
den disponer hoy Los Andes para la de- 
fensa de su extenso territorio. 

La ocupación del Táchira era esen- 
cialísima, así para tener cubierta la reta T 
guardia en caso de invasión por el Zulia, 
como porque allí había dos parques en los' 
cuales importaba mucho ponerse: el nacio- 
nal, y otro particular ; con más, que el Tá- 
chira representa la línea fronteriza con 
Colombia, surtidero inagotable de ele- 
mentos de guerra para la Revolución. 

Probablemente Araujo, Baptista y los 
demás Jefes legalistas empeñados en esta 
importantísima operación, han abandona- 
do por ahora las plazas perdidas á la fecha, 
para, cubierta ya su retaguardia, y hechos 
á municiones y parque, volver más tarde 
á expulsar á Ferrer. 

Si la operación del Táchira sale bien, 
no es punto de duda el triunfo de Los 
Andes sobre los usurpadores, Ferrer y 
comparsa. 

Si no sale, temo mucho que los usur- 



CLXXXVII 



padores obtengan un triunfo radical y 
completo sobre los héroes andinos. 



1 1 de Abril. 
•i 

Hoy llega á mis manos un boletín del 
Usurpador en que se asegura que el 29 
de Marzo, después de una batalla que em- 
pezó á las cinco de la mañana y terminó 
alas 10 y media p. m., fue completamente 
derrotado en el Táchira, Elíseo Araujo, 
por González, Rojas Fernández, y Cipria- 
no Castro. 

Habla el boletín de más de trescientos 
muertos, y de terribles escenas. . . Entre los 
muertos se cuentan personas notables de 
una y otra parte.— Tres mil hombres, al 
parecer, entraron en acción. 

El telegrama en que comunican la no- 
ticia de Maracaibo, tiene fecha 4 de este 
mes. 

Aquí había telegramas al Banco, fecha 
6, que nada dicen. 

Si tal noticia llega á confirmarse, temo 



CLXXXV11I 



mucho que se realicen mis temores en Los 
Ancles, con lo cual la Causa de la Legali- 
dad sufriría un rudo golpe. 



Aunque no eramos muy amigos, y note 
conociéramos apenas, yo que le había se- 
guido de lejos con interés, creía compren- 
derle, llamándome principalmente la aten- 
ción en él, la ironía de su carácter volteria- 
no, unido á un ultra-radicalismo tal de 
ideas, de principios y de procederes, que 
era su vida, una como rebelión perenne 
de todo su ser material y moral, contra la 
sociedad de su tiempo. 

Como muchos otros hombres, mal equi- 
librados al doble respecto de la educación 
y de la instrucción, hacía responsable á la 
sociedad de cualquiera contrariedad ó in- 
fortunio que le ocurriera, cuando mejor ins- 
pirado, si se hubiera detenido un instante 
siquiera á profundizar sus causas, habría 
podido atribuirlas, con justa razón, a defec- 
tos educacionales de su propio carácter, 
de suyo mal organizado para que la adap- 



CLXXXIX 

tación social se hiciera nunca de modo sa- 
tisfactorio y completo. 

Entonces habría comprendido la incon- 
trovertible verdad de que la sociedad es más 
un efecto que una causa; que cómo medio 
que es, la vida no es posible en su seno, sino 
por la lucha, y habría luchado, así, tenien- 
do su conquista por objetivo, seguro de 
lograr humillarla, ya que le sobraban fuer- 
zas intelectuales para ello. 

De aquí que lo que el llamaba injus- 
ticias sociales, para tener el derecho de 
revelarse contra ellas, fuesen resultados 
lógicos y hasta merecidos, de lo que nun- 
ca fue en él, durante su corta y agitada 
vida, propósito firme y sostenido de hacer- 
se á una posición estable en la sociedad, 
sino apenas vagos anhelos de prosperidad 
y dicha, perseguidos con inconstancia al 
través de una existencia llena de azares. 

Menos que la historia de un carácter, 
su vida y su muerte dan motivo suficiente 
al bosquejo de un temperamento, si común, 
nada vulgar, y grandemente simpático. 

Hay, pues, porque afligirse de su pér- 
dida. 



La proclama del General Manzano. -Salida del General Narciso 
Rangel.-El Boletín revolucionario número 6, -Preparativos 
de fnga. 



XIV 

Doy cabida aquí á la proclama del Ge- 
neral Manzano, que llega hoy á mis manos. 

También existe una alocución del Pre- 
sidente Constitucional de Zamora, que me 
ha sido ofrecida, y que insertaré igualmente 
cuando la obtenga. 

He aquí la proclama : 

PABLO MAWZAXO, 

GENERAL DE LOS EJÉRCITOS DE LA REPÚBLICA. 

CONCIUDADANOS: 

Las escepcionales circunstancias porque atraviesa 
el país me han impuesto el deber de aceptarla Jefatura 
de Operaciones del Estado Zamora, con que ha que- 
rido honrarme el Presidente del mismo, y ya he en- 
trado á ejercer las funciones de mi encargo. 

Al efecto me encuentro á la cabeza de cinco mil 
voluntarios, regularmente organizados y equipados,, 



CLXLI 

dispuestos hoy como ayer á sostener la paz pública, y 
con ésta el principio de la alternabliidad republicana, 
sin menoscabo de nuestra propia honra, y sin que para 
ello sea necesario apelar á transacciones bochornosas. 

CONCIUDADANOS: 

El pueblo zamorano ha visto con profundo desa- 
grado el Manifiesto del Primer Magistrado de la Re- 
pública, fechado en Caracas el 14 de los corrientes,. 
<Aiyo documento, página negra de nuestra historia 
patria salpica de lodo la bandera amarilla de la Fede- 
ración, la cual tremolará victoriosa en nuestras pam- 
pas hasta dejar implantadas las instituciones que han 
sido escarnecidas por los déspotas y usurpadores. 

Asi mismo el heroico pueblo zamorano que tantos 
sacrificios ofrendara para alcanzar el triunfo del parti- 
do liberal venezolano, hoy se siente levantado á la 
cumbre del orgullo con motivo de la patriótica y digna 
protesta suscrita por los valientes Representantes de 
la Nación, quienes sin temor á las fuerzas brutas, ni á 
las iras de los usurpadores, lanzan al rostro del Magis- 
trado infiel el anatema que habrá de trasladar su nom- 
bre á la posteridad, manchado para siempre con el 
ignominioso calificativo de traidor á la Patria. 

Ciudadanos Representantes de la Nación : 

Aquí tenéis en el Estado Zamora, asilo para que os 
congreguéis, y debéis contar que para sostener vuestra 
honrosa actitud, y vuestras constitucionales delibera- 
ciones, estamos resueltos á sacrificar vida é intereses, 
antes que permitir la inicua hostilidad que contra vo- 
sotros desplegaron los facciosos de Caracas. 

Compañeros de armas ; 

En el puesto que hoy ocupo me tenéis completa- 



CLXLII 

mente decidido á defender los sacrosantos fueros de la 
República, y no permitiré bajo el sagrado del honor, 
que se vulnere la autonomía del Estado, que queda 
bajo vuestra salvaguardia, ni que se lleven á cabo con 
mengua de la dignidad venezolana, los proditorios 
planes que quieren poner en práctica los de la Casa 
Amarilla ; y que tienden como es público y notorio, 
á destruir el sistema alternativo, á corromper nuestras 
instituciones, y á la consiguiente usurpación del Poder. 

SOLDADOS : t . 

Yo os invito á que me acompañéis en esta cruzada, 
en que están seriamente comprometidos, la Justicia, la 
Legalidad, el Honor Nacional y nuestra cara Libertad. 

Tened presente que la Patria tejerá guirnaldas que 
ceñirán vuestras frentes, y debéis apresuraros á con- 
quistarlas en el campo de batalla. 

¡ ¡ Viva la Repúbiica ! ! 

Cuartel General en Araure á 25 de Marzo de 1892. 

(Imprenta de El Sur de Occ/i/sufr; -Guanare.) 



Se da como válida la noticia de la derro- 
ta de las fuerzas dictatoriales de Balbino 
Carrillo, por el Jefe legalista Ramón Gue- 
rra, en el sitio denominado Las Palomas, 
cerca del Consejo, en donde parece haber 
pernoctado tranquilamente. 

Con este motivo han salido hoy de 
aquí refuerzos de tropa y parque, para la 



CLXLIII 

Victoria, con el General Narciso Rangel, 
llamado á encargarse de la Presidencia 
del Estado Miranda, en vista de la grave- 
dad de las circunstancias. 

Ha salido, hasta la fecha, tal cantidad 
de elementos de guerra; rémington, cu- 
banos, &, que el Parque Nacional, está ya 
exhausto. Se recurre por el momento al 
antiguo fusil de bayoneta recta triangular, y 
se hacen cartucheras y tahalíes, á la posta. 

Y con razón, porque ya es todo el Cen- 
tro y el Occidente de la República que se 
le vienen encima al Usurpador, y tiene que 
poner en pie un formidable ejército para 
poderlos contener. 

Cuando termine esta guerra, van á 
quedar esparcidos por todo el país, sufi- 
cientes elementos para hacer otra; de mo- 
do que los males que el 14 de Marzo le 
habrá producido á la República, son in- 
calculables, y por ahora no se les ve tér- 
mino. 



— 35- 



CI.XI.IV 

1 2 de Abril. 

Copio el siguiente boletín que ha cir- 
culado hoy. 

BOtETIN M? 6. 

Por detalles, venidos por posta especial sabemos 
que el 29 de Marzo, en las primeras horas de la ma- 
ñana, fueron atacados en Colón por el ejército con- 
tinuista, en número de 1700 hombres al mando de 
Castro, González y Fernández, los jóvenes generales 
legalistas Elíseo y Pedro Araujo, que á la cabeza de 
seiscientos hombres se encontraban de avanzada en 
aquel pueblo. 

La lucha fue terrible, la defensa heroica y el Dios 
de la Victoria coronó con el triunfo de los legalistas 
la hecatombe de la jornada, pues aunque mucho me- 
nor en número, el entusiasmo de las fuerzas fue tal 
que una columna de cien hombres mandada por ti 
bravo Maldonado, abrió ancha brecha en aquella 
masa de traidores, penetrando hasta el campamento 
de su Estado Mayor. La mortandad fue pavorosa 
en ambas partes hasta el punto de que los dos ejér- 
citos suspendieron los fuegos casi simultáneamente á 
las 5 p. m. y se retiraron á sus respectivas posiciones. 

Pueblo! No os dejéis engañar por los falsos tele- 
gramas fabricados en la Casa Amarilla, ni por los 
fingidos boletines legalistas,' que calumnian á Villa- 
nueva, Fonseca, Saluzzo y Montenegro. Esos bole- 
tines son impresos en la Imprenta de "El Pueblo" y 
repartidos por un empleado de Andueza. Recordad 
los Kalógramas enviados á Europa y las mentiras 



CLXLV 

descaradas que han caracterizado siempre la política 
del Usurpador. 

El General Guerra derrotó en San Sebastián al trai- 
dor Juan Báez, quien logró huir con dos oficiales, de- 
jando en poder del Jefe legalista ciento setenta prisio- 
neros y todo el parque que tenía. — El General Guerra 
marchó en seguida sobre Villa de Cura. — El General 
Eusebio Díaz ha levantado el estandarte de la ley en 
Aroa y sus avanzadas ocupan la línea del ferrocarril 
hasta Tucacas.— Valencia asediada por los Generales 
Quintana y Montenegro cuyas guerrillas han ocupado 
el acueducto y el cementerio. — Se anuncia un próxi- 
mo encuentro entre el General Manzano y los traido- 
res Batalla y Urdaneta. 

Noticia palpitante. — Ayer domingo penetró en e' 
Consejo una avanzada del General Guerra, y después 
de recibir un parque volvió á reunirse al centro de su 
ejército. 

¡ Viva el General Joaquín Crespo ! 

¡ Viva el Soberano Congreso Nacional ! 



Al fin ayudado de mis amigos del 
Comité revolucionario, que están libres 
por insospechables, he logrado combinar 
un plan de salida de Caracas. Si logro mi 
objeto, y no caigo, por tanto, en poder de 
la policía dictatorial, no será, nó, tiempo 
perdido para el servicio de mi causa. 

Esta noche, ó mañana debe de ser; no 



CLXLVI 

sé, en fin, con seguridad También 

tengo que pensar en el modo de salvar 
estos Apuntes. -¿ Cómo será ?-Idearémos 
también el medio. 

Por el momento, si debo irme esta no- 
che, los termino aquí; no sin declarar an- 
tes que los he tomado al correr de la 
pluma, día por día, en el mes transcurrido 
del 1 2 de Marzo al 1 2 de Abril, de acuer- 
do con las referencias de particulares, y 
lo que se ha escrito y publicado por unos 
y otros. 

En épocas revolucionarias, hay electri- 
cidad sensible en la atmósfera, como en los 
días de tempestad física. De ella participa 
el espíritu y no es posible evitar su in- 
fluencia, que se trasluce en todo lo que se 
piensa y se hace. 

De aquí que el mejor tiempo para es- 
cribir la Historia del Golpe de Estado del 
14 de Marzo de 1892, en Venezuela, no es 
este en que yo escribo; pero, aparte de 
que estos son ligeros apuntamientos sus- 
ceptibles de corrección, siempre procuré al 
tomarlos, subordinar las sugestiones de mi 
ánimo sobreexcitado por la lucha, á las se- 
renas inspiraciones de la Verdad y la Jus- 
ticia. 



CLXLVII 



Si no lo he logrado, y he traspasado, 
así, los límites de lo cierto, lo justo y lo 
útil, el tiempo y otros narradores lo dirán, 
para gran satisfacción de quien como yo, 
ha rendido en toda época culto fervoroso 
á aquellas dos deidades, tan irreverencia- 
das en estos tristísimos tiempos. 



LA NOCHE DE TUCACAS. 

13 a 19 de Abril. 

Todos los preparativos para mi salida 
de Caracas quedaron al fin terminados, 
por los señores Fabricio Conde, Lucas 
Ramella y Emilio Correa, el dia 13 de 
Abril; y ese mismo dia á las 7 p. m. me 
reunía yo, en unas ruinas del Estado Va- 
llenilla, á los señores Bruno T. Riera, Ra- 
fael Linares, Leopoldo Baptista y Jesús 
María Chaves, que por distintas vías con- 
currieron á aquel sitio. íbamos primero 
á Curazao, para de allí pasar-unos á Coro 
con el general Colina-y otros á Los An- 



CLXLVIII 

des y á Maracaibo. A las nueve estába- 
mos ya en marcha, acompañados de los se- 
ñores L. Benito Cedillo y Eduardo Gon- 
zález Mesa, en calidad de guías; y fal- 
deando primero la quebrada de Catuche, 
la emprendimos luego por el elevado y 
nada traficado cerro de la Cruz, para salir 
por los Aguacates al camino viejo de La 
Guaira, dejando atrás el Polvorín y el retén 
de Catia, puestos militares avanzados por 
aquellos lados. 

Sin detenernos á descansar más del 
tiempo necesario para calmar la celeridad 
angustiosa de la respiración que fisiológi- 
camente se produce en todas las grandes 
ascenciones, máxime si á ella se agrega la 
emoción consiguiente á toda huida preci- 
pitada, y que á mí y al general Riera pudo 
costamos la vida, seguimos viaje para 
Maiquetía, á donde llegamos al amane- 
cer, después de uueve horas de marcha 
por un camino lleno de baches y piedras, 
con los pies ensangrentados, desgarrada y 
enlodada la ropa, y una sequedad y dolor 
horribles de las fauces y del velo del pala- 
dar, que debieron producirlos, los movi- 
mientos repetidos de la respiración del aire 
frío déla noche, cargado de densa humedad. 



CLXLIX 



Un amigo, el señor Emilio Correa, á 
quien ya le debía yo tantos servicios, nos 
esperaba en el sitio en donde el camino 
viejo de la Guaira corta los rieles del Fe- 
rrocarril entre este puerto y Caracas; y 
otro, el señor A. Domínguez, que en son 
de bañista se paseaba esperándonos á ori- 
llas del río de Maiquetía, nos guiaba á 
cierta distancia, y nos ocultó por último en 
su propia casa, durante los días 14, 15 y 16 
de Abril, empeñando para siempre nuestra 
gratitud, tanto él, como su digna esposa. 

Algunos amigos, entre los cuales re- 
cuerdo á los señores Fabricio Conde y E. 
Domínguez, nos visitaron allí; y entre 
ellos, nosotros, el señor Remigio Cabrera, 
dueño del buque en donde debíamos em- 
barcarnos, y el señor R., comerciante de la 
Guaira comisionado en aquel puerto por el 
señor F. Puga de Caracas para la compra 
ó fletamento de dicha embarcación, ó de 
otra, se convino en que el día 16, viernes 
santo por la noche, abandonaríamos la ca- 
sa del señor Domínguez que empezaba á 
hacerse sospechosa á la policía, para ocul- 
tarnos disfrazados de emigrantes españoles 
(á la sazón había muchos en Maiquetía) 
en casa del señor Cabrera, hasta tanto se 



ce 



arreglara todo lo concerniente al embar- 
que. 

El cambio de domicilio se verificó, así, 
la noche convenida, habiendo abandonado 
la casa del señor Domínguez, hablando en 
la ocasión, con acento y modales que pro- 
curábamos asemejar á los emigrantes del 
bergantín Matanzas, en el cual aparecía- 1 
mos, á la atención distraída de los tran- 
seúntes y piquetes de policía, que se cru- 
zaban en la calle, como habiendo verificado 
en busca de mejor fortuna, la travesía, 
desde Cádiz hasta la Guaira. 

La casa del señor Cabrera es apenas 
una pobre cabana de pescadores mal cu- 
bierta de tela vieja y tablas agrietadas, al 
través de las cuales se cuela el viento fuer- 
te y húmedo del mar y la vista se pasea 
libremente desde Cabo Blanco, hasta el Ta- 
jamar y Puerto de La Guaira, permitiendo 
además inspeccionar los alrededores de la 
casa. Los viejos y honrados padres de 
Cabrera, devotísimos ambos de la Virgen 
del Carmen, la habitan; y sus hermanos, 
fervientes revolucionarios, nos ayudaron á 
prepararlo todo para el embarque, sin re- 
servas y sin remuneración alguna, abnega- 
da y desinteresadamente, como cumple á 



CCI 



esa valiente clase de hijos del pueblo, que 
ganan diariamente su vida en lucha cons- 
tante con el más grande y pérfido de los 
elementos — el mar. 

Dos días más pasamos allí en la más 
angustiosa espera, hasta que por último el 
domingo en la tarde surgió en el puerto la 
gallarda y exigua nave que debía llevar- 
nos á nuestro destino. . . .Surgió, y balan- 
ceándose coquetamente sobre las olas, 
echó anclas, y amainó velas. Debía apare- 
jar de nuevo dos horas más tarde despa- 
chada para Camburí, ponerse al pairo al 
cerrar la noche, hacer rumbo inverso hacia 
el Peñón, ponerse otra vez al pairo, hacer 
luz, apagarla súbitamente, y esperarnos. . . 

Todo sucedió como estaba arreglado, y 
á las ocho poco más ó menos, brilló por 
fin en el mar, inquieta, fugaz, instantánea, 
la luz de señal.. ..No nos hicimos espe- 
rar sino el tiempo preciso para bajar del 
cerro, cruzar la calle, llegar á la orilla, des- 
vestirnos á medias, y arrojarnos resuelta- 
mente entre las olas que reventaban con 
sordo y prolongado estrépito en los bajíos 
de la costa, cubriéndonos de agua y de es- 
puma. 



CCII 

Llegamos á bordo. — ¡Pasa escota á 
proa! — j Afloja mayor! — ¡ Descarga timón ! 
— j Y en marcha! — ¡"El Marino" hace ho- 
nor á su nombre; los marineros son locua- 
ces, y hábiles; y los pasajeros con excep- 
ción de uno, que permanece sobre el puente, 
están ya todos mareados entre las piedras 
y pedazos de cadenas del lastre ! ¡ Cómo 
indecisa un instante la nave en el rumbo 
que ha de seguir, se inclina por fin hacia 
estribor, cruje el velamen y se hincha, una 
primera ola que se interpone temeraria- 
mente, salta destrozada por la roda y se 
desparrama luminosa y gemebunda por los 
costados, otra y otras sufren atropellándo- 
se el mismo destino, y con verdadero pla- 
cer, no exento de vago temor, ven mis ojos 
formarse gradualmente á popa, la dilatada 
y blanca estela que atestigua la marcha! 

Y ora balanceándose fuertemente de 
popa á proa, ora oscilando de derecha á iz- 
quierda, El Marino avanza no obstante to- 
da la noche, ya sumergido en los abismos 
que á cada instante abre en su derredor el 
mar, ya empinado sobre las olas, ya giran- 
do sobre sí mismo á impulso de violentas 
caldereta^ hasta que amanece, por último, 
botando agua á torrentes por las imborna- 



CCIII 

les, lejos, muy lejos ya de la costa, solo y 
perdido en la inmensidad. . . .ni una vela, 
ni una isla, ni un pájaro siquiera se veía 
sobre la línea del horizonte que oscurecía 
la bruma de la mañana ; y apenas una ale- 
gre cantata margariteña, con que saluda- 
ban los marineros el naciente día, suavisa- 
ba los tintes del cuadro imponente, al par 
que desconocido que abarcaba la vista. 

Interrogado por mí el capitán, cuyo 
nombre completo es Apolinar Salazar, alias 
Margarita, que después se hizo célebre en 
la Rotunda y en el campamento, acerca del 
lugar en donde nos encontrábamos, decla- 
ró no saberlo por haber perdido el rumbo 
durante la noche, á causa del fuerte viento 
del sur-este que había soplado hasta en- 
tonces constantemente, de las grandes co- 
rrientes que se formaban en aquella época 
del año entre las costas de Venezuela y las 
de Curazao; y, sobre todo, por falta de brú- 
jula para guiarse. Que le era, por tanto, 
indispensable, agregó, volver á la costa 
para^orientarse de nuevo; y, que en ello, 
por último, nos iba la vida, porque el bote 
empezaba á hacer agua, y si le sorprendía 
la noche en aquellos parajes no respondía 
de nosotros. 



GCIV 

Creía el capitán hallarse al norte de 
Curazao, engolfado mar adentro sobre el 
rumbo tal vez de Puerto Rico, Santo Do- 
mingo, ó Haití. . .-¡qué se yo, ni qué sabía 
él! — No obstante los temores del Capitán, 
le indujimos á seguir el rumbo que traía 
hasta allí, fundándonos en que por mucho 
que hubiera caminado El Marino toda la 
noche, no había podido recorrer aún, á 
las nueve de la mañana, doce horas des- 
pués de su salida de la Guaira, las cien mi- 
llas aproximadas, que hay entre este puer- 
to y Curazao. Pero insistió en su propósi- 
to; y como quiera que á las diez y media 
a. m. no se descubriera todavía costa algu- 
na, pasó las velas é hizo rumbo á tierra. 
Fue en este instante, en que al pasar las 
velas estuvimos á punto de zozobrar, que 
yo me di cuenta de la pequenez de aque- 
llo que menos que una nave marinera, era 
una frágil cascara de nuez, tan redonda y 
tan ligera como ese chisme, propia, á lo su- 
mo, para pezcar cerca de la costa, pero 
nunca para navegar en alta mar. ¡Y, sin- 
embargo, tan débil y pequeña embarcación 
había sido negociada en la Guaira por 
$ 1,200! 

Serían ya las cuatro de la tarde cuando 



ccv 

-divisamos una costa lejana que gradual- 
mente fue haciéndose más distinta, y, por 
último, apareció ante nuestros ojos con el 
aspecto de una isla alta, llena de cerros ári- 
dos y escarpados, semejante á Curazao en 
fin. Como creíamos hallarnos á sotaven- 
to de ella, soplando aun viento del sur-este, 
el error fue posible, y, se vericó, é imbuidos 
en él nos fuimos aproximando á la costa, 
hasta entrar ya de noche en una bahía que 
tomamos por la de Santa Bárbara. . . .¡Es- 
pejismo del deseo, que finge aguas cristali- 
nas y frías, donde no hay más que arenas 
densas y calientes; tierra hospitalaria y 
amiga, en donde estaban la tiranía y la 
muerte! 

Había á la entrada de aquella bahía 
dos grandes buques al ancla: un bergan- 
tín y un vapor, y fuerte olor á cobre, que 
nos pareció, en nuesta ofuscación, ser de 
fosfato calcáreo, llenaba el ambiente de la 
noche, oscura y silenciosa por otra parte en 
el mar, y apenas tachonada en tierra de 
tenues é inquietas luces. 

Por fin, y con todas las precauciones 
necesarias para no encallar, desconocido, 
como nos era en absoluto el fondeadero, 
arriamos velas, y, echamos el ancla, en don- 



CCVI 

de creíamos estar bien abrigados para pa- 
sar la noche, hasta el día siguiente, en que 
esperábamos entrar definitivamente á 
Curazao. 

Pero no hicimos esto solo, sino que al 
punto nos pusimos á llamar gente á tierra, 
para que nos trajesen algunos comestibles, 
so pretexto de que la tempestad nos habí^ 
arrojado hasta allí, viniendo de muy lejos, 
y que traíamos también avería. 

Bromeábamos y reíamos, hacía algunos 
minutos acerca, del particular, sin dejar de 
gritar, cuando alguien contestó de tierra 
en papiamento : 

— ¿Quiénes son ustedes; qué quieren? 

— Unos pasajeros muertos de hambre, 
y en peligro de irse á pique. 

— ¿De donde vienen? 

— De La Guaira, 

— ¿ Para dónde fueron despachados ? 

— Para Camburí. 

— ¿Cómo se llama ese bote? 

— El Marino. 

— No conozco ningún bote de ese nom- 
bre en esta costa-replicó la voz. 

— ¿Cuántos hombres trae á bordo ?— 
preguntó entonces. 

— Siete, con los dos marineros. 



CC VI I 

— Y saliendo ustedes de La Guaira pa- 
ra Camburí, vienen á parar á Tucacas,- 
¿ quién entiende eso ? 

Harto lo entendíamos nosotros ya para 
aquel momento, y no pensando en otra co- 
sa sino en salvarnos, dados al diablo con 
nuestra imprevisión, y la torpeza de los 
hombres que nos habían llevado al extremo 
de ser hechos prisioneros neciamente, le- 
vamos en silencio y echamos las velas, pa- 
ra ver de escaparnos sin ser vistos, - no sin 
haber tenido que contrariar antes al Gene- 
ral Riera, que quiso arrojarse al mar en 
demanda de la costa, en donde esperaba 
poderse esconder y salvarse por el momen- 
to. 

Desgraciadamente el Guarda-Costa, 
que estaba fuera, llegaba a tiempo que le- 
vábamos, y se nos fondeaba al costado ; y 
tan cerca, que, ya en marcha El Marino, 
estuvo á punto de tropezar con él. 

— ¿Adonde van ustedes ?-nos gritaron 
al paso. 

— A fondearnos á barlovento, se les 
contestó; pero no lo creyeron, y algo que 
no oímos murmuraron á su abordo. 

Nuestra maniobra no había pasado 
tampoco desapercibida en tierra, y alerta 



CC VI 1 1 

como estaba aquella noche la guarnición 
de Tucacas, para sorprender un parque de 
la Revolución, nos creyeron portadores de 
él; así, fué, que armando de prisa un bote, 
con quince ó veinte soldados, nos dieron 
caza, haciéndonos previamente algunos ti- 
ros. 

El Marino volaba, empero, ya sobre las 
olas, como si comprendiera el peligro que 
corría, y en medio de la profunda oscuridad 
que reinaba, su pequenez, haciéndolo, por 
otra parte, imperceptible, fue causa de que 
las balas pasaran muy distantes y ninguna 
lo tacara. 

Habían pasado ya como cosa de diez 
minutos, desde que abandonamos la bahía, 
y estábamos ya sobre la punta de Tucacas, 
creyéndonos salvados, con excepción del 
General Riera, cuya inquietud, calmada un 
instante, había vuelto á ser visible y cada 
vez más creciente, cuando de súbito, 
una sombra, densa y siniestra, empe- 
ñada, á lo que parecía, en quitarnos el 
viento, pues trataba de interponerse entre 
éste y nosotros, interceptó la línea sombría 
de la costa. 

Para cerciorarnos de que aquel era, en 
efecto, su propósito, pasamos velas, y aban- 



CCIX 

donando la costa, virando hacia el mar, 
procuramos engolfarnos en él; pero la 
sombra, que no era otra cosa sino el Guar- 
da Costa, cambió también de rumbo en el 
mismo sentido, y más rápido que El Ma- 
rino en la maniobra, se le echó encima 
cual gigantesca ave de presa. 

Un momento más, y abría sobre noso- 
tros sus fuegos, primero con una descar- 
ga de remington y winchester, y después 
tiro á tiro, en medio á una espantosa y 
soez gritería, y las voces de : — ¡ ríndanse ! 
— ¡arríen velas ! — ! muera Crespo! — ¡ viva 
el Gobierno! — ¡viva Andueza Palacio!— y 
algo más que no se puede escribir ! . . . . 

Desprovistos como estábamos de ar- 
mas largas, armados únicamente de revól- 
veres de bolsillo, no podíamos material- 
mente disparar á nuestro turno contra 
aquellos malvados; y, así, nos contentamos 
con gritarles : — ¡ no tiren que estamos des- 
armados ! — ¡no ven que nosotros no tira- 
mos! — ¡no sean asesinos!- — ¿saben uste- 
des siquiera, quienes somos? Pero lejos 
de calmarse^ nuestros gritos los irritaron 
más, y seguros ya de podernos asesinar 
impunemente, siguieron disparando hasta 

O "5" 



ccx 

desmantelar El Marino, y atravesarlo, de 
parte á parte, sinnúmero de veces. 

A cada descarga nos tocábamos, á ver 
si estábamos heridos, y eso mismo inqui- 
ríamos los unos de los otros, prometiéndo- 
nos tomar venganza, y vender caras nues- 
tras vidas si llegaban á abordarnos, pero 
eran demasiado cobardes para éso, habién- t 
dolos movido únicamente á piedad para 
con aquel grupo de hombres, que moría ya 
ahogado, la voz del coronel Chaves, que 
había sido Jefe del Resguardo de Tucacas, 
en años anteriores, y que conocieron entre 
el fragor de los tiros y los gritos de aquella 
noche de horror. ¿En qué momento pe- 
reció el General Riera? — es cosa que no 
puedo asegurar. Recuerdo tan sólo, que 
en el momento en que el Guarda-Costa, nos 
pasaba por la proa, para dejarnos coloca- 
dos entre él y la costa, el General Riera se 
descolgó al mar por la banda de estrit or, 
y se descalzó, poniendo los zapatos sobre 
el puente, todavía colgado de la banda, para 
luego empujarse, probablemente, con el pie, 
como se hace ordinariamente, cuando se 
quiere uno alejar rápidamente del costado 
de un buque. 

¿Murió ahogado, devorado por alguna 



CCXI 

tintorera, ó herido por alguna bala de tan- 
tas que caían y se regaban en derredor 
nuestro? 

¡Quién podrá nunca decirlo con certeza 
no habiéndose rocogido su cadáver! 

Tampoco podrá nadie decir en ningun- 
na época, ¡cómo es que seis hombres, en- 
cerrados en el estrecho espacio de un bote, 
de cuatro toneladas á lo sumo, han podido 
salvarse de la muerte, habiendo quedado 
ese bote completamente desmantelado, y 
tan agujerado por las balas, que minutos 
después, llevado á remolque hasta la bahía 
se hundía allí ! 

Al mismo tiempo que el General Riera 
se arrojaba al mar, botaba yo estos "A- 
puntes;" pero más felices ó más desgracia- 
dos que él, flotaron toda la noche sobre las 
olas, y al día siguiente los recogía en la 
orilla el General Orama García, para obse- 
quiar con ellos al Usurpador, como queda 
dicho en el prólogo. 

Voy á terminar con esta narración que 
ya se hace demasiado larga : remolcados 
luego hasta la bahía, El Marino, que á 
fuerza de bomba había podido mantenerse á 
flote hasta entonces, se hundió en las olas, 
y recogidos nosotros por el bote del Guarda 



ccxn 

Costa, fuimos conducidos hasta el muelle 
entre dos filas de bayonetas. 

Allí nos esperaba el General O rama 
García, Jefe de la guarnición. 

— Quién es usted?-me preguntó. 

— Soy el Doctor López Baralt, diputado 
por el Zulia, le contesté con orgullo. 

— Ah!-es usted el Doctor López Baralt; 
yo le conozco á usted; y dirigiéndose a. 
un oficial que tenía al lado, agregó: pónga- 
le un cabestro al señor. 

Tras esto me hizo la siguiente pregun- 
ta. 

Y usted-¿no sabe quién soy yo? 

La noche estaba tan oscura que no le 
veía la cara, habiéndole advertido lo cual 
me dio su nombre, con el recuerdo que hizo 
de haber estado una vez en el Hotel Saint 
— Amancl, á participarme que había sido 
nombrado por el Doctor Andueza Palacio, 
Jefe de la línea de Sinamaica. 

El hecho era cierto, y yo me aproveché 
de él para decirle: 

— Vea usted, general, así son las cosas; 
y, así és, sobre todo, la política: ayer se 
complacía usted en participarme su nom- 
bramiento, porque yo podía serle útil en 
Maracaibo, en donde dispongo de cierta 



CCXIII 

influencia, y hoy ordena usted ponerme 
un cabestro, como si yo fuera un criminal. . 
¡cosas de la política !-¡ qué se va á hacer! 

Pero apesar de la política, el cabestro 
no me lo pusieron, porque nadie en Tu- 
cacas quiso venderlo. ¡ Noble conducta, 
que me salvó de aquella humillación, y 
que nunca olvidaré ! 

, Al Doctor Leopoldo Baptista le dijo, 
igualmente, O rama García: 

— Usted doctor, se ha portado mal con 
el Doctor Andueza Palacio. ¿Se acuerda 
usted que en una ocasión le dio un vapor 
para que le trajera á usted hasta este puer- 
to? i Y ahora le hace usted la guerra ! 

— General, no me parece correcto que 
siendo yo su prisionero, se complazca us- 
ted en insultarme, le contestó Baptista. 

Orama García se excusó como pudo; 
y habiendo llegado ya el otro bote con el 
resto de los compañeros, dieron, á pocos 
momentos, con nuestros cansados y casi 
desnudos cuerpos en la cárcel, donde ha- 
biéndose apercibido el General de que yo 
estaba descalzo, me obsequió con un par de 
zapatos de los suyos, ya, más calmado de 
su enojo, y acaso vuelto á la razón de lo 
que son las cosas de nuestra política, que 



CCXIV 

mañana torna en amigos, á los enemigos 
de hoy, y vice-versa. 

La rapidez con que se precipitaron los 
acontecimientos revolucionarios en Tuca- 
cas, no dio tiempo á que Orama García y 
yo volviéramos á ser amigos, y una bala 
le arrebató la vida, menos de un mes des- 
pués, en circuntancias análogas á aquellas 
en que había pretendido hacerme perecer. 
No era Orama García, en mi concepto, un* 
mal hombre; era sí, un mozo malgeniado, 
un desequilibrado tal vez. 
. ¡ Véase, si no ! 

Hechos prisioneros á las once de la 
noche, á las tres de la mañana nos embar- 
caban ya, á bordo del vapor Tocuyo, para 
el Castillo Libertador. Temía Orama Gar- 
cía nuestra permanencia en Tucacas, movi- 
do como estaba el pueblo por el espíritu re- 
volucionario y la enemiga que le profesaban 
algunos de sus oficiales y parte de la tro- 
pa ; máxime, que su mejor Jefe era andino, 
y pariente muy cercano de uno de noso- 
tros, de todo lo cual pudimos darnos cuen- 
ta en las breves horas que pasamos en 
Tucacas. Si no lo hubiera hecho así, ten- 
go la convicción de que al día siguiente le 
habríamos amarrado nosotros. 



CC XV 



Pues bien, en el momento de em- 
barcarnos me dejó á mí en tierra, y lla- 
mándome aparte (creí que era para man- 
darme fusilar. Tenía motivos para creer- 
lo así: primero, porque el señor Juan Ri- 
vero á quien encontramos prisionero en la 
cárcel, con un par de grillos, oyó la orden 
comunicada por Orama García, al Jefe del 
Guarda- Costa para fusilarnos á tiempo de 
hacerse al mar á perseguirnos : segundo, 
porque en tierra también, un oficial, de 
cuyo nombre no quiero acordarme ahora, 
nos pedía con instancia para pasarnos por 
las armas) me recomendó como medio de 
liberación, que le escribiera una carta al 
Doctor Andueza Palacio ofreciéndole mis 
servicios, y desistiendo de seguirle ha- 
ciendo la guerra. 

— Le tomé la mano, y apretándosela 
le dije: agradezco la indicación, General, 
que me revela en usted el deseo de hacer- 
me un bien ; pero no puedo aceptarla. 

— ¿Por qué? me interrumpió, como 
extrañado. 

— Si yó le propusiera á usted que se 
pasara á las filas de la Revolución, ¿acep- 
taría usted, General? 

— Pero yo soy militar. 



CCXVI 

— Y yo soy un hombre de honor. 

No insistió, ni se desagradó; antes 
creo que le impresioné agradablemente. 
Orama García no era, pues, un mal hom- 
bre 

Noble y grande esfuerzo, en pro de 
nuestra causa, infructuosamente coronado, 
fue el nuestro en esta jornada; pero la san- 
gre corría ya á torrentes en el país, y el 
intento sólo de haber querido mezclar la 
nuestra á la de tantos valientes como caían 
en los campos de batalla, bastará en toda 
época para la tranquilidad de la conciencia, 
y, quizá, si acaso también, para la gloria 
de los que tal intentaron 



El Castillo Libertador. 

20 á 23 de Abril. 

Llegado que hube al Castillo Liberta- 
dor devolví al general Orama García los 
zapatos aquellos, con que me obsequiera 
en Tucacas. 

Por lo que hace á los Jefes, Coroneles 
Espejo y Leal, no puedo decir otra cosa 



CCXVII 

en su elogio, sino és, que á fuer de valien- 
tes militares que son, supieron ser enton- 
ces, con nosotros, modelos de caballerosos 
enemigos. 

También el señor Federico Escarrá, 
Jefe Civil de Puerto Cabello, que más 
tarde había de negar publicamente el com- 
promiso expontáneamente contraído por él 
en Caracas, con el doctor Leopoldo Bap- 
tista, y conmigo, para entregar la plaza 
de su mando y el Castillo Libertador, al 
señor General Joaquín Crespo, Jefe Su- 
premo de la Revolución, estuvo á visi- 
tarnos. 

Su sitio aparente tiene en estos "Apun- 
tes" la historia de tal negociado. Por el 
momento diré únicamente aquí, que en 
aquel día, vino el señor Escarrá á traerme 
una caja de tabacos, según estaba conve- 
nido, entre el y yo, hacer con aquel de los 
dos que cayese primero prisionero del res- 
pectivo bando enemigo. 

Yo lo era entonces y fuerza y placer 
era así, recibir de sus manos la deleitable 
especie. 

De su boca supe en ese día: la batalla 
de la Mocotí y la consiguiente dispersión 
" -28 — 



CCXVIII 

•de las fuerzas legalistas de Los Andes: el 
combate del Jueves Santo en el Palito: y 
la retirada del General José Félix Mora 
de sus posiciones de Morón, derrotado, al 
parecer, por Zuloaga. 

De todo lo cual infería el señor Escarrá, 
■que la revolución estaba perdida, y que 
nosotros los 46 firmantes de la Protesta del 
Congreso, habíamos cometido una solem- 
ne locura lanzándonos después á la guerra. 

Desconocía, por lo visto, el señor Es- 
carrá, que las revoluciones que sustentan 
principios radicales y se deben á evolucio- 
nes de ideas progresistas, no mueren nun- 
ca; y, antes t)ien, cobran en los desastres, 
mayores y nuevas fuerzas, para continuar 
tras aparentes paralizaciones, la obra em- 
pezada, y terminarla entonces real y defi- 
nitivamente. 

Esto es ley de la Historia; y preten- 
der así debelar esta clase de revoluciones, 
equivale á tratar de enterrarlos innúmeros 
rayos de luz, que desde el Sol, caen sobre 
la tierra, para fecundarla y embellecerla. 

Así tuve la franqueza de decirlo al se- 
ñor Escarrá y al coronel Espejo, que pa- 
recían hallarse muy complacidos con el 
¡mal estado de la Revolución en toda la 



CCXIX 

República para el veinte de Abril. Desde 
este día, hasta el veintidós por la noche es- 
tuvimos en el Castillo. 

El ruido sordo del mar, que trasmitido 
por la espesa muralla de la bóveda parecía 
venir desde muy lejos; el paso tardo y 
mesurado de las guardias; el incesante— 
¿quien vive?-de las centinelas, á objeto de 
que el sueño no las rindiera; y las dianas 
matinales, las más alegres y bien tocadas 
qué he oido en mi vida, distrajeron nues- 
tras horas de prisioneros, sin duda alguna 
menos tristes y penosas que las de los 47 
hombres de la guarnición, y las de otros 
tantos ó más presidiarios qucallí cumplían 
el no siempre acertado fallo de la justicia 
social. 

Entre aquel grupo de infelices, que nos 
regalaron varios chismes hechos de hueso 
y palo pintado, me pareció encontrar 
ejemplares de todas las clase admitidas 
por Emile Laurent; tales son: criminales 
por accidente-obrdi de circunstancias acci- 
dentales, fortuitas, que los impulsaran al 
crimen sin la participación de la voluntad. 
Cualquier hombre puede convertirse en 
criminal de esta clase cuando menos lo es- 
pera- criminales de ocasión', los hipócritas, 



ccxx 

¿en quienes el crimen está latente, y no es- 
pera sino una ocasión favorable para pro- 
ducirse— criminales por hábito: los que 
hacen el mal, casi naturalmente, como» 
ctros hacen el bien- degenera dos crimina- 
les: hereditarios de todas clases, epilépti- 
cos, histéricos, alcohólicos, débiles, neuró- 
patas de todas las especies-/tf¿w morales ó 
criminales natos: que cometen su crimen, 
con la fatalidad de la piedra que cáe-ena- 
genados criminales : que cometen un cri- 
men bajo la influencia de una idea, ó de 
una impulsión delirante. 

¿Y á tanta variedad de criminales será 
justo aplicar siempre la misma pena? 

¿No sería racional que los jueces ó ju- 
rados fuesen en su mayor parte hombres 
versados en antropología criminal, para 
establecer científicamente el grado de cri- 
minalidad que deba atribuirse á cada caso 
particular, y justicieramente entonces, el 
de la pena que le corresponde? Si tal su- 
cediera, tengo para mí, que muchos crimi- 
nales que cumplen su condena en el Casti- 
llo Libertador: unos con aire de bestias 
humanas: otros con el de locos de atar, 
serían puestos en libertad ó recluidos de 
otra manera. 



CCXXI 

El vapor "Libertador," su capitán Co- 
tarro, nos condujo á la Guaira bajo la in- 
mediata custodia del joven y bien educado 
capitán Uzlar; y al dia siguiente, veinti- 
trés de Abril, ingresábamos en la Rotunda 
con el carácter de prisioneros de guerra, 
bajo las inmediatas órdenes del Ministro 
del ramo, que lo era entonces el señor Ge- 
neral Julio Sarria. 

Este nombre trae á mi memoria la con- 
versación que tuve abordo del vapor con 
algunos de los oficiales, que me reveló, en 
parte, la actitud asumida por el Ejército en 
apoyo del Continuismo. — Creía la oficiali- 
dad que nosotros los 46 habíamos recha- 
zado de la terna, propuesta por el Doctor 
Andueza Palacio, en la célebre fórmula de 
transación, de que he hablado más atrás, 
•el nombre del señor General Sarria; lo 
cual es completamente inexacto, pues el 
Doctor Andueza Palacio no indicó nunca 
•esa terna, que á haberla indicado se le ha- 
bría dividido el grupo que apoyó sus pre- 
tensiones en el Congreso. 

Haciendo correr en el Ejército tan falsa 
noticia, logró conquistarse las simpatías 
en gran parte de su oficialidad, hechura 
como era ésta del referido Ministro. Per 



CCXXII 

supuesto que esto sólo no explica la acti- 
tud del Ejército; pero sí debió concurrir 
á decidirlo el erróneamente resentido espí- 
ritu de su Jefe. 

Cito dos nombres más y termino esta 
página. 

El de la señora Timer de Baptista, que 
en el andén del Ferro-carril de Caracas, 
atravesó la fila de soldados que nos cus- 
todiaba, y so pretesto de saludar al señor 
General Rafael Linares, dejó en sus manos 
un papelito hábilmente arrollado, en el 
cual estaba escrito el modo cómo los ami- 
gos de la Capital pensaban comuicarse 
con nosotros en la Rotunda. El medio, que 
era muy sencillo, y consistía en envolver 
uno de los clavos del cajón en que nos 
enviaban las comidas, con el papel de no- 
ticias, surtió su efecto, y cuando al resto de 
los compañeros le cogían la corresponden- 
cia que les venía de fuera, la nuestra no 
sufrió percance alguno en los dos meses 
que estuvimos en la Rotunda. 

El otro nombre es el del señor Agus- 
tín Valarino, que, fuera ya del andén, y en 
marcha para la Rotunda, se apeó de su 
coche, y me lo ofreció galante y valero- 
samente. 



CCXX1II 

Al través de los años los incidentes más 
pequeños suelen dar luz suficiente para for- 
mar idea cabal, de los hombres y de las 
cosas, que figuraron en una revolución, 
cuya historia trate de escribirse. 

Los dos rasgos que acabo de citar, de 
la señora Baptista y del señor Valarino, 
/ne parecen, así, llamados á atestiguar, que 
el espíritu revolucionario en Caracas para 
el 23 de Abril de 1892, había llegado á su 
máximun. 

Por esta razón los he citado. 



I^A ROTUNDA. 

23 de Abril á 17 de Junio. 

La Rotunda es el edificio, cuya forma 
le da nombre, aplicado en Caracas á servir 
de cárcel pública. 

Allí se encierra indistintamente á los 
procesados de delitos comunes, y á los sos- 
pechosos políticos 

No es el ergástulo romano; pero tam- 
poco es la Saint- Pelagie de París. 

Sin grandes peligros para la salud po- 
dría contener hasta doscientas cincuenta 
personas. 



CCXXIV 

Nosotros eramos casi cuatrocientos; y, 
sinembargo, con excepción del general 
Carabaño, y del joven Velarde, el valiente 
contador del vapor Libertador, que pro- 
testó de su firma puesta inconsultamente 
al pie de una manifestación continuista, y 
pagó su valentía con tres meses de grillos, 
ningún otro, que yo recuerde, fue sacado 
de allí para el Hospital verdaderamente* 
enfermo. 

Aire confinado, más ó menos viciado por 
la respiración de tantas personas reunidas, 
y las emanaciones de las cloacas y excu- 
sados rara vez aseados. 

Incomodidades y disgustos concernien- 
tes á la vida en conjunto y sin separación 
alguna, de hombres, á quienes, si bien 
une la afinidad de causa política, en cam- 
bio separan, naturalmente, diferencias no- 
tables de educación y condición social. 

El registrarlo á uno, del pie al pelo, en 
la Alcaldía, á la entrada, quitándole los 
papeles, el dinero y las joyas valiosas, en 
calidad de depósito. 

Y luego, el acceso al entierro al través 
del buzón, donde se deja al pasar toda dig- 
nidad y orgullo humanos, y toda compos- 
tura en el traje. 



ccxxv 

Y la inspección diaria de las comidas 
y bebidas, por manos que no siempre ha- 
cen paces con el jabón y el cepillo, y, que 
además las desmenuzan y agotan. 

Y la revista dos y más veces al día y 
á la, noche, corrido el número, de pie, y 
en fila, con la espada del oficial de guar- 
dia delante de los ojos, blandida en oca- 
siones con mano airada en presencia del 
Alcalde, que, por una sonrisa en los labios, 
suele tener diez ceños amenazantes en la 
gente. 

Y á la hora menos esperada, porque 
el Gobierno recibió una mala noticia de 
la guerra, ó se teme un complot urbano 
de acuerdo con los presos, ó por la muerte 
de César, un nuevo registro de la persona, 
del lecho, del las piezas del vestido, de los 
enseres de uso ordinario, con el aditamen- 
to del insulto procaz, de los grillos marti- 
rizantes, ó del cambio de calabozo para 
otro peor. 

Y el llamado, vespertino, y á gritos, 
á recibir el bolívar de ración, que no 
siempre se recibe, y cuando así sucede es 
para quedarse ahí mismo cambiado por 
cigarrillos ó tabacos, en la pulpería del 

— 23 — 



CCXXVI 

'establecimiento, ó regalado al ordenanza 
en pago de cualquier servicio á tiempo. 

Y la ausencia de toda comunicación 
fácil con el exterior, pero no imposible, 
por medios variados, que todo el que ha 
estado algún tiempo preso conoce á fondo. 

Y el marcado interés, en fin, con que 
los alcaldes, los ordenanzas y los cabos de 
presos, escojidos estos últimos entre los 
criminales, dan siempre las malas noticias, 
y callan las buenas. 

Por lo demás, se puede hablar en voz 
alta, de histeria, geografía, matemáticas 
&? leer, cantar, silvar, fumar, y hasta ju- 
gar las cartas, los dados, el ajedrez, el do- 
minó, la pelota, y las damas. 

No obstante todas estas comodidades y 
distracciones, que ofrece la Rotunda á los 
presos políticos, el señor Doctor Agustín 
Aveledo quiso destruirla una vez y aun 
creo que la destruyó en parte. 

Sus razones tendría para ello el gran 
filántropo venezolano. 

¿Fué temor de volver allí algún dia? 
¿Osería para evitar que los carceleros de 
ayer, fuesen los encarcelados de mañana? 1 

Lo primero es egoísmo. 

Lo segundo es altruismo. 



CCXXVII 

Siempre ha pensado el Doctor Avele-. 
do más en los otros que en sí mismo. 

De aquí que en lugar de estar en la 
Casa Amarilla, esté en el Asilo de Huér- 
fanos. 

¡Hombre inmejorable! 

¡Político idealista! 



De los días pasados en La Rotunda, 
tres, sobre todo, han dejado en mi espíritu 
indelebles recuerdos. 

Los días 8, 13 y 17 de junio. 

Sabíamos por algunos presos recien 
entrados, entre ellos el señor Bethencourt, 
de grata recordación, que la noche del 7 
estaba señalada para la salida de Caracas 
de los señores Generales Martín Vega, Ra- 
món Ayala y José García. — Llegó la noche 
y yá nos esperanzábamos con ía idea de 
que hubieran podido burlar la vigilancia 
cíe las alcabalas, y hallarse á suficiente 
distancia de Caracas, cuando de súbito un 
primer cohete, que partió de la Plaza de 
Santa Rosalía, hendió el aire, y, tras ese, 
otro y otros estallaron con emocionador 
estrépito. Algunos minutos más pasaron, 
y los cohetes estallaban en el patio mis- 



CCXXVIII 

mo de La Rotunda y en todo Caracas, 
acompañados de repiques de campanas y 
vítores al Gobierno. — ¿Qué pasaba? 

No podíamos saberlo. — La primera idea 
que nos vino á la mente fue la de que los 
referidos amigos habían sido aprehendi- 
dos por la policía del Maupas de la época, 
el General Domingo Carvajal; pero pron- 
to salimos de la angustiosa incertidumbre 
en que estábamos para caer en una mayor: 
nada se decía referente á ellos; pero en 
cambio se nos habló de la captura del 
General Crespo, después de un sangrien- 
to combate, cogido entre dos fuegos por 
las fuerzas de Narciso Rangel y las de 
Alejandro Ibarra, en las Sabanas de Ca- 
rabobo. En realidad no había otra cosa 
sino el placer con que el Gobierno de Ca- 
racas supo por telegrama de Ibarra, que 
las fuerzas de Rangel, á quien suponía en- 
tendido con el Jefe Supremo de la Revo- 
lución, habían entrado al fin á Valencia, 
después de largos días de espera, para 
obrar en combinación con Ibarra. Se sa- 
be que la combinación no tuvo lugar : ¡ba- 
rra se metió en Caracas, habiendo podido 
ser destrozado en el camino; Rangel se 
quedó en Valencia, donde había de capi- 



CCXX1X 

tular más tarde, y el General Crespo le- 
vantó su campo de Carabobo para caer 
sobre Villa de Cura, y tomarlo el 9 de 
junio. Pero por el momento la noticia 
causó el mal efecto que debía causar en 
nosotros; y yo y otros la creímos — . . . . 
Qué noche! Muchas de penosa expecta- 
tiva, y de sinsabores de todo género le 
debo á la Revolución; pero ninguna como 
aquélla en que la pretendida captura del 
General Crespo apareció á nuestros ojos 
como el término de la Revolución Lega- 
lista. Vino el día, y con él nuestro cons- 
tante papel de noticias, que disipó toda 
duda en el particular. 

Es inexplicable cómo, apesar de ser 
las ideas hijas del medio en que se vive, y 
depender de las preocupaciones, los inte- 
reses, las pasiones, la educación y la ins- 
trucción, susceptibles por tanto de modi- 
ficarse, el espíritu humano se emancipa con 
dificultad de las que despiertan en él cier- 
tas influencias exteriores, que nada signi- 
fican por sí mismas, pero que yá una vez le 
impresionaron, y á las cuales atribuye, sin 
poderlo evitar, forma, colorido, significa- 
ción precisa, é inmensa trascendencia. 
Muchas ideas estrafalarias á las que nada 



ccxxx 

corresponde en la realidad, son así inspi- 
radas por la vista de un bandera que fla- 
mea al viento, de un repique de campanas, 
de detonaciones 

Y son las ideas políticas y las morales, 
aquellas de las cuales el hombre se des- 
prende, según Donat, más difícilmente. 
Puede que la taxinómia humana, ayudada 
del estudio de la evolución psíquica, dé ex- 
plicación satisfactoria del fenómeno moral 
á que me refiero, y del cual, el hombre, 
mejor preparado para la lucha por la exis- 
tencia, puede ser víctima cuando menos lo 
espere. Balmes habrá escrito así en balde 
que los sentidos no deben emplearse pre- 
venidos, y deben asociarse, para que no 
nos engañen en la indagación de la ver- 
dad; pues probablemente lo que hay de 
cierto en el fondo del asunto, es un resto 
fatal, atávico, poco esclarecido aún. Yo 
me dejé sorprender como muchos de mis 
compañeros aquella noche, no obstante co- 
nocer profundamente la mala fé de los 
hombres de la Usurpación; y con seguri- 
dad, que fueron las detonaciones de los 
cohetes, los vítores y los repiques lejanos, 
los ajentes de nuestro engaño. 

El 13 de Junio fue también día de zo- 



CCXXXI 

zobra, y de gran peligro para los presos 
de La Rotunda. Nada sabíamos de lo 
que estaba pasando en las calles, pero el 
hecho de habernos encerrado desde por 
la mañana, con una guardia de vista, ar- 
mada de rémington y en actitud de hacer- 
nos fuego al través de los barrotes de hie- 
rro del rastrillo, nos advirtió de que algo 
extraño y grave acontecía en la ciudad. 
Ello era que el pueblo de Caracas alenta- 
do por falsas promesas del General Do- 
mingo Monagas, al parecer, se había dado 
cita en las plazas públicas, y en número de 
ocho á diez mil personas paseaba las calles, 
pidiendo la libertad de los presos, en me- 
dio de vivas á la revolución y al General 
Crespo. Y fuese lamentable imprudencia 
en haber sacado de los cuarteles en aquel 
día una fuerza veterana, fuese premeditada 
maldad, el hecho es que á poco andaba á 
tiros con el pueblo, y caían muertas y he- 
ridas de seis á ocho personas. La opinión 
pública acusa generalmente al General 
Leopoldo Sarria, de haberle dado á la tro- 
pa la voz de fuego. Otros aseguran que él, 
por el contrario, arriesgó su vida tratando 
de impedir el desastre. Ni entonces, ni 
después pude averiguar la verdad de lo 



CCXXXII 

ocurrido; así es que me limito á consignar 
aquí estos díceres contradictorios. 

Tres días más debíamos pasar toda- 
vía en la Rotunda, y el 1 7 por la mañana, 
en fin, una hora después de haber salido 
de Caracas para el extranjero el Usurpa- 
dor, se abrieron para nosotros las puertas 
de la prisión. El pueblo nos esperaba á 
la salida y nos vitoreó al pasar. Desde el 
Congreso del 91 había empezado mi lu- 
cha contra el Continuismo, y aunque apa- 
rentemente terminaba en aquel dia, aun 
debía continuar bajo una nueva faz. 
Aquellos vítores resonaron pues en mi al- 
ma, como el eco de la voz de todo un pue- 
blo agradecido, que á la vez me estimulaba 
á continuar adelante 



PAGINA FINAL. 

A mi salida de la Rotunda, el aspecto 
de la ciudad había cambiado por comple- 
to, todo el mundo se esperanzaba ya con 
la terminación de la guerra y la próxima 
reunión del Congreso, y públicamente se 
hablaba de los últimos alzamientos en fa- 
vor de la Revolución, de las victorias al- 
canzadas por los Jefes en armas, y tam- 



CCXXXI1I 

bien de alguno que otro desastre, como la 
pérdida de Los Andes, y el combate de 
Bejuma, ilustrado por la muerte heroica de 
Calzadilla Paredes y la de Balaustrén.— En 
ese combate estuvieron fieles á la cita del 
patriotismo: los Vera-Peñalver, los Mon- 
tenegro Pedro y Julio, los Rodríguez, los 
Matute, los Bonet, y otros muchos héroes 
*carabobeños que siento no recordar ahora.— 
Zuloaga, vencedor, había fusilado además 
á Zerpa Pinto, diz que por connivencias tar- 
días con los revolucionarios. El combate de 
Jobo Mocho, tumba del prestigio militar 
de Casañas y fin de su predominio político, 
dirigido en persona por el General Crespo, 
y donde tanto se distinguieron los Docto- 
res Pietri y Núñez, etc, había tenido lugar, 
y se celebraba, falsamente, como un triunfo 
del Gobierno, (fecha 10 de Mayo?) 

Leoncio Quintana y Wenceslao Casa- 
do, alzados el 3 ó el 4 de Junio, habían to- 
mado Ocumare del Tú y el 7, después de 
la brillante defensa que hiciera de esta pla- 
za el Coronel Orihuela. 

El anhelado alzamiento de Víctor Ro- 
dríguez, se había, al fin, verificado, creo que 
con fecha 9, también de Junio;-y según 
— 30 — 



CCXXXIV 

entiendo, para el 2 de Abril, se había libra- 
do ya el combate de Las Bendiciones, di- 
rigido por González Gil. Pirela Sutil, en 
Puerto Cabello, había proclamado igual- 
mente la Legalidad desde Abril; y el Ge- 
neral Antonio Fernández, alzado desde el 
1 7 del mismo mes, en el sitio denominado 
Las Tejerías, se había incorporado al Ge- 
neral Ramón Guerra, enfrentado á Nar- 
ciso Rangel en San Casimiro, para con-* 
currir con aquel Jefe renombrado, y con 
sobrada razón, entre los más notables ada- 
lides de la Revolución, á la toma de Cala- 
bozo, que tuvo lugar el 5 de Mayo. El 16 
salía el Ejército revolucionario de esta pla- 
za con dirección á Cojedes, se detenía dos 
días en El Rastro y otros dos en El To- 
tumo, y de allí pasaba al Pao de San Juan 
Bautista, á donde llegaba á los seis días, 
después de haber sufrido mucho á causa de 
los frecuentes aguaceros del camino y de 
la multitud de caños crecidos que tuvo que 
atravesar. Dos días más permaneció el 
Ejército en este último lugar, y de allí sa- 
lió, por fin, con dirección hacia las Sa- 
banas de Carabobo, á donde llegó tres días 
más tarde, y, en donde permaneció cuatro 
más, siguiendo á Alto Uzlar en donde fué 



ccxxxv 

puesto en fuga el General Fernando Ar- 
velo, para pasar luego al pueblo de Tocu- 
yito, de allí regresar á Alto Uzlar á elaborar 
pertrecho y presentarse cinco días después 
frente á Valencia en el Alto de las Monjas, 
cerca de Mucuraparo, permaneciendo aquí 
otros tres días más, hasta que convencido 
el General Crespo de que las fuerzas del 
Gobierno encerradas en Valencia no sal- 
arían á pelearlo, dispuso que el Ejército 
desfilase por el camino de Güigüe para 
atacar la plaza de Villa de Cura, que fue 
tomada el 9 de Junio, después de tres horas 
de pelea, habiendo sido Jefe de vanguar- 
dia en esta cruzada el General Antonio 
Fernández-y quedando prisionero el Jefe 
que la defendía General Jacobo Roth, con 
la circunstancia de haber tenido que librar 
ese mismo día otro combate el Ejército de 
la Revolución en la Sabana de Los Colo- 
rados, contra el General Elias González, que 
acudía ya tarde en auxilio de Roth, y que 
fue igualmente batido y hecho prisionero.- 
De Villa de Cura, pasó el Ejército dos días 
más tarde á San Sebastián, de ahí á San 
Casimiro y por último á Cúa, á donde había 
yode encontrarlo el 19 de Junio en la no- 
che. No había tratado antes al General 



CCXXXVI 

Crespo; y era, así, la primera vez que le 
veía, pareciéndome, al abrazarlo en la os- 
curidad de un zaguán de Cúa, que por fin 
estrechaba entre mis brazos la idea revolu- 
cionaria, personificada en aquel hombre, y 
convertida ya en un hecho realizado. 

Llevábame á su lado, siendo el Gene- 
ral Francisco Casas y yo los primeros Di- 
putados, que se incorporaban al Ejército,* 
no obstante todo lo que había hecho 
ya en pro de la Revolución, junto con 
el deseo de compartir con él y demás Je- 
fes y soldados legalistas los peligros de la 
campaña que aun faltara por hacer, poner 
en conocimiento del Jefe Supremo de la 
Revolución, que el señor Federico Escarrá, 
como ya lo dejo insinuado mas atrás, le 
ofrecía por mi órgano y el del doctor Leo- 
poldo Baptista, la plaza y el castillo de 
Puerto Cabello. Fue el 18 de Junio en 
la noche, que el señor Escarrá se acercó 
á mí en el Gran Hotel, y empezando por 
pedirme consejo acerca de la conflictiva 
situación en que lo había dejado la fuga 
inopinada del doctor Andueza Palacio, ter- 
minó por darme la referida comisión. 

Advertí al señor Escarrá, que, en mi con- 
cepto, no bastaba su buena disposición en 



CCXXXVII 

■el particular, sino que se necesitaba además 
que se encontrara en actitud de poder lle- 
var á cabo compromiso tan grave como el 
•que contraía en aquel instante-; á lo cual 
contestó, que él tenía influencia decisiva 
.sobre la fuerza que custodiaba la plaza, lo 
mismo que sobre la guarnición del Casti- 
llo, y que un hombre de honor, como él lo 
•>era, no se comprometía á la ligera, para 
luego verse en la imposibilidad de cumplir 
lo ofrecido, y quedar, así, mal. — No insistí 
más; y confieso que salí de Caracas con 
la intención de no hablar seriamente al 
General Crespo del asunto; pero en el ca- 
mino se me ocurrió hablar al doctor Baptis- 
ta de la comisión de Escarrá, y este me dijo 
entonces: eso debe ser serio, pues, anoche, 
estuvo en mi cuarto á darme idéntico en- 
cargo para el General Crespo. — Así las 
cosas, lo primero que hicimos al llegar á 
Cúa, fue poner en conocimiento del Jefe 
Supremo de la Revolución el propósito de 
Escarrá, y al día siguiente era despachado 
el doctor Baptista para Carabobo con car- 
ta nuestra y del General Crespo, recaban- 
do el cumplimiento, de lo que por mas que 
dijera después el señor Escarrá, en carta 
pública, fue formalísima y espontánea ofer- 



CCXXXVIII 

ta de su parte. El público conoce el final 
de este desagradable asunto, y, yo no ten- 
go para que hablar mas de él-restándome 
sólo declarar aquí, que en la publicación 
que hizo el señor Escarrá, desmintiéndo- 
nos, á Baptista y á mí, silenció nuestra car- 
ta,-y, que, por último, el dio á Baptista per- 
sonalmente en Puerto Cabello, cuando le 
enrostraba su falta de seriedad, explicacio- 
nes que revelaban, que si no estaba dispues- 
to á cumplir su compromiso, era porque, 
en descubierto su propósito, tenía que optar 
entre ser infiel á sus banderas, ó infiel á 
su palabra, y optaba por lo segundo. . . . 

De Cúa, el Ejército de la Revolución 
vino á escalonarse, en una extensión de más 
de seis leguas, desde el Alto de Paraparo 
hasta más abajo de la Cortada del Guayabo, 
en donde quedaron destacados: los Genera- 
les Antonio Fernández, sobre la carretera 
de Caracas-Víctor Rodríguez, en San Die- 
go, con Francisco Uzcátegui— y Martín Ve- 
ga, en Boquerón. -Los Generales Ramón 
Guerra, Tomás A. Carvallo, y Elias Rodrí- 
guez, ocuparon Los Ocumitos-y Leoncio 
Quintana y Wenceslao Casado, Los Anáu- 
cos. — En estos puntos estuvo el Ejercito 
hasta el 30 de Junio en la tarde, día en 



CCXXXIX 

que á consecuencia del pérfido ataque lla- 
mado de Boquerón, en el cual Antonio Fer- 
nández fue el héroe vencedor, y Martín Ve- 
ga el héroe vencido— tuvo que retirarse, por 
tres distintas vías, el i?de Julio en la no- 
che, para tomar seguidamente La Victoria- 
destrozar á Zuloaga, en la segunda y deci- 
siva victoria de Villa de Cura-apoderarse 
de Valencia y Puerto Cabello-y entrar, 
por fin, triunfante á Caracas, el 6 de Octu- 
bre de 1892, después de casi diez meses 
de ruda y gloriosa campaña. 

Entre tanto en Caracas, se hacía una 
segunda é infructuosa tentativa para la reu- 
nión del Congreso-José Manuel Hernán- 
dez, el héroe de Orocopiche tomaba Gua- 
yana-León Colina, desbarataba en Coro 
la Liga de Occidente-en el Zulia, se batían 
Hermócrates Parra, Pro. J. M. Zuleta y 
Baudilio Gutiérrez, contra Tinedo Velaz- 
co, etc, y en el ejercicio del Poder usurpa- 
dor en Caracas, se sucedían Guillermo Tell 
Villegas y Guillermo Villegas Pulido. 

Habiéndome propuesto dar únicamen- 
te en estos "Apuntes" una idea, más ó me- 
nos clara, de las causas del Golpe de Esta- 
do y sus inmediatas consecuencias, sus- 
pendo aquí la pluma, siendo extraño á mi 



CCXL 

propósito entrar, por ahora, en detalles y 
apreciaciones, acerca de lo que, muy bien, 
pudiera llamarse la faz militar de la Revo- 
lución Legalista. 

Digna de profundo, imparcial y cuida- 
doso estudio es también esta época, en la 
cual, de la una y de la otra parte en el 
seno de la misma Revolución, hay errores 
y faltas que censurar y virtudes y aciertos 
qué aplaudir! Pero-¿ quién sería el histo- 
riador que pudiera abordar con feliz éxito 
y enseñanza provechosa, al par que con 
verdad, justicia y equidad, la ardua tarea 
de escribir hoy esa segunda faz de una 
Revolución, que aun no se puede dar por 
terminada, y de la cual puede resultar to- 
davía mucho bien para el progreso y la 
civilización de la Patria ; sin que su fallo 
pueda ser tachado de extemporáneo, y no 
ser otra cosa sino la expresión de un modo 
de pensar puramente personal, máxime si 
el historiador se mezcló en los aconteci- 
mientos que constituyen el fondo histórico 
de esa segunda faz, ya para prestarle su 
apoyo, ya para permanecer fiel á los idea- 
les que informaron el primitivo credo de 
la Revolución? 

La Historia es, empero, la narración ve- 



CCXLI 

rídica de los acontecimientos pasados, y 
para que tal sea, hay que verla de cerca, 
como alguien ha dicho, y escribirla de lejos; 
y si para juzgar los actos ágenos con im- 
parcialidad y claro criterio, se necesita ser 
de condición moral muy privilegiada, para 
sentenciar acerca de los propios, es nece- 
sario estar dotado de virtudes cuasi-divinas. 

' Yo que acabo de narrar en estas mal 
pergeñadas páginas, cuanto á la primera 
época se refiere, en el sentido de arrojar 
suficiente luz sobre las causas y conse- 
cuencias inmediatas del crimen de Marzo,, 
permitiéndome además juicios que consi- 
dero justos y bien encaminados, acerca de 
varios notables hombres del continuismo, y 
que por lo que respecta á mi condición de 
revolucionario, fui de los diputados que 
concurrieron á la segunda y también fra- 
guada reunión del Congreso, en Julio de 
1892, me considero moralmente compro- 
metido á historiar la segunda faz de la Re- 
volución, con vista de los hechos consuma- 
dos, y estudio de sus causas y de sus hom- 
bres, igualmente; aunque para hacerlo, 
tenga yo mismo que comparecer en juicio, 

-31— 



CCXLII 

y asumir el grado de responsabilidad que 
en ella me corresponda. 

De otra suerte, todo lo que dejo escrito 
podría ser tachado de apasionado y falso, y 
hasta deducirse que hubo razón para que el 
Doctor Andueza Palacio se alzara con el 
Poder, lanzando al país en la guerra civil ; 
lo que yo no puedo aceptar, por honra de 
la Revolución, y por mi propio decoro. 

Es casi una ley de la Historia que las 
Revoluciones, aún las más justificadas y 
honestas, han tenido un momento histórico 
en que arrastradas, ora por la fuerza de 
las circunstancias creadas por ellas mismas 
durante la lucha, ora por obra de evolucio- 
nes verificadas en el seno de la causa que 
combatían, se han visto en la forzosa ne- 
cesidad de modificar y hasta de cambiar 
por completo el programa político, que, á 
manera de lema de universal aceptación, 
inscribieran un día en su bandera de com- 
bate. 

¿Se encontró la Revolución Legalista 
en ese punto, en que las revoluciones llegan 
á desconocerse á sí mismas, y como Satur- 
no, devoran á sus propios hijos? He aquí 
lo que el historiador que se ocupe de escri- 
bir la segunda faz de la Revolución, cuando 



CCXLIII 

ya el Congreso había muerto hasta en el 
ánimo de mucho senadores y diputados le- 
galistas, ha de poner muy en claro ; pues, de 
lo contrario, nada habría ganado el pue- 
blo de Venezuela con haber hecho la más 
grande y noble de las revoluciones que re- 
gistran sus anales públicos; y, en general, 
habría siempre motivo para hacer á cada 
instante una nueva revolución en el país. 
Necesario es, así, pues, que el convenci- 
miento entre al ánimo de los amigos y de los 
enemigos; y esto se consigue; historiando, 
con calma, más tarde, los sucesos; y los que 
más obligados están á ello, son, precisa- 
mente, los que, como yo, han atribuido pú- 
blicamente á sus contrarios, todas las res- 
ponsabilidades de la guerra que acaba de 
pasar. 

Factor, como muchos otros, de la Re- 
volución Legalista en Venezuela, que nun- 
ca me arrepentiré de haber servido aun con 
riesgo de mi vida y pérdida de todos mis 
intereses, he querido ser también historia- 
dor del Golpe de Estado, y lo he hecho en 
el tono de una censura que no siempre se ha 
contenido en los límites de la severidad 
histórica, para dar lugar á una que otra 
apreciación de carácter personal, lo cual 



CCXLIV 

se explica, por haber escrito yo estos Apun- 
tes en los días de la lucha, cuando el es- 
pectáculo de la inmensa catástrofe del con- 
tinuismo me sobre- excitaba á cada instan- 
te el ánimo "con la noticia de alguna nueva 
desgracia, agena ó propia. ¿ Cómo podría, 
pues, excusarme, con tales antecedentes, 
de decir también á la Posteridad y á la His- 
toria, en época mas propicia, lo que yo sé 
acerca de puntos controvertidos en la His- 
toria de la Revolución Legalista, cuándo 
diciéndolo, la habría hecho ganar en cré- 
dito á los ojos de propios y de extraños, y 
esa Revolución aparecería siempre justi- 
ficada, útil, trascendental y grande, aun en 
medio de los errores que haya podido co- 
meter; y, donde yo no pudiera ser defen- 
sor, no sería tampoco detractor de ninguno 
de sus hombres? 

Pero lo repito, cualquier fallo, sería 
hoy extemporáneo ; y no se puede pronun- 
ciar todavía. 

Mayo de 1893.